¿Y si miramos hacia atrás pensando en el futuro y caminamos lo justo?

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“En defensa del decrecimiento. Sobre capitalismo crisis y barbarie” de Carlos Taibo
Es innegable para cualquier ser humano con cierto sentido común, que la Tierra se desangra por la ambición de unos pocos, el desdén de muchos y la inocencia de la gran mayoría de pobres. Las pruebas científicas están ahí. Y no hay que ser demasiado listo para darnos cuenta de esto. Intensas olas de calor y frío (el calentamiento global), desaparición vertiginosa de las especies, agotamiento de las materias primas, desastres llamados “naturales”, y un largo etcétera. Es innegable también saber, que todas estas amenazas a la “Pachamama”, responden a un sistema económico, político y social que tiene como fundamento principal el crecimiento productivo de bienes y servicios desmesurado, sin límites ni controles, y que convirtió a la Tierra en un enorme mercado al alcance de unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría que puebla el planeta.

En el capitalismo que vivimos, el crecimiento económico, nos lo venden acompañado (gracias a la propaganda de los medios y la publicidad) de un bienestar absoluto e inquebrantable, fruto de una sociedad justa y democrática. El que no crece (según la lógica del absurdo sistema) muere, o está abocado a pasar por profundas crisis, como lo estamos viviendo ahora en el mundo occidental. “El crecimiento económico se presenta como la panacea de todos los males. A su amparo –se nos dice– se garantiza la cohesión social, los servicios públicos mantienen un nivel razonable, el desempleo no se extiende… Hay quienes agregan más aún que el crecimiento económico es la clave afortunada que permite resolver los problemas medioambientales”. Pero al contrario de lo que nos dicen los defensores del crecimiento, y como decía Eduardo Galeano acerca del progreso: “es un viaje con más náufragos que navegantes”

El crecimiento económico idolatrado, “no propicia una mayor cohesión social, genera agresiones medioambientales a menudo irreversibles, se traduce en el agotamiento de recursos con los que no van a poder contar nuestros hijos y nietos, y, por si poco fuere, facilita el asentamiento de un modo de vida esclavo que, al calor de la publicidad, del crédito y de la caducidad, nos invita a concluir que seremos más felices cuanto más bienes acertemos a consumir”

En un mundo al borde del colapso, ya no son pocas las voces que intentan dar una vuelta de tuerca, a este sistema económico brutal que nos va engullendo cual trituradora de conciencias, para defender un nuevo modelo de economía que lo que pide a gritos es el decrecimiento. ¿No será bueno empezar a desandar lo andado? ¿Será acaso que necesitamos darnos la vuelta a las retinas?, como dice una canción de Carlos Chaouen. Así como cuando vamos en un coche y nos perdemos del camino: ¿No será justo reconocer que nos equivocamos, o nos equivocaron y enderezar el camino, retroceder si hace falta? ¿Será preciso desaprender?

Carlos Taibo nos muestra en su libro “En defensa del Decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie” una lúcida síntesis acerca de los problemas y limitaciones que vivimos actualmente. Pone nombre y apellido a una serie de circunstancias que nos han arrastrado al panorama inquietante que observamos actualmente. Nos habla de la globalización capitalista que “ha aspirado con descaro a gestar una especie de paraíso fiscal de escala planetaria”, de igual forma se ocupa de relacionar el cambio climático directamente con la responsabilidad de los países del norte (Estados Unidos a la cabeza), se encarga también de desentrañar las consecuencias que traen el agotamiento y encarecimiento de las materias primas, y muchos otros conceptos novedosos por el cariz y la valentía con que los aborda.

En definitiva, se trata de un ensayo profundamente razonado, con pruebas irrefutables que nos muestran un desolador paisaje, pero como su intención, según el mismo, es “acometer un ejercicio de realismo anticipatorio que, desde el pesimismo de la inteligencia, intente aportar siquiera sea una miga de optimismo de la razón” Taibo nos habla de conceptos como el “darwinismo social militarizado que, rememorando muchas de las políticas abrazadas ocho decenios atrás por los nazis alemanes, se propone reservar para una minoría privilegiada los recursos escasos de los que disponemos”. Se habla así de una minoría elegida y se advierte de la equivocación al pensar que las políticas de Hitler “remiten a un momento histórico, coyuntural y por ello literalmente irrepetible”. Más bien se invita a pensar que “pueden reaparecer, no defendidas por marginales grupos neonazis, sino alentadas, muy al contrario, por algunos de los principales centros de poder”.

Frente a este sinsentido de mundo suicida, el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid, desarrolla la ya existente teoría del decrecimiento que aboga por un proyecto de decrecimiento de la producción y consumo en los países del Norte desarrollado. Los argumentos, muy sintéticos, son: “que vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar muchas materias vitales”. Hay alternativas, las hay. Taibo nos llama a “defender la solidaridad, el ocio creativo, la reducción en el tamaño de un sinfín de infraestructuras, la primacía de lo local y, en fin, la sobriedad y la simplicidad voluntarias”.

Javier Santos (Miembro de Periodistas en Acción)Todas esas alternativas serían con el fin de frenar y terminar de una vez por todas con ese “desarrollo realmente existente, que aspira a transformar en mercancía las relaciones entre los seres humanos y las que éstos mantienen con la naturaleza”. El sistema creador de conciencias nos indica que el que más tiene más feliz es. La publicidad es la gran promotora de esta gran mentira. Todas estas maniobras responden a un sistema totalmente injusto llamado capitalismo, que como nos recuerda Taibo: “… es un sistema de explotación de seres humanos que no encuentra freno y que lo convierte en una formidable maquinaria de agresión contra la naturaleza”.

