¡Mira quién NO baila!

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Después de siete temporadas en la 1 de TVE y de una más en Telecinco, el veterano concurso ¡Mira Quién Baila! desembarca de nuevo en la televisión pública para poner a los famosos a menear las caderas. 

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“Un, dos tres… un pasito pá-adelante, María; un, dos, tres, trescientos pasitos pá-trás!”. Ese sería el resumen de cómo ha comenzado la octava edición de nuestro programa favorito de bailes (porque es el único que hay, no por otra cosa): retrocediendo bastante con respecto a pasadas entregas, huelleros.

Desde el minuto 1 que apareció Cantizano, hasta el final del programa, estuve esperando que el nuevo presentador diera paso a Carmen de Mairena o la señora que rompía sandías con los senos (perdón, tetas), tan clásicos en DEC. Pero no, aquello no era ¿Dónde estás Corazón?, era francamente peor: la ausencia de la vena de la Patiño, famosos de tercera, jurado aburridor y un Poti desatado (¡Viva la Pepa!).

Los que tratan de encauzar, con mayor o menor fortuna, sus pasos hacia eso que llaman “baile” son bastante variopintos este año. En primer lugar tenemos a Corina Randazzo, pseudofamosa por el programa de Cuatro Un Príncipe para Corina, la cual se desenvuelve también con bastante soltura en el escenario; Miguél Abellán, torero que parece haber olvidado el arte en los ruedos; Adriana Abenia, simpática reportera de simiesca expresión corporal; Fernando Albizu, actor gordo (así se definió él y lo dejaron claro el resto de sus compañeros y el jurado, los cuales hicieron mofa de su condición física hasta la extenuación) que se movió con sorprendente soltura, ganando la primera gala; Marina Danko, diseñadora de joyas y la ex mujer de…, vamos, que me da lo mismo; Felipe López, otro de los ex deportistas que ha quedado como carne de reality; Maribel de Master Chef (¡con su par de alcachofas!); y Nicolas Vallejo-Nájera, que, aparte de no decir ni una sola palabra, a las once de la noche estaba que se le abría la boca del sueño (literal). Casting pobre el de esta edición, paupérrimo.

No, yo no lo haría mejor que ellos bailando, lo he de reconocer. Pero creo que ninguno de los que vemos este tipo de programas queremos ver a famosos de tercera danzando al compás de la música, lo que realmente queremos son Terelus, Belenes Esteban, Innombrables, Cármenes Lomanas o Anas Obregón, gente que dé morbo ver, gente que salga a la pista dispuesta a dejarse ese prestigio ganado durante años y años de duro trabajo, gente que esté dispuesta a pasarse de la raya (o a esnifársela, como declaró la propia Belén).

Sea como fuere, este año no hay morbo. ¿O sí? Porque aún no hemos hablado del jurado. El Sevilla, el de los Mojinos Escocíos, abrió la tanda de valoraciones. Es el gracioso de este año, le toca ese rol, pero se queda en bocata de morcilla: al principio apetece, pero tras dos minutos ya cansa. Al cantante le siguió la musa más extremadamente popular, Norma Duval, quien se ha estirado tanto la cara que es la primera vedette capaz de dirigir simultáneamente su mirada a dos cámaras distintas. Enfundada en terciopelo azul (¡qué color si no!), creo que fue la que más juego dio en toda la noche, tanto en sus comentarios como en su presencia, especialmente cuando quedó en posición horizontal junto a Abellán, no diré más. Después tenemos a Noemí Galera, la directora de casting cuyas mamas rezuman mala leche. Cara agria, nariz aguileña y mala baba, y ya; vamos, Noemí en estado puro: un chucho (aún le duran los disgustos de Idaira y Virginia). Por último, Ángel Corella, bailarín y coreógrafo y la única parte cuerda en esta perversión del entretenimiento que es ¡Mira Quién Baila! (reloaded), a la cual, para cuadrar una noche redonda en tendencias suicidas, sólo faltaba añadir la presencia de un Poti histriónico, que se pasó toda la velada dando botes, gritando, lanzando ofensas al jurado y, peor aún, haciendo comentarios jocosos.

Vamos, que cuando me consiguieron quitar la maquinilla de afeitar y las pastillas del sueño eterno, me puse a escribir y me salió esto, huelleros. Vosotros me entendéis, ¿no? Pues, ale, danzad, danzad, malditos y ya nos vemos la semana que viene.

PD: mi reflexión final de telespectador de hoy es: “¿Por qué se le otorga a la ONG del concursante ganador 2000 roñosos Euros, cuando ellos están cobrando bastante más y del dinero público?”

 

Fotografía propiedad de la página web www.rtve.es

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