“Wáluk”, el alegato ecologista de Ana Miralles y Emilio Ruiz

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“Ahora, cuando ya es una realidad el cambio climático y las navieras de todo el mundo diseñan por el Ártico nuevas rutas de verano para sus barcos, mientras los países del entorno luchan por recursos naturales como el gas y el petróleo, el mundo del oso desaparece y los vemos aferrarse a un trocito de hielo en mitad del mar, agotados de nadar”. Quien suscribe estas palabras no es otro que el guionista Emilio Ruiz (Santander, 1960), responsable junto a la ilustradora Ana Miralles (Madrid, 1959) de la hermosa fábula ecologista Wáluk, un cómic que pretende concienciar a jóvenes y adultos sobre la necesidad de cuidar nuestro planeta.

Portada Wáluk

Editada por Astiberri, la obra se adentra en las peripecias de Wáluk, un joven oso polar que, tras ser abandonado por su madre, deberá aprender a valerse por sí mismo con la ayuda de Esquimo, otro oso polar más viejo y resabiado. Más allá de una mera defensa de la naturaleza, el libro desarrolla otros aspectos fundamentales, como el cuidado de los ancianos, la brutalidad del hombre o el verdadero sentido de la amistad. Y todo a partir del sólido guión escrito por Ruiz, cuyo trabajo nunca sería el mismo de no contar con las bellísimas imágenes de Miralles, una de las dibujantes españolas más internacionales y ganadora en 2009 del Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona.

Ambos autores charlan con La Huella Digital acerca de su nuevo tebeo, que formó parte de la Selección Juventud en la última edición del prestigioso Festival de Angoulême (Francia).

¿Qué les empujó a hacer esta obra?
Ruiz: La idea surgió principalmente como una obra de iniciación centrada en las relaciones humanas. El oso polar era un vehículo perfecto dado su popularidad. Decía Desmond Morris que estos animales, desde que se hacen encuestas, siempre han estado entre los diez primeros preferidos de la gente. Los elegí para encarnar emociones humanas, no tanto para denunciar el calentamiento climático y su posible desaparición. Luego, el proceso mismo de documentación me hizo tropezar con el fenómeno cultural del oso polar, de una riqueza inimaginable que traspasa milenios, culturas, continentes…

Se han publicado multitud de libros de corte ecologista. ¿Qué tiene el suyo de especial?
Miralles: Es una fábula que pone en boca de animales problemas que preocupan a los humanos. Es nuestra forma de abordar temas importantes, utilizando como protagonistas a unos osos necesariamente humanizados. Sus problemas son iguales a los nuestros: la supervivencia, el entorno, la soledad, la muerte… Y a todos nos afectan por igual. Por eso nos sentimos identificados con ellos.

¿Por qué un oso polar como protagonista de la historia? Quiero decir, habiendo tantos animales en el mundo, ¿por qué éste precisamente?
Ruiz: Suscita todo tipo de simpatías a pesar de ser el carnívoro terrestre más grande que existe. También por su plasticidad postural, que me servía para hibridarlo con las personas: se tumban, se plantan de pie, se abrazan e incluso bailan. Además, son animales muy limpios y agradables a la vista, lo que facilita la necesaria identificación con el lector.

Viñeta Wáluk

Cuando hablan de “osos necesariamente humanizados”, ¿a qué se refieren?
Miralles: Son unos animales muy plásticos, a veces parecen humanos disfrazados de osos. Por sus actitudes, su inteligencia o su expresividad, están más cerca de nosotros que otros muchos animales. Y están en una situación crítica, como nosotros, aunque para ellos sea más evidente y urgente, ya que su mundo desaparece ante nuestros ojos. Era necesario establecer el paralelismo y la forma era humanizando sus expresiones.

Emilio, usted señala en el prólogo que Nanook, el esquimal fue una de las grandes influencias de este cómic. ¿En qué medida se encuentra presente el documental en las viñetas de Wáluk?
Ruiz: De forma alegórica, referido a la lucha por la supervivencia. Nanook, el esquimal forma parte de mi memoria emocional. Como todas las cuestiones, se debe enmarcar en su tiempo. Es una película de ficción más que un documental. Me parecía un buen preámbulo para la historia, algo que recordara a la relación entre Wáluk y Esquimo. El pasado cimenta nuestra futuro, algo que en el mundo de la ciencia se resume con la famosa frase de Newton: “Si he logrado ver más lejos ha sido porque he subido a hombros de gigantes”.

