Obras de la Colección Goetz en la “Sala de Arte Santander” de Madrid

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«All the World’s a Stage: Works from the Goetz Collection» es el título de la exposición que se puede visitar desde el 21 de febrero hasta el 14 de junio de 2015 en la Sala de Arte Santander de la ciudad financiera que este grupo bancario tiene en Boadilla del Monte (Madrid).

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Esta exposición de arte contemporáneo, venida de una de las más importantes colecciones alemanas de nuestros días, toma como hilo conductor una cita de la obra de Shakespeare Como gustéis: «Todo el mundo es un teatro y todos los hombres y mujeres meramente actores…». En torno a esta temática teatral se han seleccionado obras de 27 artistas que forman parte de la colección de Ingvild Goetz, una ecléctica colección con sede en Múnich integrada por más de cinco mil obras, considerada una de las diez colecciones privadas más importantes del mundo.

La colección, comenzada a finales de los años ochenta, incluye obras relevantes de Matthias Weischer, Stan Douglas, Candida Höfer, Mike Kelley, Hiroshi Sugimoto, Nan Goldin, Laurie Simmons y otros; las seleccionadas para esta exposición en Madrid han sido realizadas en el periodo que abarca desde 1975 hasta nuestros días.

Antecedidas por cuatro cuadros de Solana y acompañadas por la impresionante serie de pinturas para el salón del hotel Waldorf Astoria de Nueva York realizadas en los años 30 por Josep Maria Sert, que ahora forman parte de los fondos de la colección Santander, los fondos Goetz se han distribuido por las salas tratando de distribuir la fotografía por un lado y la pintura por otro, dejando los espacios centrales para las instalaciones y el videoarte, que es quizá la parte más significativa.

Destacan varias obras: la película Cremaster 5 de Matthew Barney, ambientada en Budapest, impresiona por su estética y por la emotiva música compuesta por Jonathan Bepler; Staging Silence (2) [Escenificar el silencio], del belga Hans Op de Beeck, es un vídeo de 20′ donde se construyen decorados de paisajes a través de juegos ópticos, mediante materiales cotidianos como azúcar, chocolate o corcho; la música, del británico Scanner, refuerza asimismo las imágenes. Las fotografías y vídeos de la alemana Ulrike Ottinger son las más numerosas en la exposición, con varios interesantes, como Soberbia, donde se representa una danza macabra carnavalesca casi en la estética de Fellini. Otras piezas son asimismo destacables, como la fotografía de Rodney Graham Allegory of Folly: Study por an Equestrian Monument in the Form of a Wind Vane, o el enorme cuadro Vormitagg [En la mañana] de Michael Kunze, que remite a la pintura de El Bosco o Chirico.

Debido a su lejanía, la Sala de Arte de la Fundación Santander queda fuera de los circuitos artísticos madrileños habituales, pero sus fondos componen una colección de las más importantes de España. Quien quiera visitarla, se dan muchas facilidades, pues dispone de autobuses gratuitos desde el centro de Madrid. Tampoco hay que olvidar tampoco a este respecto las otras salas que la Fundación ofrece en la ciudad de Santander, donde se realiza un meritorio programa de exposiciones regularmente, ni infravalorar el icónico edificio que se está construyendo junto al Paseo de Pereda y que colocará la ciudad en la vanguardia, en la línea de los de otras ciudades del norte de España como el Kursaal de San Sebastián, el Guggenheim de Bilbao, la Laboral de Gijón o el Centro Niemeyer de Avilés, entre otros.

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