Wawrinka la miel, Djokovic la hiel

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Solo un partido separa a Rafa Nadal de la final de Roland Garros. El viernes, el tenista que ha inscrito en siete ocasiones su nombre en el palmarés del torneo de tierra batida de París se enfrentará al número uno mundial, Novak Djokovic (viernes a las 13.00 horas, Cuatro), para dirimir quién alcanza el último y decisivo partido. En los cuartos de final, Stanislas Wawrinka no ha sido rival para el jugador español, que derrotó con mucha claridad al suizo en menos de dos horas (6-2, 6-3, 6-1).

Rafa Nadal (27) en un lance del partido de cuartos de final frente a Stanislas Wawrinka. Fuente: Roland Garros
Rafa Nadal (27) en un lance del partido de cuartos de final frente a Stanislas Wawrinka. Fuente: Roland Garros

Muy pocas semejanzas pueden encontrarse entre el inicio arrollador del actual campeón en su compromiso de cuartos con respecto a los arranques de partido que protagonizó en el comienzo del torneo. Frente a la levedad que mostrara entonces, más atento por guardar físico y hacer crecer poco a poco su juego, derrochó ímpetu y ambición contra Wawrinka, abriendo el abanico de resortes que le han hecho casi infalible en las grandes citas.

Nadal pisó el terreno desde el que se pueden imponer la jerarquía en el partido y el ritmo necesario para mandar en los puntos. Dos o tres pasos por detrás de la línea de fondo y prioritariamente en el eje de la cancha. Desde allí, alternó golpes que no dejaron al helvético estar cómodo. Le obligó a golpear pelotas altas, desde la esquina izquierda de su cancha y con el revés a una mano: esta jugada, repetida una y otra vez, se convirtió en una tortura para Wawrinka.

El suizo tuvo que jugar muchos puntos desde este inhóspito recoveco de la pista hasta donde le llevaba el dominio del español. Muy superior Nadal, castigaba el perfil menos natural del tenista alpino. Tampoco le permitía, excepto cuando conseguía poner en juego la pelota con su primer servicio, hacerse dueño de los puntos. Se desplazaba Wawrinka muy alejado de la red, desde una esquina de la cancha hasta la otra, en un ejercicio baldío. Los disparos del balear, a gran altura, pesados, lentos y con mucho efecto le estaban destrozando.

La pelota que golpea Nadal es la que más veces gira en el circuito desde que sale de su raqueta hasta que llega a la del rival. Impregna el especialista en arcilla con un efecto indomable a sus lanzamientos. El drive, intermitente a lo largo del torneo, profundo y muy liftado provocó una recua de errores en su atribulado rival. También desplegó certeros golpes con su revés plano acelerado, un recurso interesante y no solo defensivo. La amplitud de sus registros, otra de las grandes ventajas frente a los rivales, ha ocultado la versión más emocional del de Manacor, innecesaria hasta la fecha.

Empezó el partido con rotura de saque para el español. Pronto volvió a quebrar Nadal, que terminó certificando en unos cuarenta minutos el final del primer set. Abrumador y solvente el aspirante. Abrió la segunda manga un atisbo de reacción del suizo, que duró hasta el sexto juego. Dos break seguidos deshicieron el empate (3-3) que había forzado ‘Stan’ rompiendo el servicio del isleño. La mejoría de Wawrinka, que pareció más duro y vivo golpeando rápido con su derecha, solo le sirvió para alargar la duración del set y ganar un juego más.

Los escasos réditos que le reportó el impulso tomado, desanimaron a Wawrinka. Nadal encarrilaba el pase en un partido impecable, sin apenas sumar errores. El tercer set fue un paseo apacible impropio de un cruce de cuartos. Novak Djokovic, que se impuso al veterano Tommy Haas (6-3, 7-6, 7-5) será el siguiente obstáculo a sortear en la carrera hacia el octavo título en París. El serbio es el único tenista del top ten al que no ha ganado Nadal desde su reaparición. Por el otro lado del cuadro, el alicantino David Ferrer se enfrentará con Jo-Wilfried Tsonga. El local busca reverdecer la gloria de ‘la grandeur’ tres décadas después de la victoria de Yannick Noah.

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