¿Falta aún mucha concienciación sobre los derechos de los animales?
Miralles: Por supuesto. Nuestra cultura se cimenta en la idea de que el ser humano es el rey de la creación y que la naturaleza está a nuestro servicio. Afortunadamente este concepto está cambiando, pero tal vez no lo suficiente como para que lleguemos a salvar a algunas especies en peligro de extinción.

¿Y sobre el daño que la mano del hombre provoca en la salud del planeta?
Ruiz: Es evidente. Desde que estaba en el instituto, allá por los años 70, se nos bombardeaba con los problemas medioambientales, como la desaparición del Amazonas o la superpoblación. No se conocía todavía el efecto invernadero, pero ya estábamos bien aleccionados. Recuerdo aquel disco de Supertramp, Crisis, what crisis?, donde un turista en bañador tomaba el sol en su tumbona, con su sombrilla en mitad de un vertedero. Se nos viene advirtiendo del deterioro desde hace décadas. Ahora es un clamor en gran medida irreversible.

Aunque se trate de una fábula para niños, ¿consideran que este libro también es apto para un público adulto?
Ruiz: Sin duda, esa fue la intención. Soy de la opinión de que los niños no son tontos ni personas a medio hacer. Aquella visión de que la mente de los niños se llena con conocimientos ha dado paso a la más lógica teoría de que su mente se estimula, se pone en marcha. Por tanto, no reconozco diferencia entre adultos y niños más allá de las dadas por la lógica carencia de experiencia vital y sus implicaciones.

Viñeta Wáluk

Ana, ¿cuál fue su aproximación al guión de Emilio Ruiz?
Miralles: En realidad no hay tal guión. El texto es un relato que Emilio escribió para publicar en forma de cuento, y la idea primera era ilustrarlo. El proyecto se quedó hibernando varios años sin haber llegado a concretar nada, hasta que en 2010 decidimos hacer una historieta con él. He tenido muchas dudas para decidirme sobre un estilo gráfico. Trabajé muchas ideas, desde el punto de vista más pictórico, como ilustración infantil, a osos más gamberros, más ‘cartoon’, pero nada me convencía. Al final me quedé con la opción que me daba mayor seguridad a la hora de dotar a los personajes de expresividad. A menudo los dibujantes creemos que tenemos infinitas posibilidades de plantear el tema gráfico, pero no es cierto, al menos en mi caso. Haces lo que haces porque en realidad no podías hacer otra cosa.

¿Ha tomado algún referente a la hora de realizar este cuento?
Miralles: He buscado la información en fotos y documentales del Ártico, ya que no he estado allí y, cuando abordas un paisaje desconocido, todo son dudas. Hemos recabado muchísima información gráfica, más de la necesaria. Otro aspecto que me ha ayudado a comprender, aunque no está reflejado en la historia, es el arte ‘inuit’, que muestra cómo entienden ellos el entorno donde viven y los animales que lo habitan.

Viñeta Wáluk

En la actualidad están trabajando en su nueva obra conjunta, Muraqqa. ¿Qué nos pueden avanzar de la misma?
Miralles: Es una serie prevista en cuatro álbumes en la que hablaremos de las aventuras de nuestra protagonista, Priti, una dibujante en la corte del emperador mogol en el siglo XVII. Se aloja en el Zenana, el harén indio, porque ha recibido el encargo de pintar las ilustraciones de un libro que ensalce a las mujeres allí reunidas.

Ruiz: La cultura mogol surgió de la expansión de los señores del centro de Asía que huían hacia el este buscando nuevos territorios, conquistando el norte de la India en el siglo XV. Floreció durante 300 años con un fulgor inusitado, llegando a ser un imperio de más de cien millones de súbditos y creando una cultura ecléctica, fusión de aspectos musulmanes e hinduistas que tuvo su máximo exponente en la arquitectura (el Taj Mahal) y la pintura (los muraqqas). Los ingleses pusieron fin a aquel periodo en 1857, durante el famoso Motín de los Cipayos, con una crueldad y violencia odiosas a los ojos actuales.

Miralles: Me resulta apasionante viajar en el tiempo a través de una dibujante de aquella época. Nuestra protagonista es ficticia, pero el verdadero viaje lo he realizado con las magníficas ilustraciones que nos dejaron aquellos pintores. Su descubrimiento fue una revelación para mí. El tema de los harenes me interesa mucho. Intento comprender, saber más de un lugar tan cerrado, del que las únicas referencias que nos han llegado son los relatos sulfurosos de los viajeros occidentales que supieron de su existencia. Las voces que nos han hablado desde dentro se pueden contar con los dedos de una mano.

+ Info Astiberri:
Página web oficial.

Imágenes cedidas por Astiberri

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