Wrestling y geopolítica: el caso de Alexander Rusev y Lana

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Los asuntos relevantes del panorama internacional suelen trascender los ámbitos de la cancillerías, reuniones en foros y organismos internacionales al más alto nivel y los medios de comunicación que abordan dichas cuestiones. Así, en el mundo del cine, de la literatura o de las artes, los acontecimientos internacionales más importante se proyecten de una forma u otra. También sucede en el mundo del deporte y en la relación entre la geopolítica y una disciplina como el wrestling.

Cuando en 1981 Ronald Reagan llegó a la presidencia de Estados Unidos tenía un claro objetivo en mente: machacar a la Unión Soviética. Desde la llegada de John F. Kennedy a la Casa Blanca, a comienzos de la década de 1960, las relaciones entre ambas superpotencias fueron mejorando. Esto sucedió especialmente después de la crisis de los misiles de Cuba de 1962 en donde el mundo estuvo muy cerca de vivir el invierno nuclear. Tras ese apogeo de la tensión entre ambos países, Kennedy y Jruschov decidieron que las relaciones entre ambos países debían mejorar y establecer mecanismos para evitar la destrucción nuclear. Esta línea iniciada por John F. Kennedy fue continuada por sus sucesores, fueran estos demócratas o republicanos. Sin embargo, la llegada de Ronald Reagan cambió el status quo. Motivado por la llegada de Margaret Thatcher al poder dos años antes que él, Reagan se puso como objetivo finalizar con las buenas relaciones con la URSS. Después de todo, para el que durante la década de 1940 fue informante secreto del FBI en Hollywood, la URSS representaba todo aquello que odiaba y detestaba, ¿cómo poder mantener relaciones cordiales con el Imperio del Mal? Razonaba Ronald Reagan, especialmente cuando bajo sus postulados los EEUU y sus acciones constituían el Imperio del Bien. Finalmente, el bloque del este se vino abajo, (no por la actitud beligerante del ejecutivo de Reagan, aunque ayudó bastante a mostrar las debilidades y contradicciones de los modelos socialistas), el Bien venció al Mal y la Guerra Fría terminó con la imposición de un nuevo orden mundial.

Sin embargo, no son pocos en EE. UU. los que siguen usando la Guerra Fría para explicar los acontecimientos que se suceden en el terreno internacional. La crisis de Ucrania y la anexión de Crimea a Rusia, han renovado en los Estados Unidos los viejos sistemas analíticos propios de aquel periodo histórico. Así, Rusia ha vuelto a ser aquella Unión Soviética que quería expandir el socialismo por Europa y el mundo entero[1], mientra que Estados Unidos continúa siendo la “nación necesaria”, tal y como expresó la antigua secretaria de Estado, Madeleine Albright. ¿Por qué se recuerda esto? Sencillo, en las siguientes líneas se explicará la relación entre wrestling y geopolítica.

Alexander Rusev (Plovdiv, 1985), wrestler profesional./ Miguel Discart (Flickr)

A comienzos del año pasado hacía su debut en la WWE el luchador Alexander Rusev y su mánager Lana. Ambos son (dentro de la ficción de la WWE) de Rusia y lógicamente, ambos tienen el objetivo de destruir todo aquello que esté mínimamente relacionado con los valores estadounidenses Realmente, el bueno de Rusev en un principio era de Bulgaria, pero la vida se mueve rápido y poco después Rusev recordó que el había sido de Vladivostok toda la vida.

A partir de ese cambio de nacionalidad, la carrera de Rusev dentro de la WWE ha despegado como si de la Vostok 1 se tratase. Fue convertido en el héroe de la Madre Rusia y a partir de ahí comenzó a machacar rivales de cierta entidad. Big E, Mark Henry, Big Show o el all american Jack Swagger, que viene a representar los valores más patrióticos y exaltados del nacionalismo estadounidense, fueron sus víctimas. No obstante, el mayor momento de gloria de Rusev dentro de la WWE fue cuando el 3 de noviembre ganó el US Championship. En otras palabras, un ruso, que se autodeclara héroe de la Madre Rusia, consigue un título que representa los valores estadounidenses, contra los cuales Rusev ha declarado la guerra total. Hoy sigue imbatido y parece que en el corto plazo el empuje que está recibiendo por parte de los oficiales de la compañía seguirá su curso ascendente.

Analizando fríamente la situación, Rusev no aporta nada. No deja de ser más que un culturista que en el cuadrilátero deja bastante que desear. Además, apenas tiene habilidades con el micrófono, que suele ser lo principal para poder triunfar en la WWE. Si no fuese por Lana, su representante que vende a su cliente de una forma extraordinaria, Rusev pasaría totalmente desapercibido. Bueno, por su mánager Lana y también por la situación geopolítca actual que ha vuelto a situar a Rusia como un enemigo de Occidente.

