‘Mujer al borde del tiempo’: Genealogía de las que fueron, las que somos y las que serán

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«El ejercicio de la imaginación es peligroso para quienes se aprovechan del estado de las cosas porque tiene el poder de demostrar que el estado de las cosas no es permanente ni universal ni necesario» (Ursula K. Le Guin)
«Un ejército de amantes no puede perder» (Marge Piercy, 1976)

 

¿Podéis imaginar el año 2137? ¿Cómo será? ¿Llegará a algo este temible resurgimiento del fascismo alimentado por el capitalismo más salvaje o se impondrán la libertad y la dignidad reclamadas por los que queremos un mundo mejor? Gracias a Marge Piercy y su Mujer al borde del tiempo podemos imaginar estos dos futuros posibles.

Publicada originalmente en 1976, la novela de Piercy pronto se convirtió en un clásico de la literatura especulativa feminista junto con los trabajos de otras autoras como Ursula K. Le Guin, Margaret Atwood, Joanna Russ o Angela Carter. Sin embargo, no ha sido hasta 2020 que hemos podido disfrutar de esta joya de la ciencia ficción traducida al castellano. Dicen en Consonni que editan libros para «compartir pensamiento extraordinario, desbaratar los géneros literarios y traspasar el ensayo y la ficción». Y yo no puedo más que darles las gracias porque, sin lugar a dudas, han conseguido su objetivo con la publicación de Mujer al borde del tiempo, una lectura que hoy se hace más necesaria que nunca.

Mujer al borde del tiempo es la historia de Connie Ramos, una mujer chicana de mediana edad a la que encierran en un psiquiátrico de manera injusta tras defender a su sobrina del ataque de su novio maltratador. Connie, Consuelo, no sabe muy bien si las drogas que le dan en esa cárcel a la que llaman hospital la están haciendo ver alucinaciones, pero lo cierto es que comienza a contactar con una mujer del futuro, Luciente.

De la mano de la que se convertirá en su mayor apoyo emocional en los duros momentos en el psiquiátrico, Connie descubrirá el futuro donde los rebeldes, que viven en una comunidad libre, igualitaria y ecologista, intentan ganar terreno a una sociedad perdida en un progreso desmedido donde el aire se ha vuelto irrespirable, la naturaleza ha sido aplastada por el cemento y el capital ha puesto precio a las personas, que son poco menos que mercancía. A su vez, deberá hacer frente a todos aquellos que intentan doblegarla y aplastarla, a todos los que la tachan de loca por ser diferente, por no agachar la cabeza.

En una narración que atrapa y que lleva a sus personajes a un abismo de últimas consecuencias, Mujer al borde del tiempo demuestra por qué son tantas las autoras que usan la ciencia ficción para plasmar distopías o utopías feministas. Y es que Marge Piercy nos presenta una novela que es todo un tratado feminista, un manifiesto político que toca temas tan tristemente actuales como la violencia machista institucionalizada, la emergencia climática, el racismo o el agotamiento de un sistema capitalista cada vez más agresivo y deshumanizante. Pero, sobre todo, el libro de Piercy está atravesado continuamente por la misma pregunta: ¿Qué supone ser una mujer? ¿Qué mujeres fueron? ¿Qué mujeres somos? ¿Qué mujeres queremos que lleguen a ser?

Con un final que, confieso, me hizo soltar alguna que otra lagrimilla, Mujer al borde del tiempo termina con lo que considero como una llamada a la movilización. A través de Connie y Luciente me siento apelada. Actuad, nos están diciendo, no hay luchas pequeñas, las revoluciones se hacen desde abajo. Buscad siempre la libertad y la dignidad.

«Siempre hay algo que puedes negarle a quien te oprime, como mínimo tu lealtad. Tus creencias. Tu cooperación. Incluso a veces, aunque el desequilibro de poder sea muy marcado, puedes encontrar o forzar una oportunidad de devolver el golpe. Hasta que eso deviene un poder».

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