“Género Humano”, poesía para vivir

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Tras varios años de silencio editorial vuelve Isla Correyero con un volumen que incluye dos poemarios absolutamente imprescindibles para todo aquel que reconozca la poesía como un instrumento tan vital como el propio oxígeno.

cubiertagenerohumanoBienvenidos a la emoción azul. Bienvenidos a la belleza devastadora, al verso urgente, necesario y sublime de Isla Correyero, a quien debemos considerar por méritos propios soberana indiscutible de la poesía actual. Les confesaré un secreto; en este ejercicio diletante de escribir sobre lo que escriben otros en el que uno se lanza con temeraria alegría a dar su opinión, a veces ocurre que te sientes muy pequeño ante una obra y no te consideras capaz de añadir nada que esté tan siquiera a una altura decente del libro que acabas de cerrar y todavía acaricias con incredulidad entre tus manos. Esto es exactamente lo que me ocurrió al terminar de leer Género Humano de Isla Correyero. Difícil aparcar el primer impulso de teclear temblorosamente la reseña más breve de la historia, decir simple, sincera y contundentemente: lean este libro.

La autora rompe un silencio demasiado largo e incomprensible gracias a su propio sello, Inspirar Expirar Ediciones, perteneciente cual anaquel a esa editorial que ya se va convirtiendo en referencia ineludible llamada Alacena Roja. Ese silencio roto se ha desbordado en grito poético, en lágrima de luz y verso escalofriante, en disección certera de la frágil condición humana y la sociedad en que vivimos y contundente dibujo de la realidad con el hábil y necesario trazo de la poesía. Yo no soy un erudito y otros mejor que yo podrán hablarles de la sutil e inteligente técnica con la que la autora deconstruye (perdón por la palabra) sus versos, desmontándolos, uniéndolos, disfrazándolos a veces de prosa en una demostración (que casi parece querer ocultar) de que no solo maneja excelentemente el contenido sino también la métrica y el ritmo. Dos impresionantes poemarios conforman Género Humano: Diario de una enfermera y Occidente.

El primero es la demoledora radiografía del inevitable deterioro del género humano en su tránsito hacia la muerte. Desde el punto de vista de una enfermera que trabaja con enfermos terminales Correyero va desgranando en este diario la desconcertante cotidianidad de vivir con la muerte, la imposible rutina o aceptación de su implacable victoria final y la inevitable sensación de futilidad de todo lo aprendido en una profesión destinada en principio a la derrota. Pero sobre todo el Diario de una enfermera alcanza cotas de extremada belleza trágica y de un lirismo abismalmente conmovedor en la ardua descripción de cada paciente; niños, mujeres, hombres de toda índole convertidos en sombras de lo que fueron, igualados finalmente en el gélido beso que a todos llega. La catarsis ante la muerte del propio padre, la desnudez íntima del dolor que la autora propone, es tan universal que llorar ante lo leído es, más que un acto vergonzante, la manera más honrada de aceptar que Isla Correyero consigue mediante su uso exquisito del verbo y su valiente exposición de la emoción pura hablar del dolor y la emoción de todo ser humano.

Tras el devastadoramente hermoso Diario sería un error fácil no valorar Occidente en su justa medida. En este caso estamos ante la crónica lúcida y no exenta de cierto agradecido sarcasmo de la sociedad occidental en la que vivimos la mayoría y que se va desmoronando poco a poco víctima de la falsedad de su edificio. Aquí Correyero recorre diversos temas desde su a veces peculiar y siempre certera mirada poética, una poética que parte desde un proverbial respeto por los clásicos para diferenciarse con una modernidad tan elegante como brutal. Más que una ruptura frontal con la poesía decimonónica, la autora consigue llegar a una evolución tan inevitable como necesaria. Entre otras cosas el uso de la “@” para terminar una palabra destinada a ambos sexos, referentes cinematográficos actuales, marcas de ropa o tendencias del diseño utilizados como algo lógico, sin afán de estridencia gracias al sumo cuidado en utilizar siempre la palabra exacta, la construcción del verso perfecta, se me antoja el camino a seguir por la poesía contemporánea. Si antes hablábamos de la fragilidad del ser humano condenado a su final, no es menos la fragilidad de nuestra conciencia occidental en la que la autora coloca el verso como la bala en distintos frentes; la memoria e historia, el mundo de la moda, la bulimia y anorexia, el poder, la condición y reivindicación del artista, la familia, el capitalismo, la religión, las apariencias, todo ello para regresar de nuevo a la íntima revelación de la identidad propia. Lo dicho anteriormente: lean este libro.

2 Comentarios

  1. Excelente crítica!. A menudo me olvido del principal objetivo del texto, “enjuiciar” o “calificar” la obra literaria o cinematográfica, para simplemente dejarme llevar por la riqueza de verbo y sentimiento que transpiran las palabras de Javier Vayá Albert.

    Magnífico escritor y magnífico poeta.

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