“De Nicolas a Sarkozy”, el acto político de Xavier Durringer

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El pasado 13 de abril se estrenó en las salas españolas De Nicolas a Sarkozy, película que describe el meteórico e inesperado ascenso de Nicolas Sarkozy hasta la presidencia de Francia. El director de la película, Xavier Durringer, un hombre muy comprometido política y socialmente, charló con La Huella Digital en el hotel Casa Fuster de Barcelona acerca de las razones que le llevaron a realizar el filme.

Xavier Durringer
Xavier Durringer, director de “De Nicolas a Sarkozy”

¿Cuál es el propósito principal de la película?
En primer lugar, era la primera vez que se hacía una película sobre un presidente en ejercicio, activo. Para mí era importante hablar de política y de presente. Hacer esta película es un acto político, hablar de una manera objetiva y moral de la conquista de un hombre, Nicolas Sarkozy, que ha cambiado los códigos de la política y que ha decidido instaurar una especie de serial con los franceses haciéndose filmar en todas partes. Allí donde iba se filmaba, ya fuera en la comisaría, a pie de obra, en su vida íntima o haciendo ‘footing’, demostrando a los franceses que era como todos. Instauró una especie de sobre-mediatización y se convirtió en el autor y director de su propia vida, y al final se parece cada vez más a un personaje del ‘star system’.

Era otra manera de hacer política, rompía los códigos de Chirac y de Villepin, que eran tradicionalistas, como la Francia eterna inamovible. Era  más difícil que ganaran los socialistas en aquella época. Y luego está la historia novelesca, completamente increíble y dramática, de la separación con su mujer, la primera vez que una mujer abandona al presidente de la República y ni siquiera le va a votar. ¿No le vota por amor a su amante o porque ya no cree en él políticamente?

¿Cómo fue el proceso de encontrar financiación para esta película?
Muy difícil, porque al principio no teníamos permiso legal para hacer esta película. No se puede hacer una película sobre una persona conservando su nombre verdadero. Con Patrick Rotman trabajamos a partir de un centenar de libros escritos por políticos. Nos ayudaron periodistas que nos contaban cosas, y todo lo que aparecía en la película tenía que estar filmado o contrastado por una fuente escrita. No tuvimos el apoyo de las cadenas de televisión, no hicimos circular el guión y no pedimos ninguna autorización a los políticos. Nadie pudo descubrir la película hasta que se estrenó en Cannes.

¿Está contento con los resultados de taquilla que ha tenido en Francia?
Sí, porque ha tenido 720.000 espectadores y sólo ha costado 5,5 millones de euros, que no es ni la mitad de lo que cuesta en Francia una película media. Hemos hecho mucho trabajo previo para ahorrar costes, ya que no hemos podido encontrar más dinero que lo que dio Canal Plus y algunos préstamos de los bancos. Han sido dos años de trabajo antes de empezar a rodar, sobre todo mucho trabajo de guión. Hubiéramos podido hacer un documental, pero el documental no puede llegar donde yo llego, a los sitios íntimos, con su mujer, con Chirac, con Villepin. Así hemos conseguido que el espectador pueda estar en un rinconcito del salón, asistiendo a los grandes misterios de las decisiones políticas.

¿Qué instrucciones ha dado a sus actores?
Hemos tratado de no trabajar demasiado sobre las manías o tics. Nicolas Sarkozy es casi una caricatura de Denis Podalydès, el actor. Denis es socialista y comprometido políticamente, y aún así quería trabajar el personaje de Sarkozy, aportándole todas sus virtudes y todos sus defectos. El peligro era caer en la caricatura. Hay muchos imitadores de los políticos y había que evitar esto para encontrar credibilidad, interpretar más interiormente que exteriormente, y en esto Denis es un maestro, porque sólo con una película y un traje ha conseguido que en cinco minutos te olvides de la cara real de Nicolas Sarkozy, sin efectos especiales de maquillaje ni nariz u orejas falsas.

