Memorias de Philip Glass: ‘Palabras sin música’

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Con 78 años, el conocido músico minimalista Philip Glass (1937-) decidió que era el momento de narrar sus memorias. Apenas fueron publicadas en inglés y ya la editorial Malpaso compró los derechos para la traducción, que ha realizado Mariano López: Philip Glass: Palabras sin música. Memorias (Malpaso, 2017). Como consecuencia, los lectores pueden disfrutar en español de la obra de Philip Glass tan solo un año después de haber sido escrita.

Y no se trata de una vida monótona: en sus casi quinientas páginas el autor hace un recorrido por su vida y obra desde su infancia hasta el momento actual. Ciertamente, toda biografía es subjetiva y hay aspectos de su vida que no están narrados, y quien esté interesado en un estudio sistemático de su obra musical no encontrará aquí un manual: para eso ya existen otras monografías de musicólogos. Las memorias de Glass no se centran en sus logros musicales ni en describir sus composiciones: recogen los recuerdos y las reflexiones del autor sobre los caminos que fue tomando hasta llegar a ser el compositor minimalista que es hoy, el más conocido del movimiento que agrupa a músicos como Terry Riley, La Monte Young, Steve Reich y otros. Se trata, pues, de la intrahistoria que testimonia cuáles fueron las vivencias que contextualizan sus creaciones, cómo se relacionó con otras personas y cómo tuvo que luchar hasta conseguir la difusión de sus obras.

Procedente de una familia modesta de clase media con raíces judías, Glass creció en Baltimore rodeado de los vinilos de música popular que vendía su padre en una tienda de discos. El contacto continuo con esta tradición popular, con la culta o clásica que obtuvo tras formarse en el conservatorio, en la Escuela Juilliard de Nueva York y en su estancia parisina con Nadia Boulanger, junto con la tradición oriental y las músicas del mundo darían a sus composiciones una mezcla que definirían su estilo.

Sin embargo, hasta los cuarenta años no se ganaría la vida como músico profesional, tras el estreno de Einstein on the Beach (1976) y el encargo de su siguiente ópera por la Netherlands Opera. Hasta entonces su música se forjó en ambientes underground y para subsistir trabajó en los oficios más diversos: como pesador de clavos en una fábrica, cargador de camiones para una empresa transportista, como fontanero, como taxista…

Casi podría parecer una muestra de crecimiento y triunfo propio de las películas norteamericanas, pero al mismo tiempo la de Glass es la historia de Estados Unidos de los años 70, 80 y 90, cuando la eclosión de las artes visuales, el teatro y la experimentación hicieron de Nueva York y Chicago el centro cultural del mundo: el expresionismo abstracto de Pollock y Jasper Johns, la fotografía de Mapplethorpe, etc. Por las páginas del libro aparecen amigos y conocidos que serían de hecho personajes importantes en las artes y la música del siglo XX: Ravi Shankar, Allen Ginsberg, Richard Serra, Laurie Anderson, Paul Simon, Chuck Close, etc. (Steve Reich fue, de hecho, “un amigo y compañero de composición de los días de Juilliard que se estaba haciendo un nombre como compositor”, pero de las relaciones con estos otros amigos o conocidos se dice muy poco, como si no quisiera hablar de nada que pudiera involucrarles, exceptuando Richard Serra, para el que trabajó, o Ginsberg, hacia el que sintió mucho afecto).

Las memorias se dividen en varias partes que muestran así, en lo fundamental, esa línea evolutiva que siguió su estilo musical: si en la primera trata de su formación y su viaje a la India, la segunda comienza al instalarse en Nueva York, que es cuando presenta públicamente sus primeras obras; la tercera y última parte supone el reconocimiento internacional y la composición de sus bandas sonoras para películas, el Hydrogen Jukebox con Ginsberg y sus posteriores obras.

En conclusión, aun con muchos vacíos voluntarios, las memorias de Glass son una excelente lectura para el conocedor de la música de Philip Glass o para aquel que quiera introducirse en la vida del autor.

Hay que añadir que la edición española es elegante y contribuye por su diseño al deleite de la lectura. Quien esté interesado en leer la obra durante el verano también dispone de una versión electrónica en ebook que la editorial regala al comprar el libro en papel.

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