Xoel López, un último giro de guión

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Han transcurrido cuatro años desde aquel mágico concierto en el que Xoel López se despedía del público como Deluxe sobre el escenario de La Riviera. El pasado sábado era otro adiós el que inundaba la sala, el que le da a la Gira Atlántico 2012, el que le llevará al otro lado del océano, allí donde, en palabras del músico, nacieron sus canciones, donde las metió en una maleta y las trajo a nuestro país.

Xoel LópezLa posibilidad de contar con su banda, entre la que se encuentra el guitarrista Juan de Dios, y con su camarada en Lovely Luna, Félix Arias, dio intensidad a un recital en el que se puso de manifiesto el poder de convocatoria que tiene el coruñés y la admiración y apoyo que le demuestra su público. Un show heterogéneo en el que convivieron los temas más jóvenes con los himnos y cuyos momentos álgidos vinieron de la mano de “Que no”, “La boca del Volcán” o “Hombre de ninguna parte”.

“Caballero” comenzaba a sonar con una puntualidad pasmosa, la noche no podía decepcionar. Era el turno de Xoel, el turno de la cordura, de la sinceridad que está fuera de los cánones de la música actual. Pero también de un investigador, de un buscador incombustible, de quien se plantea proyectos imposibles rodeado de música y amigos, o de quien se cuelga solo la guitarra al hombro con la mayor honestidad imaginable. Sus nuevos temas, cargados de matices folklóricos y ritmos latinoamericanos, se entremezclaron y fundieron durante las casi dos horas de actuación con los sonidos pop-rock que le hicieron famoso. Así, la percusión se adueñó del escenario, batería, timbales y pequeños instrumentos dieron las primeras notas de color a una velada inolvidable. Y pronto hubo tiempo para sus temas más conocidos, para aquellos que pudieron quedar olvidados por un tiempo, pero que irrumpieron fuerte en el escenario, como “Historia Universal”, “Rostro de Actriz” o “Ver en la Oscuridad”.

Con el eclecticismo de “El asaltante de estaciones” te das cuenta de que Atlántico es ese disco folk “de alguien que no puede dejar de escuchar y beber del rock”, que interiorizas tras varias escuchas. En ella se vislumbran, igual que en otros temas, algunas influencias de históricos como The Who. Su interpretación terminó por encender los ánimos de un público entregadísimo desde el primer momento y demostró que Xoel es, definitivamente, un músico centrado en canciones y no en estilos predeterminados.

El punto de madurez lo puso “De vino y espejos” con una sencilla y nada pretenciosa puesta en escena, luz tenue y acordes de piano. Como punto y final, “Adiós corazón”, con el que el músico aclaró que esto es un “hasta luego” y que allá por primavera, tras la gira por Latinoamérica, regresará a este lado del Atlántico. Es posible que siguiendo los mismos derroteros. Seguro que con un nuevo giro de guión.

Fotografías: Álvaro González

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