‘War is over’

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En un intento por evitar graves contratiempos, Barack Obama ha retirado con unos días de antelación los destacamentos militares que su país mantenía en Irak. El presidente de Estados Unidos ensalzó, en un conmovedor discurso, el trabajo de las tropas en territorio iraquí, pasando discretamente sobre las significativas cifras de soldados que han perdido la vida durante estos ocho años de intervención militar.

Obama aseguró que “es hora de recomponer el país y recuperar el sueño americano”. Sin embargo, sería interesante escuchar las explicaciones del presidente estadounidense a las familias de los militares fallecidos en combate, a las de los civiles iraquíes y a los cientos de miles de desplazados que el conflicto ha dejado tras de sí. Armas no habría, pero después de la guerra el mundo es un lugar mejor, menos para los muertos.

Pacificamos el mundo a tiros. No tiros metafóricos, no, tiros de los que matan gente y dejan olor a pólvora en las manos de un soldado que no comprende pero acata las decisiones de un gran hombre con corbata. Muertos en plural, porque cada muerto en esta guerra no es sólo responsabilidad del soldado que dispara, del fabricante de balas o del burócrata que firma papeles en un despacho anónimo. También es responsabilidad nuestra, de todo aquél que es cómplice de un sistema que trocea sus principios más sagrados.

La invasión de Irak ha jugado a las canicas con el principio de no injerencia y con la opinión pública, convirtiendo esta guerra no sólo en ilegal, sino también en inmoral. Bush buscaba armas de destrucción masiva; Obama, la democracia para el pueblo iraquí. Pero todos tenían poderosas razones que justificaban tirar de gatillo a miles de kilómetros de casa. Todos tenían una sonrisa para salir en la foto y un discurso pensado para enaltecer la patria, los principios democráticos y todas las demás cosas que no les importan un bledo. Ahora tienen cifras indecentes de muertos y una bandera descolorida en la embajada.

¿Cuánto tiempo seguiremos permitiendo que se legitimen atrocidades en nombre de la seguridad? ¿Hasta que punto estamos dispuestos a ceder? Permitimos que se nos despoje de la intimidad de las llamadas telefónicas, los correos electrónicos o nuestros datos personales; aceptamos que se nos cachee e interrogue en aeropuertos, que la presunción de inocencia sea un rumor del pasado y el ‘habeas corpus’ un latinajo sin significado real; transigimos con imposiciones paranoicas para poder dormir por las noches sin pesadillas, pero descansamos tranquilamente sabiendo que se libran guerras en nombre de esa seguridad. Una seguridad manchada de sangre y de lágrimas, de injusticia triste y culpable.

La vieja y egoísta Europa sólo levanta la mirada de su ombligo para echar unas monedas, en ademán paternalista, a esos países que tiene a bien calificar “en vías de desarrollo”, así que no nos extrañemos cuando asiente, asustada y confusa, a las medidas que los Estados Unidos proponen a fin de salvaguardar su desgastado y cada vez más rancio ‘statu quo’.

De modo que Estados Unidos retira las tropas de Irak, un país que, tras ocho años de ocupación, mira hacia un nuevo horizonte desolado e incompleto. Al menos se libraron de Sadam Hussein. Ojalá les compense.

Fotografía: Imágenes Gratis

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