Yanis Varoufakis: el ministro sin corbata

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El ministro de Finanzas de Grecia está presente en medios de todo el mundo por su aspecto informal y su carácter polémico. El rechazo a la corbata y la rotundidad de su discurso anti-austeridad son los rasgos característicos de este popular político griego que está llegando a eclipsar a Alexis Tsipras.

Varoufakis junto a su homologo alemán, Wolfgang Schauble - Day DonaldsonLa victoria de Syriza en las elecciones griegas de enero supuso el inicio de un gran desafío a las medidas de austeridad de la troika, formada por el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea. Con la llegada de Tsipras al Gobierno comenzó un tenso período de negociaciones entre Grecia y la Unión Europea. Unas reuniones que, sin duda, han estado protagonizadas por el interlocutor del Gobierno griego: Yanis Varoufakis, el ministro de Finanzas heleno que ha desafiado a Europa con su plan de acabar con los recortes y rechazar el rescate europeo. Este peculiar personaje está en boca de todos por su firme oposición a las condiciones de Bruselas y, además, por su vestimenta sencilla e informal, un aspecto atípico entre los miembros de su categoría.

El ministro demostró desde un principio, con el lenguaje claro y directo que le caracteriza, que Grecia no estaba dispuesta a continuar por la senda de la austeridad impuesta desde Europa. En su primera reunión con el líder del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, Varoufakis aseguró que su país “no reconoce a la troika ni el acuerdo de rescate”, frase que abriría las portadas de medio mundo al siguiente día. Pero, ¿quién está detrás de esa mirada desafiante? ¿Quién es realmente ese ministro que lleva mochila y chaqueta de cuero?

Yanis Varoufakis nació en Atenas en 1961 en una familia de clase alta. Cuando terminó el instituto, sus padres le enviaron al Reino Unido para alejarle de las fuerzas paramilitares griegas que perseguían a los estudiantes en los años 80. Allí se licenció en Economía y permaneció durante décadas. Dio clases en la Universidad de Essex, la de East Anglia y la de Cambridge. Fue en la noche en la que Margaret Thatcher ganó su tercer mandato en 1987 cuando, tal y como relata en su blog personal, Varoufakis decidió abandonar el país. Se trasladó a Sidney (Australia), donde trabajó y vivió entre 1988 y 2000. Pero lo que él llama “una combinación de nostalgia y el aborrecimiento del giro conservador de Australia” le llevó a volver a Grecia, donde creó un Programa Doctoral en Economía, que desapareció con el colapso del país en 2010. Además, entre 2004 y 2006 fue asesor del socialdemócrata Yorgos Papandreu, antes de que se convirtiera en primer ministro del país heleno. Después, Varoufakis criticó públicamente y en reiteradas ocasiones a Papandreu por haber aceptado el rescate de la Unión Europea a Grecia. Y es que el ministro más popular del Gobierno de Tsipras considera que desde Bruselas se está chantajeando a los países rescatados con ayudas para paliar los daños de una crisis causada, según él, por la “idiotez” de los bancos. A cambio, Europa pide medidas de austeridad que para el ministro griego suponen un cercenamiento de los ingresos nacionales.

Varoufakis se autodefine como un “marxista libertario”. Trabajó para Valve, una importante empresa de videojuegos con un innovador sistema organizativo en la que son los trabajadores quienes toman las decisiones relevantes. Ha escrito una decena de libros, la mayoría sobre economía, y desde 2008 publica en Twitter y en su blog personal, donde escribe sobre política, expresa sus opiniones sobre diversos temas e incluso cuenta vivencias personales como la traumática separación de la madre de su hija en 2005.

Desde su llegada al Gobierno, Varoufakis se ha opuesto firmemente a la ampliación del rescate griego. Sin embargo, el 20 de febrero el todopoderoso Eurogrupo conseguía, no sin esfuerzos, que Atenas cediera y solicitara la extensión del plan de ayuda a Grecia. Durante las semanas de duras negociaciones, el ministro griego ha ido rebajando el tono de sus declaraciones y, poco a poco, ha sucumbido a las exigencias de países como Alemania, que hasta que se alcanzó el acuerdo se había negado en rotundo a las peticiones griegas. Así, Varoufakis pasó de solicitar la quita de la deuda griega a aceptar una prórroga del rescate con cierta “flexibilidad” para Grecia a la hora de aplicar las condiciones. Un margen de maniobra que, no obstante, estará limitado por la supervisión del Eurogrupo, que examinará cada una de las medidas griegas destinadas a reducir la deuda pública y mejorar el empleo en el país.

El acuerdo alcanzado entre Grecia y Bruselas pone en entredicho al incisivo Varoufakis, que ahora se compromete a trabajar “con los socios europeos e internacionales” para no poner en peligro “las metas fiscales, la recuperación económica y la estabilidad financiera”. Una actitud bastante distinta a la de la primera reunión en la que el ministro de Finanzas ni siquiera reconocía a la troika como interlocutora en las negociaciones.

¿A qué se debe el cambio de postura del Gobierno griego? Quizá desde Atenas confíen en la colaboración de Bruselas para conseguir el crecimiento económico y el bienestar social en el país, estableciendo un acuerdo bilateral en el que ambas partes han decidido colaborar. Lo que está claro es que el ministro rockero tendrá que esforzarse por demostrar que no se ha convertido en un “político”, algo que confesó temer cuando Tsipras le otorgó la cartera de Finanzas. Por si acaso, Varoufakis ya guarda una carta de renuncia en su bolsillo, lista para ser entregada si percibe “síntomas de estar faltando al compromiso de decirle la verdad al poder”. Veremos si después del acuerdo con Bruselas sigue manteniendo esa mirada desafiante o se acaba anudando al cuello la corbata de la austeridad.

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