Cuentos de terror contra el frío

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Ya están aquí las vacaciones de Navidad y, con ellas, el regreso masivo a los pueblos. Sí, esos donde el olor a humo de la chimenea impregna el ambiente, el tiempo se ralentiza y los días pasan lentos desde el sillón más cercano al fuego del hogar.

Este año traía en la maleta algo que ha hecho que esta experiencia de tranquilidad junto a la lumbre de la chimenea de casa se viera aumentada: cuentos de fantasmas. ¿No os sucede que los cuentos de terror os envuelven en una atmósfera confortable? ¿No? Confesad, sé que os pasa lo mismo. Es un fenómeno curioso, ¿no? Cuentos que deberían crearnos desasosiego son los compañeros perfectos para una apacible y cálida tarde navideña.

Y es que los cuentos de fantasmas son esos relatos de la cultura popular que se contaban alrededor del fuego. Como sucede en el relato Junto al fuego de Catherine Crowe, en la que los personajes cuentan historias sobre sucesos que escapan a la razón en una velada junto al fuego. Esta narración, junto con las de otras escritoras victorianas, las recoge la editorial Impedimenta en una antología titulada Damas Oscuras. Cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes.

En esta preciosa recopilación de cuentos, el lector se encontrará con los relatos góticos de algunas de las escritoras victorianas más importantes, pues, si por algo se caracteriza este género (o subgénero, según quién lo valore) además de por los fantasmas, es por las escritoras. Las mujeres fueron las grandes cosechadoras de la narrativa gótica, ellas eran quienes contaban los cuentos de fantasmas. Es por esto que el género fue bastante denostado en la época, una literatura de segunda, historietas de mujeres para mujeres. Sin embargo, grandes plumas escribieron narrativa gótica: las hermanas Brontë o Mary Shelley, creadora de Frankenstein y, aunque el canon literario ha sido mínimamente justo con estas escritoras, ha olvidado el nombre de otras muchas que escribieron relatos donde la razón no encuentra explicaciones a lo inexplicable.

Y esta es una de las claves de los cuentos góticos: lo inexplicable. En una sociedad en continuo avance como era la victoriana, la razón de la burguesía urbana se impuso a la superstición de la cultura popular. Los cuentos de las escritoras victorianas no olvidaron la tradición oral que hablaba de fantasmas y maldiciones. Quizás sea esto lo que tanto nos atrapa de estos cuentos: abandonar la razón que rige nuestras vidas para entrar en mundos donde los humanos no lo tenemos todo controlado.

Entra aquí la idea de lo sublime, un concepto que conecta la literatura gótica con la de ciencia ficción, pues Mary Shelley la tomó en su Frankenstein, iniciadora del género proyectivo. ¿Qué es lo sublime? ¿Habéis visto alguna vez algo que os ha atraído y repelido a partes iguales? ¿Visualizáis esa sensación? Pues es una buena forma de entender el concepto de lo sublime: la conjunción de la belleza y el horror.

Efectivamente lector o lectora, no vas a encontrar en Damas oscuras monstruos terroríficos, por lo menos no en apariencia. Entrarás en espléndidas mansiones, pero no tendrás ningunas ganas de quedarte a dormir en ellas; hermosas damas de tez perlada pasearán por los páramos, aunque, quizás, no te apetezca acompañarlas en su paseo; y, posiblemente, queridos lectores, queráis buscar explicaciones racionales a los extraños sucesos del desván, pero será inútil.

Ya os lo he advertido al principio, las escritoras victorianas crearon relatos para recordarnos que, contra el avance de la razón, lo inexplicable permanece; y, por eso, lectores del siglo XXI, todavía hoy nos atrapan tanto estos cuentos porque, en una época donde los humanos creemos saberlo todo, los fantasmas nos recuerdan que hay cosas que escapan a nuestro entendimiento.

 

 

 

 

 

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