En los momentos actuales, cuando “las doscientas personas más ricas son dueñas de un capital semejante al del 41 por ciento de la población del globo”, los pesimistas opinan que el ser humano es egoísta por naturaleza, dando así una excusa perfecta para cruzarse de brazos frente al derrumbe del planeta. No se puede generalizar de esa forma tan temeraria, ya que a lo largo de la historia de la humanidad, han existido sociedades que han logrado mantener una formidable convivencia y respeto con la naturaleza. La naturaleza no les pertenecía, sino que ellos pertenecían a la naturaleza. La verdad.

Taibo nos alumbraba lo anterior dicho con una hermosa anécdota acerca de una tribu de indios que vivía en la Amazonía: “Para cortar la leña utilizaban piedras afiladas y, en consecuencia, perdían mucho tiempo. Unos misioneros que estaban de visita pensaron que podrían ayudar si proporcionaban a los indios cuchillos de buen acero norteamericano. Al cabo de un año los misioneros volvieron y encontraron a los indios charlando tranquilamente a la sombra de un gran árbol. “Y entonces”, preguntaron, “¿que ha pasado con los cuchillos?” “Son magníficos”, respondieron los indios al unísono. “Cortamos la leña diez veces más deprisa”. “Entonces cortaréis más leña que antes” replicaron los misioneros. “Y para que cortar más leña? Cortamos la misma que antes, solo que gracias a ustedes ahora tenemos mucho más tiempo para aprovecharlo””.

Con una cita de Bernard Guibert, Taibo nos alerta de que “los altermundistas denuncian el modo de producción capitalista, como si fuese exterior a la sociedad, cuando de hecho somos nosotros mismos quienes consentimos su dominación y generamos el beneficio. Tenemos la economía que merecemos… nuestro imaginario está colonizado por el modo de producción capitalista”. Por todo ello hay que “acometer todo un trabajo de liberalización de las mentalidades y del imaginario”.

Sin embargo habría que empezar desde abajo ya que “difícilmente podremos reclamar cambios radicales si nos mostramos incapaces de introducirlos en nuestra vida cotidiana”. En las palabras de Gandhi, “encarna en ti mismo el cambio que te gustaría ver en el mundo”. Habrá que empezar desde ahí. La tarea no es sencilla, pero dado la gravedad del asunto y en vista de que no tenemos otro planeta al que mudarnos habrá que hacerlo.

Nota: Las transcripciones literales recogidas en el libro se distinguen en entrecomillado.

Fuentes: TAIBO, Carlos (2009): En defensa del decrecimiento: sobre capitalismo, crisis y barbarie, Catarata, Madrid
Fotos: http://www.catarata.org/libro.php?libid=489

4 Comentarios

  1. Estuve en una conferencia del profesor Serge Latouche en la Casa Encendida hace unas semanas. Fue precisamente el profesor Carlos Taibo el que hizo la presentación de Latouche.
    Sencillamente, una delicia. Un punto de razón ante tanto crecimiento desbocado e irracional.

  2. Apunts De La Nit Europea

    Europa no es farà de cop ni en una obra de conjunt:
    es farà gracies a realitzacions concretes,
    que creïn en primer lloc una solidaritat de fet.
    Robert Schuman

    Avui hem de distingir entre origen de la mentalitat i origen de la civilització.

    Els accidentes geogràfics agrupen en una mentalitat la qual, consecutivament abastada per orígens externs, al cap i a la fi preval como origen de cada comunitat.
    La UE coneix els seus límits: La UE té definida ara les seves fronteres per molts anys, enguany diu en Javier Solana, que no oblida citar les poques esmenes necessàries a aquestes paraules seves per acabar dient: Amb els altres es pot tenir relacions estretes però sense arribar a ser membres.
    D’acord.
    L’origen de la UE ve a través de l’origen de l’artesania, del dels mots, del de la música, del de la família, del de la llar, del de la cuina, del de la ceràmica, del del comerç, del del matrimoni, del de l’arada, del de l’adondar bestiar, del de la roda, del de la metal•lúrgia, del de la navegació, del de la canalització hidràulica, del de l’escriptura, del de les lleis. Orígens, aquests, que arriben al territori de la UE i són fruitats pels diferents grups que en cada moment sortós d’aquells els reben, per mentalment quedar en segon terme puix l’origen de la UE cal que prevalgui.
    Cal això si admetem el caràcter europeu —en comprendre les igualtats i les diferències que hi ha entre mentalitat i civilització— i elevem la canalla ensenyant que no prevaldre ans únicament valdre porta a la unió, fent respectar el valor de les comunitats que al llarg del temps ens ha aportat possibilitats de l’ésser?
    Salvat el contracor hom veu que modificar la mentalitat sols és dificultat per la generació que ho fa, puix la generació successora gaudeix de la mentalitat que troba.
    Sabem que avui aconseguir dels estats monàrquics europeus l’acord parlamentari necessari per atènyer l’aprovació de la Llei Europea de Responsabilitat Sobirana —descartar fer oir una de les veus en fer escoltar la veu de la UE en el concert internacional— pot ser infactible, sabem que els parlaments són herència generacional.
    De cap i de nou recordem tots plegats que acabada la nit ve el dia… en què el que curosament hem endegat la darrera nit troba el seu lloc.
    Hem d’esbrinar quin procedir en concret fa reeixir de manera irreversible el naixement d’un canvi de mentalitat a Europa.
    Joan Parera
    Barcelona, 30 de desembre de 2009
    7W3N

  3. gracias por los comentarios! Gracias a tí Romina por hacer referencia en tu blog, ya te agregué al mío, para seguirte, más a menudo. Un saludo

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