¡Tras la huella de un enigma desternillante!

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         ¿Crees realmente que una novela negra puede narrarse con humor? Julio Muñoz Gijón así lo cree y, por ello, quiere demostrárselo a todo el mundo. La nueva entrega de este autor sevillano ha llegado por fin a nuestras librerías. En su línea, él nos demuestra que no es oro todo lo que reluce y que no siempre debemos fiarnos de todo lo que nos cuentan.

     El misterio que quiere descubrirnos El Paseo editorial incluye el barrio sevillano conocido como Triana como punto central de la obra. El inspector Jiménez se encuentra en una situación que no le gusta nada, pero pronto tendrá que enfrentarse a un caso en el que, junto con Villanueva, deberán resolver una incógnita guardada desde hace muchísimos años. ¿Dónde nació Jesucristo? ¿Realmente fue en Belén o es una mentira creada por los altos mandos del Vaticano? ¿Y si alguien ha descubierto el secreto mejor guardado de toda la historia de la humanidad? Todas estas cuestiones serán respondidas a través de la trepidante aventura de estos inspectores de policía.

     Una de las características más reseñables de las novelas de Julio Muñoz Gijón es la perspectiva desde la que enfoca una novela policíaca. Este tipo de novelas siempre se asocian con asesinos siniestros, astutos y rigurosos, y con agentes de policía sumamente expertos en su trabajo que poseen grandes mentes capaces de enfrentarse a cualquier tipo de psicópata. Este no es el caso. El autor ha roto estos estereotipos presentándonos una visión cómica e, incluso, irónica de una novela negra. Aun así, no ha permitido que la risa fuese el principal centro de atención de este libro. La tensión y la intriga siguen estando presentes a través de fuertes pulsiones que mantienen al lector en vilo como cualquier obra de este género.

     A través de un estilo sencillo y rápido consigue enganchar al lector desde la primera línea. La estructura de la obra resulta de gran ayuda para ello, ya que intercala capítulos cortos con imágenes interesantes. Considero que la perfilación de la personalidad de cada personaje es lo más complicado en el proceso de escritura, pero Muñoz destaca la diferencia entre estos de una manera comprensible. El registro, más vulgar o más culto, de cada uno de ellos permite conformar su perfil aportándoles un rasgo caracterizador. Además, creo que la mezcla de dos lenguas le permite jugar con el sentido de las palabras, siendo sumamente interesante.

     A su vez, podemos observar, no solo a través de los personajes, sino también a través de las referencias a la tradición sevillana, cómo se presenta la ciudad con gran rigurosidad y devoción. En este caso, no solo la historia en sí constituye una incógnita, sino que también el nombre del barrio, Triana, tiene tras de sí muchas teorías relacionadas con emperadores hispanos y mitología griega, que no acaban de aclarar el verdadero origen del nombre. Por ello, considero apropiada la elección de esta zona de Sevilla por la relación velada entre el espacio y la temática.

Por consiguiente, en El enigma del evangelio «Triana» nos encontramos ante una obra que resulta de gran interés para los amantes de la comedia y del thriller. Aunque la estructura externa sea clara, no nos engañemos: en su interior se encuentran muchos aspectos complejos y misteriosos que nos permitirán adentrarnos en un mundo oscuro donde descubriremos que no todo es lo que parece ni todos lo que dicen ser. Ante nosotros se presenta un enigma en un barrio de nombre enigmático.

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