‘Tan poca vida’: análisis del dolor y del amor

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Tan poca vida narra las aventuras y desventuras de cuatro jóvenes (Jude, Willem, J.B. y Malcolm) en Nueva York a lo largo de tres décadas, aunque realmente Hanya Yanagihara se centrará principalmente en un personaje, el de Jude, en el que recaerá el protagonismo de la novela. No obstante, la autora tratará con brillantez temas como la amistad y el amor en una ciudad que es testigo de las alegrías y los quebrantos de estos chicos que intentan ascender social y laboralmente. Celebramos que la editorial Lumen nos haya traído a España la obra que ha sido finalista de los premios National Book Award y Man Booker Prize y que ha cosechado gran éxito internacional.

En estos años en los que he devorado novelas, me resulta extraño que algunos personajes sigan rondando en mi cabeza tras haber terminado el volumen. Eso solamente ocurre con los que te impactan, con los que te llegan de verdad, arrancando algo de ti en cada página. La obra de Hanya Yanagihara me ha acompañado durante un mes, pero algunos de esos chicos continúan conmigo a día de hoy: he imaginado las conversaciones entre los amigos, he reflexionado sobre algunas ideas que Richard expone y, claro que sí, he fantaseado con otros desenlaces. Si Tan poca vida tiene una gran virtud es la de conectar emocionalmente con el lector que, a pesar de los sufrimientos que la historia le aflige y de las emociones que le arrebata, vive robando minutos al día para regresar a Nueva York y reencontrarse con los cuatro amigos.

El motor, de la que es la segunda novela de la autora, es el personaje de Jude. Él esconde multitud de secretos y un pasado aterrador que descubriremos poco a poco, sin un orden lineal, a través de sus dolorosos y escalofriantes recuerdos. La enfermedad, los abusos sexuales, el miedo al escarnio o la soledad son algunos de los motivos que Yanagihara traza en la existencia de este abogado. Algunos han acusado a la autora de la crudeza de su obra, pero ella se defiende argumentando que la brutalidad ha de estar presente en la literatura, igual que lo está en otras artes, y que la violencia forma parte de nuestro entorno y no podemos apartar la mirada.

Es indiscutible la dureza que encierra Tan poca vida y, sin embargo, somos incapaces de abandonar a esos muchachos con ansias de comprensión y cariño. Quizás sean excesivas las dosis de melodrama que conciernen al mismo personaje y probablemente no existan amistades como las que se narran. Sin embargo, solo puedo dar las gracias a la autora por dejar en mí una historia despiadada e inmensa, bella y trágica, inolvidable y eterna.

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