Wawrinka consigue su primer Grand Slam ante un mermado Nadal

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El tenista suizo se deshizo en cuatro mangas (6-3, 6-2, 3-6, 6-3) del número uno mundial y le privó de su decimocuarto torneo ‘major’, registro con el que igualaría los registros de Pete Sampras. El balear jugó lastrado todo el partido por una lesión lumbar y aguantó como un héroe hasta el final en la pista azul de Australia.

Stanislas Wawrinka (28), conquistó en Melbourne su primer Grand Slam. Foto: mirsasha (flickr)
Stanislas Wawrinka (28), conquistó en Melbourne su primer Grand Slam. Foto: mirsasha (flickr)

Wawrinka ganó y certificó en Australia el primer ‘Grand Slam’ de su carrera. Era su primera final en un torneo de los cuatro grandes y no defraudó a su afición, aunque ante él tuviera a un rival poderoso mentalmente pero a quien el dolor no daba tregua. El suizo ya había derrotado, contra todo pronóstico antes de llegar a esta final, al número 2 del mundo en cuartos de final, Novak Djokovic, y en semifinales a Tomas Berdych, antes de medirse y también conseguir la victoria ante Rafa Nadal.

El partido no comenzó bien para el español. Un 6-3 en el primer set hacía presagiar que algo no iba bien en el físico de Rafa. Bien es cierto que Wawrinka metió la directa y a base de grandes golpes consiguió sacar al balear de la pista. En la segunda manga se supo qué pasaba con el balear. Con un resultado favorable (3-1) para el suizo en el segundo set y cuando de nuevo volvía a hacerle un ‘break’ en contra, Nadal se llevó la mano a la espalda.

La cara visiblemente desencajada por el dolor, un saque que no superaba los 150 Km/h y sin ver por ningún lado la chispa y el entusiasmo de correr hacia todas las bolas como nos tiene acostumbrados, eran los síntomas que confirmaban las sospechas. Masajes de su fisioterapeuta, Hugo Granville, en el descanso de cada juego y una retirada de varios minutos hacia el vestuario para inyectarle antiinflamatorios, pudieron ver los espectadores durante este segundo acto de juego. Después del encuentro se supo, de boca del manacorense, que ya en el calentamiento previo notó que su espalda y un dolor lumbar que le dejaba ‘clavado’ en cada pelota no le iban a permitir jugar al 100% de sus condiciones físicas.

Con este contratiempo y con dos juegos abajo, la pregunta era clara. ¿Había que abandonar?. La respuesta de Nadal también lo era. Ganó el tercer set (6-3) y descompuso mentalmente a Wawrinka. Saber qué pensamientos se le pasarían por la cabeza al suizo sería impagables. ¿Cómo un tenista que apenas podía correr y jugaba al trote podía ganarle un set? El tenista mallorquín, tras los cuidados y con aparente mejoría gracias a la medicación, mejoró en su dinamismo y potencia de golpeo, lo que le valió para asombrar a todos los espectadores de la pista azul y para demostrar de nuevo su fortaleza. La España que ama el deporte no daba crédito a lo que veía una mañana como la de hoy.

Las redes sociales echaban humo. Había quienes comentaban que si Rafa Nadal daba la vuelta al partido y ganaba en esas condiciones, podría provocar la retirada antes de tiempo de Stanislas Wawrinka. Exageraciones y tremendismo al margen, el suizo no se descompuso y logró finalmente una victoria -que parecía lógica- y cerró el partido en el cuarto y último set.

Con este resultado, Wawrinka ha conseguido llevarse a sus vitrinas tan ansiado trofeo y poder celebrarlo visiblemente emocionado junto a su entrenador, Magnus Norman. El suizo, que tras perder dos finales de Masters 1000, una ante el mismo rival que hoy en 2013, ha podido quitarse la espina y seguir su camino en lo que habrá sido una gran inyección de moral. Por el contrario, Rafa Nadal, tendrá que seguir luchando para igualar a un mito del tenis, como lo es Pete Sampras, y esperar para poder cosechar su decimocuarto ‘Grand Slam’. 

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