La WWE es un microcosmos perfecto en el que se puede analizar, a grandes rasgos y siempre con pinzas, la geopolítica y la política internacional de Estados Unidos. A nadie se le escapa que un tipo sin talento, que primero era de Bulgaria, pero luego de Rusia y que necesita una mánager para poder desarrollar promos, está en un lugar tan privilegiado gracias a las tensiones entre Rusia y Occidente debido a la crisis de Ucrania. Así, Rusev es un personaje que funciona porque el momento político es el propicio. Después de un año viendo, escuchando y leyendo que Rusia volvía a ser aquella potencia peligrosa y expansiva para los intereses occidentales, especialmente para los intereses de Estados Unidos, el ciudadano medio estadounidense observa en Rusev a una proyección de la malvada Rusia. Abucheando y odiando a Rusev, el público estadounidense proyecta sus sentimientos contrarios a Moscú, al tiempo que paga por hacerlo, que es lo que principalmente le interesa a la WWE. Pero no es la primera vez que la WWE usa el recurso del otro para poder ampliar sus ganancias.

En la década de 1980 aparecieron dos personajes claves que nos ayudarán a comprender como la WWE usa los acontecimientos geopolíticos como forma de obtener mayores cuotas de mercado, cuotas de pantalla y por consiguiente, mayores beneficios económicos. Por un lado, tenemos al equipo que fue conocido como The Bolsheviks y por otro lado tenemos a Iron Sheik.

En el primer caso, la pareja estaba formada por Nikolai Volkoff (que en realidad había nacido en Croacia) y Boris Zhukov (que era nativo de Estados Unidos) y representó a la Unión Soviética en los cuadriláteros de la WWE desde finales de 1987 hasta la primavera de 1990, rompiéndose cuando Nikolai Volkoff se dio cuenta que lo que a él le gustaba no era el socialismo, sino el capitalismo de Hollywood, y por consiguiente, volviéndose un patritota estadounidense, mientras que su antiguo camarada seguía fiel a las ideas del socialismo, o por lo menos, a las del antiamericanismo. Ciertamente la pareja no tuvo un gran éxito, pero sí que refleja a la perfección cómo la WWE usa los acontecimientos internacionales.

El segundo ejemplo, el que se refiere a Iron Sheik es aún más representativo que el anterior. Este luchador ganó importancia durante la década de 1980. La situación en Oriente Medio estaba bastante tensa en aquella década. En 1979 se produjo la Revolución Iraní o la Revolución Islámica, liderada por el ayatollah Jomeini, derrocando a la monarquía persa, al tiempo que también eliminaba a uno de los principales aliados estadounidenses en la zona. Desde aquel entonces, las relaciones bilaterales Irán-EE. UU. han sido tensas y complicadas, no existiendo vínculos diplomáticos entre ambos Estados. Esto fue aprovechado por la WWE en la década de 1980 cuando hizo que Iron Sheik representase a Irán dentro de los rings de la compañía, ganándose inmediatamente el odio de la mayor parte de los aficionados. Posteriormente, ya a comienzos de la década de 1990 y aprovechando la Guerra del Golfo, la compañía decidió que Iron Sheik se alinease con Irak.

No obstante, lo que la geopolítica te da, la geopolítica te quita. Es decir, no siempre el uso de un tema geopolítico ayuda a obtener mayores beneficios, sino todo lo contrario. Este fue el caso de Muhammad Hassan. Corría el año 2005 y la WWE decidió que ya había pasado un tiempo lo suficientemente prudencial como para poder usar la cuestión del islamismo radical como pretexto para construir rivalidades y conseguir dinero. La idea parecía buena ya que el nuevo archienemigo de EEUU era el islamismo radical, así que Muhammad Hassan se presentaba a sí mismo como un luchador por la fe islámica, que estaba dispuesto a imponer las normas de la sharía en los cuadriláteros de la empresa. Sin embargo, pronto acabó el ascenso de Muhammad Hassan en la empresa. La dirección erró en sus cálculos y la gente se sintió ofendida y humillada cuando observó cómo la WWE usaba un tema tan polémico y reciente como forma de atraer a más público y generar mayores beneficios. Además, el 7 de julio de 2005 se produjeron los atentados de Londres, que hicieron que el público estadounidense y británico (en donde la afición al wrestling también es importante) recordase más vivamente el 11 de septiembre de 2001. Finalmente, y ante la presión popular y de la cadena que emitía en aquellos momentos los eventos de la WWE, la dirección de la compañía decidió olvidarse de toda aquella historia del islamismo radical y la imposición de la sharía en sus cuadriláteros, causando que Muhammad Hassan cayese en desgracia, para posteriormente ser despedido en septiembre de 2005.

Es imposible precisar cómo se desarrollará la carrera de Rusev y Lana dentro de la empresa. Lo que si está claro es que dependerá del devenir de los acontecimientos internacionales y de cómo reaccione el público de la WWE ante dichos acontecimientos y su proyección dentro la ficción recreada en los caudrilateros. 

[1]     Curiosamente el objetivo de expandir el socialismo no fue nunca una de las prioridades de la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Éstas se movieron más por intereses geopolíticos y especialmente, de seguridad de las fronteras soviéticas con el exterior.

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