“Madrid-Cochabamba, cartografía del desastre”: la literatura era esto

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portada Madrid Cochabamba3Dos autores. Dos ciudades. Dos vidas abrazándose y contándose a través de la más urgente y verdadera literatura. Más que un libro, un regalo para el lector, una emocionante bomba literaria.

Imaginen un país normal, no este, claro. Imaginen a dos de los mejores autores vivos, Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Cocqueugniot, uniendo fuerzas para construir algo más que un libro y la importancia que ello supondría. Lamentablemente en España, la repercusión de algo como Madrid-Cochabamba, cartografía del desastre quedará como una delicatesen reservada a unos pocos privilegiados. Tal vez y pese a lo injusto de este hecho, las cosas tengan que ser así.

Madrid-Cochabamba, cartografía del desastre más que un libro es una verdadera bomba literaria. De corazón soy capaz de asegurar que no creo que un libro pueda reunir tanta dinamita de literatura pura y sin cortar, de la buena. De esa que dentellea el ruido endogámico y mediático, de esa que suelen llamar underground y que yo prefiero definir como verdadera y de esa, por cierto, que tiene por seña de identidad la editorial Lupercalia.

Créanme, de un libro que tiene un prólogo de Miguel Sánchez-Ostiz y un mano a mano entre dos gigantes tan inmensos como Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Cocqueugniot, no es necesario leer una sola palabra para saber que será una obra maestra estallando en el corazón.

Claudio Ferrufino-Cocqueugniot es un francotirador salvaje parapetado entre el sarcasmo y la ternura. Un maestro de la palabra con el sello inconfundible de lo mejor de las letras latinoamericanas cuya pluma es nervio de vértigo.

Pablo Cerezal es el poeta que escribe en prosa. El feliz e improbable encuentro entre Umbral y Burroughs en una voz tan encendida de prodigio que estremece deliciosamente. Pablo escribe como lo haría Henry Miller de haber nacido en Vallecas y haberse llamado Pablo Cerezal, porque su voz única bebe de las entrañas de la verdad.

Juntos y separados urden esta gloriosa cartografía del desastre. Desde exilios voluntariamente forzados (Pablo en Cochabamba, Claudio en Denver) ambos realizan una carta de amor apócrifa y amarga a sus ciudades natales (Madrid-Cochabamba, Cochabamba-Madrid) partiendo a las ciudades del recuerdo. El alcohol, el sexo, la muerte, el cine, la música, el amor o la juventud, acompasan los pasos perdidos de los dos escritores. Épica de extrarradio, poética mundana de urbe, las páginas de este libro adquieren la honesta gloria de la vida entendida como tal. El surrealismo minimalista del Cochabamba de Claudio encuentra la mano tendida del rocanrol elegantemente castizo del Madrid de Pablo. La ciudad en la distancia como la amante nunca olvidada, la madre añorada, el vino celebrado, el amigo que quedó eternamente varado en aquella esquina asesina.

Que Pablo escribiera sobre Madrid mientras libraba una batalla cruenta contra la burocracia cruel por abandonar la Cochabamba de la que escribe Claudio desde Denver, otorga al libro un punto de fugitiva melancolía. Una suerte de poso de destinos extrañamente nunca cruzados, de pasos en las huellas vitales, desvestidos y despojados de casualidad, pero ebrios de causalidad. Cuando al final del libro los destinos de los dos verdaderos genios de las letras al fin se juntan ocurre de la manera más maravillosamente mundana posible y contada.

Porque como decía aquel, la vida era esto, esto que siembra gozosa y agriamente las páginas de Madrid-Cochabamba, cartografía del desastre. Porque pese al empeño de unos pocos que pesan mucho, no se engañen, la literatura era esto.

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