‘Mujeres y libros’, lectoras a la conquista de su libertad

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Seix Barral lanza el ensayo de Stefan Bollmann, Mujeres y libros, en el que se repasa la relación que ha unido a las mujeres y los libros en los últimos siglos. La edición de Seix Barral de este ensayo, subtitulado Una pasión con consecuencias y que acaba de ver la luz, está magníficamente prologada por Lola Larumbe Doral, responsable de la librería madrileña Rafael Alberti -que por cierto cumple ya cuarenta años de vida- en un prefacio que subraya la necesidad de la lectura por parte del género femenino como arma con ayuda de la cual abrazar la independencia y nos devuelve a la España franquista, época en la que ser mujer y lectora constituía casi un oxímoron. El autor, que ya publicó los bestsellers Las mujeres que leen son peligrosas (2006) y Las mujeres que escriben también son peligrosas (2007), divide este ensayo en cuatro partes en un minucioso ejercicio histórico y cultural, que no sólo se fija en lectoras, sino también en escritoras.

La primera, que abarca el siglo XVII, se ocupará de explorar en el germen del hábito lector femenino y ahondará en las razones que llevaron a las mujeres a acercarse, por ejemplo, a la poesía de Klopstock. Ya entonces en su Alemania natal, las mujeres eran superiores a los hombres en número y capacidad de toma de decisiones, por lo que no es de extrañar que comenzaran a profesionalizarse los clubes de lectura en los que ellas cada vez tomaban más protagonismo. En esta parte Bollmann también reseña, entre otros, el Werther de Goethe, o a Samuel Richardson y su novela Pamela, obra que no podía faltar en la biblioteca de la mujer de la época y que alcanzó una repercusión asombrosa entre las lectoras.

A continuación, aterrizamos en el siglo XIX para seguir los pasos de Mary Shelley, la madre de Frankenstein; se profundiza en la vida de Jane Austen -quien entendía que una novela de mujeres podía ser tanto aquella escrita, protagonizada o leída por una mujer-, o la Madame Bovary de Flaubert, novela que abrió a las lectoras un campo nuevo, la consciencia de que era necesario avanzar paso a paso hacia la emancipación, mediante, en palabras de Bollmann, “la conquista de la igualdad en las oportunidades de la vida”.  La tercera parte, Mujeres de libros, está dedicada a las mujeres lectoras del siglo XX. Algunas de sus protagonistas serán Virginia Woolf, escritora precoz que se vio atraída por los círculos intelectuales o el feminismo, la voraz lectora Susan Sontag o Sylvia Beach; la imagen de una Marilyn Monroe lectora desmonta el mito de que las bombas sexuales son tontas enfrentándose al Ulises de James Joyce. Por último, llegamos a nuestros días en el último capítulo, titulado Seguir leyendo y dedicado a la lectora como transgresora. Es especialmente interesante, ya que hace hincapié en el fenómeno Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, que tantas pasiones ha levantado al cosechar un éxito absoluto entre públicos de lo más variado, pero especialmente femeninos.

Entre otras ideas destacables de su trabajo, no estrictamente relativas a la cuestión del género, Bollmann se lamenta, por ejemplo, de que en la actualidad la relación autor-lector no es tan íntima como en la antigüedad: en lugar de intercambiar besos con el autor, dice, se ha impuesto la dedicatoria. También señala que, en los tiempos actuales, no tenemos por qué sucumbir al tedio de la espera hasta la nueva entrega de nuestra saga favorita: la globalización ha fomentado que un lector pueda, gracias a internet, descubrir la fan fiction. Con ella, lectura y escritura se prolongan más allá de la edición impresa y se abre la posibilidad de crear nuevas comunidades, transformando por completo los hábitos de lectura, en los cuales, desde luego, la mujer está desde hace siglos sobradamente integrada, para convertirlos en bidireccionales.

El ensayo de Bollmann, muy en consonancia con el reciente trabajo de Clara Janés, es un valioso trabajo de corte amable y didáctico, un retrato sociológico e histórico que homenajea la figura de la mujer que, por encima de cualquier estereotipo y convención, conquista su libertad a través del placer de la lectura.

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