‘¿Acaso no soy yo una mujer?’. Feminismo negro para la interseccionalidad

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¿Cómo llegasteis a ser las feministas que sois hoy? Creo que puedo afirmar que muchas de nosotras llegamos al feminismo a través de nuestra propia experiencia de ser mujeres en un sistema patriarcal. Nos vimos reflejadas en esas lecturas donde establecimos paralelismos entre las vidas de las escribientes y las nuestras; vidas de mujeres blancas, occidentales y, posiblemente, de clase media. Cuando bell hooks* llegó a la universidad en pleno auge del movimiento de liberación de la mujer en Estados Unidos también sintió que ,por su experiencia de existir como mujer, debía ser parte activa de la lucha por la libertad de ella misma y de todas sus compañeras. Sin embargo, hooks sentía que algo faltaba, que algo no encajaba. ¿A quién se referían cuando hablaban de mujeres? Aquellas feministas blancas no veían la vida de la misma forma que ella.

bell hooks.

Buscando respuesta a esta pregunta, una jovencísima bell hooks comenzó a investigar. Quería saber qué lugar ocupaban las mujeres negras en la sociedad, qué mitos, que creencias las sociabilizaban y cómo habían afectado en la percepción que tenían de ellas mismas. De esta investigación conformó un ensayo cuyo título homenajeaba el discurso espontáneo de Sojourner Truth en 1851: ¿Acaso no soy yo una mujer?.

Publicado por primera vez en 1981, el primer libro de la consagrada escritora y activista bell hooks llega en 2020 a España de la mano de Consonni y se incorpora a la imprescindible colección «El Origen del Mundo», un big bang de literatura diversa en constante expansión que «amplifica ideas contagiosas y activa teorías del comienzo».

Son contagiosas las ideas planteadas por bell hooks y pueden suponer para las lectoras que se acerquen a su investigación un comienzo o una transformación en su modo de vivir el feminismo. Desde sus críticas tanto a los hombres negros como a las feministas blancas, la autora recuerda que la consciencia de estar oprimidas no nos libra de ser opresoras y espolea a quien la lee a no conformarse con resistir, sino a empujar por la transformación.

«La libertad (y por dicho término no querría evocar un mundo insípido y holgazán en el que cada cual hace lo que le place) en tanto que igualdad social positiva que garantiza a todos los humanos la oportunidad de moldear sus destinos del modo productivo más saludable y común solo podrá ser una realidad completa cuando nuestro mundo deje de ser racista y sexista».

Valiéndose de citas extraídas de un extenso número de fuentes, bell hooks dibuja la historia de las mujeres negras desde la esclavitud hasta el siglo XX, desmonta estereotipos que persiguen a esa otra que es la mujer en el movimiento negro y esa otra que es la negra entre las mujeres blancas. Es hooks voraz en su crítica, no se muerde la lengua y no es discreta a la hora de señalar directamente a personalidades concretas. Sin embargo, no convierte la autora el ensayo en un arma arrojadiza sino más bien en una propuesta de acción. Propone ¿Acaso no soy yo una mujer? a hombre negros y mujeres blancas que no se cieguen por la envidia hacia el hombre blanco y ese sueño americano que no es más que el deseo masculino de dominación y éxito a costa del sufrimiento de los demás.

bell hooks, aunque desencantada con el feminismo de la época, se proclama feminista convencida, pues su objetivo fundamental es la libertad de todas las personas. Con este primer trabajo de muchos que vendrían hooks planta una semilla para soñar con un movimiento feminista inclusivo, interseccional y anticapitalista. Como de costumbre, Consonni rescata escritos que parecen llegar en el momento adecuado. En un momento en que esta cuarta ola feminista se encuentra sumida en una ardua discusión en la que parece que hay quien quiere volver a excluir a colectivos vulnerables, necesitamos voces como la de hooks para apelar a la sororidad y el apoyo mutuo porque el feminismo es para todas.

«La sororidad necesaria para librar la revolución feminista solo se conseguirá cuando todas las mujeres se zafen de la hostilidad, los celos y la competencia mutua que nos ha llevado a ser vulnerables, débiles e incapaces de imaginar nuevas realidades. Esa sororidad no puede forjarse solo con palabras. Es el resultado de un crecimiento y un cambio continuados. Es un objetivo que alcanzar, un proceso de transformación. Y ese proceso empieza por la acción, por el rechazo personal de cada mujer a aceptar ningún conjunto de mitos, estereotipos y falsas suposiciones que niegan los elementos comunes y compartidos de su experiencia humana, que la privan de la capacidad para cerrar las brechas creadas por el racismo, el sexismo o el clasismo y que le niegan la capacidad de cambiar».

*bell hooks es un pseudónimo que combina los nombres de la madre y la abuela de la autora. Están escritos en minúscula, según ella, porque mayúsculas deben ser las ideas y no los nombres propios, sobrevalorados por el sistema capitalista.

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