Una tierna crítica a la vida

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Naomi Kawase nos sorprende con su película Aguas Tranquilas, en la que se ponen de manifiesto todos los sentimientos humanos cuando la vida nos presenta las diferentes situaciones a las que nos tenemos que enfrentar. Llegará a nuestros cines el próximo 10 de Abril.

Amami-Oshima es una isla japonesa en la que sus habitantes pasan el tiempo en serenidad, donde las tradiciones con la naturaleza son algo ancestral. Una noche, mientras los lugareños realizan la vieja danza de la luna llena del mes de Agosto, un chico de 16 años llamado Kaito (Nijiro Murakami) encuentra un cadáver flotando en el mar. Éste no se queda tranquilo con lo que ha visto y su amiga Kyoko (Jun Yoshinaga) le ayudará a resolver el misterio. Para ello llegarán a multitud de conclusiones en las que aprenderán el significado del amor, la vida o la muerte.

Una escena de la película
Una escena de la película

En este filme lo más importante es que se ha llegado más allá de lo que son las situaciones cotidianas de la vida: a todo lo que sucede se le da mucha importancia, trascendiendo desde el principio al final de la cinta, cada palabra tiene su significado. Por ello, la película puede llegar a ser extremadamente lenta en algunos momentos, en los que demasiadas explicaciones no son tan necesarias como para llegar a entender el contexto del que se está hablando en la escena. Nos encontramos ante cinta filosófica que trata sobre las tribulaciones humanas, y que tiene puntos positivos y negativos: lo mejor es que se muestra de manera diferente y divertida, donde se detecta cierto sarcasmo y algunas bromas que pueden aportar fluidez al discurso. Lo peor es su profundidad no será del agrado de todos los espectadores, destinada a un público más minoritario.

Sin embargo, sí que hay que destacar excepcionalidad de la fotografía, lo que le hace ganar algunos puntos: paisajes verdes que indican bienestar, belleza… o la fuerza de las olas del mar que nos recuerda lo inmenso que es. Así mismo, se observan imágenes de los habitantes del pueblo o ciudadanos de Tokio, que muestra al público a Japón en todo su esplendor. La mezcla de modernidad con naturaleza despierta curiosidad al que lo ve.

Los actores no destacan en su trabajo por ser los mejores, pero lo hacen lo suficientemente bien como para que el espectador crea que es una historia como cualquier otra y que los personajes están realmente sintiendo lo que le ocurre a quien interpretan. Dependiendo del tipo de espectador, puede llegar a crear cierto debate después de haberla visto.

En general, es un filme que puede emocionar o decepcionar, pero no deja indiferente a nadie.

Imágenes: Good Films.

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