Palabra de Octavia Butler: ‘La parábola de los talentos’

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«Cuidado/ la ignorancia/ se protege a sí misma./ La ignorancia alimenta la desconfianza./ La desconfianza/ engendra el miedo./ El miedo acobarda,/ irracional y ciego,/ o el miedo se cierne,/ desafiante y cerrado./ Ciega, cerrada,/ desconfiada, temerosa, / la ignorancia/ se protege a sí misma/ y, protegida,/ la ignorancia crece».

 

La parábola de los talentos llega a España de la mano de Capitán Swing para completar la duología comenzada por La parábola del sembrador. La pluma de Octavia Butler nos devuelve a la joven Lauren Olamina en su empeño en crear un mundo mejor a través de la expansión de su propia religión: Semilla Terrestre.

Octavia Butler.

Este segundo volumen, publicado en 1998 y ganador del premio Nébula a mejor novela, nos introduce de nuevo en una violenta Estados Unidos, esta vez en 2032, devastada por otra de tantas guerras y gobernada por un presidente electo fundamentalista religioso de extrema derecha. En este mundo distópico terriblemente familiar y cercano, la inteligente y metódica Lauren intenta crear una comunidad, Bellota, donde sembrar su Semilla Terrestre con esa máxima que, los que ya hayáis leído la primera parte, conoceréis: «Dios es cambio».

«He visto cómo la educación se convertía más en un privilegio de los ricos que en la necesidad básica que debería ser si pretendemos que la sociedad civilizada sobreviva. He visto cómo el acomodamiento, el beneficio y la inercia excusaban una degradación medioambiental cada vez mayor y más peligrosa. He visto cómo la pobreza, el hambre y la enfermedad se volvían inevitables para cada vez más gente».

Algo nos resulta desconcertantemente familiar en el párrafo anterior, ¿verdad? Eso creo yo también. Y estoy segura de que Octavia Butler también lo creía. Es la ciencia ficción que me gusta, la que te mira de frente y te desafía. Y es que, para mí, la mejor ciencia ficción no es la que vaticina el futuro, sino la que deforma, hiperboliza y proyecta el presente. Es una ciencia ficción, en cierto sentido, cruel con el lector porque le impide escapar del aquí y del ahora. Siempre puedes cerrar el libro, pero dudo que puedas porque Butler no solo narra el horror, sino también la esperanza y me parece imposible, querido lector, que no quieras examinar con detenimiento la luz en medio de la oscuridad.

Esta esperanza está, sin duda, representada por Lauren. Desde la primera página del primer libro acompañamos a la joven a través de sus diarios. Al final de La parábola del sembrador solo queremos que la que ya casi es nuestra amiga pueda sembrar su semilla en esa pequeña comunidad llamada Bellota. Sin embargo, en La parábola de los talentos, aunque seguiremos al lado de Lauren a través de sus diarios, leeremos los fragmentos de escritos de otros personajes que nos harán reflexionar sobre nuestra profeta. Y es que esta lectura no la haremos solos, sino acompañando a Asha Vere, la hija de Lauren y Bankole, que busca en los diarios de su madre saber y comprender cómo era la mujer que la vio nacer, pero que pronto desaparecería de su vida. Asha, Larkin de nacimiento, mostrará sus dudas y recelos hacia las acciones y convicciones de su madre. Tras la alienación de ser criada en el ultracatolicismo del presidente Jarret, la joven solo verá en el credo fundado por Lauren el problema de todos sus males, el culpable de que no haya sentido el amor de su madre. «Semilla Terrestre era su favorita», afirma en un momento dado.

«Olamina cree en un dios que no siente el más mínimo amor por ella. De hecho, su dios es un proceso o combinación de procesos, no una entidad. No es consciente de ella (ni de nada) […]. Algunas facetas de su dios son la evolución biológica, la teoría del caos, la teoría de la relatividad, el principio de incertidumbre y, por supuesto, la segunda ley de la termodinámica. “Dios es cambio y, al final, dios prevalece”»

De esta forma, la esperanza que Butler personifica en Lauren y su comunidad no es fácil, no es sencilla, tiene aristas y puede discutirse. De hecho, creo que la protagonista de la duología de las Parábolas es de esos personajes con los que te gustaría encontrarte y debatir durante horas. En mi caso, le daría las gracias por su liderazgo como mujer negra en un país gobernado por una ultraderecha que opina que las mujeres no deben ser más que un complemento dócil de los hombres. No obstante, también le discutiría su postura en ciertas propuestas que no me parecen acertadas. Intentaría convencerla o intentaría que me convenciera o llegaríamos a un punto muerto, pero incluso en el desacuerdo creo que sería un debate inspirador.

Nos muestra Butler,pues, dos tipos de caminos a transitar ante el caos. Uno es deslumbrante, tiene banderas y hará grande de nuevo a América (o a cualquier otro país que se le ponga por delante), pero, cuidado, o estás con ellos o contra ellos y más te vale no ser del grupo señalado como culpable de todas las calamidades. El otro camino es más difícil, no tiene lucecitas de colores y cambia constantemente, es el sendero de la  humanidad dándose la mano quizás buscando la trascendencia o quizás solo libertad y dignidad.

«Es mi vida la que se marcha volando a bordo de esos furgones feos e inmensos. Es mi inmortalidad».

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