“Sólo sé que no sé nada”

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El pasado 25 de febrero se pudo ver, por fin, al yerno del Rey declarando como imputado por los más de seis millones de euros que su entramado empresarial desvió del dinero público. Sin embargo, Iñaki Urdangarín no aportó ninguna información de interés para el caso y se limitó a responder con evasivas las preguntas del fiscal. Además, las facturas que detallarían estas actividades ilícitas siguen sin aparecer.

El interrogatorio duró alrededor de 23 horas, pero de poco sirvió que batiese el récord por ser uno de los más largos de la historia reciente, porque Urdangarín no dijo mucho más que “Yo no sabía nada”, “Lo desconocía” o “Eso no era de mi competencia”.

Resulta increíble hasta dónde pueden llegar la insolencia y la desfachatez humanas si hay dinero de por medio. Urdangarín culpa ahora al que fue su socio durante ocho años, Diego Torres, de haberle robado: “Tenía la sensación de que las cuentas no eran transparentes, pero no lo denuncié porque no tenía las evidencias legales”. Cómo iba a tener evidencias legales, si es obvio que el Instituto Noós no entendía de facturas ni de recibos. Prueba de ello es que, tras meses de investigación, sólo han aparecido cuatro de las 45 facturas que detallarían los 3,5 millones que el Instituto reportó a Noós Consultoría y Aizoon, empresas pertenecientes al entramado societario.

Las declaraciones de los dos imputados principales, Urdangarín y Torres, presentan evidentes contradicciones, ya que ambos alegan en su defensa que no eran responsables de las decisiones que se tomaban en el Instituto Noós. ¿A quién hay que interrogar entonces?

El duque de Palma, en su declaración del pasado fin de semana, afirmó hasta en 113 ocasiones que ignoraba, desconocía, no recordaba o no tenía constancia de los asuntos del Instituto Noós por los que el fiscal le estaba inquiriendo. Urdangarín se declara inocente, afirma que los delitos que se cometieron en sus empresas pertenecían a asuntos que no eran de su competencia. De hecho, señala que sus labores se limitaban a “las relaciones institucionales a gran nivel y el diseño de planes comerciales”. Así pues,, sería más correcto preguntarle, en vez de por las facturas falsas o el fraude fiscal, por la organización del evento de los Juegos Europeos que él mismo firmó con el gobierno valenciano y por el que cobró 382.000 euros, a pesar de que esta competición deportiva jamás llegó a celebrarse.

Seguramente su respuesta sería algo parecido a “Me he enterado ahora mismo”. Lo que está claro es que la política empresarial del Instituto Noós era ésa, cobrar por no dar un palo al agua. Que se lo pregunten a los extrabajadores, si se pueden llamar así, del entramado de Urdangarín y Torres, que han estado varios años cobrando cada mes por no hacer absolutamente nada. Ése era el denominador común; después, en la práctica, algunos cobraban sesenta euros y otros 600. Dado que nadie desempeñaba sus funciones laborales, resultaría interesante saber en base a qué principios se añadía o no un último cero a la cifra del sueldo. Aunque viendo lo bien que se les da engrosar las facturas, sus técnicas tendrían…

Mario Pascual se ha convertido en la voz del yerno del Rey, tanto dentro como fuera del juzgado. “Si él ha hecho cosas que no son correctas, las reconocerá y, en su caso, pedirá las disculpas que correspondan”, afirmó el letrado de Urdangarín. ¿Disculpas? ¡Qué paradójica es la justicia en este país! Los ladrones piden disculpas, los jueces son imputados. Además, si eres infanta, no importa que seas copropietaria al cincuenta por ciento de una empresa que está siendo investigada por captación de subvenciones públicas, fraude fiscal y falsedad documental, porque no sólo no serás juzgada, sino que ni siquiera serás llamada a declarar como testigo, a pesar de vivir en un estupendo palacio reformado que se ha pagado con dinero público fraudulento.

El abogado de Urdangarín dice que el duque de Palma está “preocupado, apesadumbrado y un poco indignado por lo que está saliendo en los medios”. Si él está indignado, cabría preguntarse si existe adjetivo que califique cómo se sienten las familias que están sin trabajo y han perdido sus casas mientras este señor disfruta de un palacete en Barcelona, cinco pisos y dos garajes en Palma de Mallorca y un piso más en Terrassa. Tanta crisis para unos y tan poca para otros.

Por lo menos, a ver si el Cristo de Medinaceli concede un milagro y nos devuelve a los españoles todo el dinero que nos han robado. ¿Qué le pediría la infanta Elena cuando acudió el viernes pasado a la basílica madrileña?

Fotografía: Lucio Vera

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