También ocurre lo mismo con Bernard le Coq (Chirac), que ha sido durante muchos años el Mr. Schweppes en España, y con Samuel Labarthe (Villepin) y Florence Pernel, (Cecilia Sarkozy). Con esta película hemos podido demostrar que tenemos actores capaces, sin artificio, sólo con su talento, de poder encarnar a estos personajes y hacernos olvidar a los verdaderos.

¿La ambición de Sarkozy acaba en Francia, o quiere ser también el salvador de Europa?
Voy a decir algo que es una provocación: Gadafi quería ser rey de África.

A menudo los políticos son así. Lo vemos mucho en Francia porque repetimos constantemente que si el Siglo de las Luces, la filosofía, la Revolución Francesa… y nos seguimos aprovechando de esa imagen de la quinta potencia mundial, del pasado. Me parece pretencioso. Al mismo tiempo, Nicolas Sarkozy es más querido en el partido que dentro de su propio país. Le gusta viajar y ha trabajado más a nivel europeo que dentro de Francia, donde parece haber abandonado su puesto.

Sarkozy es un personaje complejo, quiere hacerlo todo. Da la impresión de que tiene complejo de superioridad y cree saber más que el ministro de Economía, que el ministro de Sanidad, que todos los ministros, como si le afectara una especie de megalomanía muy importante. Pero esta ni siquiera es una película sobre Sarkozy, sino sobre esa otra manera de hacer política. Nos damos cuenta de que es también el mismo estilo de Putin, que se deja filmar en su cumpleaños, a caballo, con la Harley Davison o pescando truchas y salmones. O incluso Obama, que me gusta mucho, cuando sale con el Rey León detrás, bailando, cantando, cogiendo el micrófono, soltando frases ocurrentes… Los políticos se han convertido realmente en personajes públicos de ‘show’ y participan del ‘star system’, la descalificación a ultranza.

Lo más increíble es que Sarkozy encuentra el amor, pero lo descubre con una modelo que además es cantante, lo que dice mucho de él. Aunque ella le haya aportado lo de leer un libro al día, que por cierto, tampoco sé cómo tiene tiempo para leer un libro al día, porque yo cuatrocientas páginas no puedo… Igual es que ha aprendido a leer en diagonal. Y también dice que ve una película al día. Total, entre una novela y una película al día, no sé cuándo tiene tiempo de trabajar en otras cosas.

¿En qué proyecto le gustaría trabajar en el futuro?
Tengo la adaptación de un libro que se llama La fortuna de Sira. Es una película muy política, sobre la ceguera de los hombres poderosos del mundo. Cuando vemos a un vagabundo o a un africano en la calle, ¿cómo sería si conociéramos su vida, su intimidad? Si viéramos a su familia masacrada, las condiciones en las que vino, tal vez tendríamos otra mirada con respecto a él. Lo que me interesa es cómo se cierran los corazones actualmente, cómo se secan y por qué se secan. Quiero hacer una película así entre Francia, África y Estados Unidos, explicando también los grandes movimientos ideológicos que están ocurriendo y cómo actúan en nuestras propias conciencias.

Y tengo que hacer una pequeña crítica sobre España, porque hay cosas que me chocan. Cuando hay muchísimo paro y una crisis económica muy importante, no entiendo que se pueda pagar a los futbolistas un millón de euros al mes. Me encanta el fútbol, pero me parece que hay una gran desproporción del deporte con respecto a la cultura. Es un dinero importante que se va en revistas y periódicos dedicados al fútbol, no a la cultura, y una sociedad que pierde su cultura pierde también su alma.

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  Imágenes: Mar Seijo/ Mandarin Films
Vídeo: Mar Seijo

2 Comentarios

  1. Pensado,calmado y bien estructurado tu articulo,pienso que podias dar mas.me entendi bien con tu lenguaje,pendiente de lo que escriban los demas.

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