Voces contrapoder frente al oscurantismo

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Toda la explosión informativa que ha surgido de las raíces de Wikileaks supone, tanto para sus defensores como para sus detractores, un impacto social de magnitudes desorbitadas. El hecho de que se confirmen de una manera tan descarada las sospechas que muchos ciudadanos ya tenían hace que se tambalee el mito democrático en el que vivimos.

Tras estas publicaciones, decepción podría ser un término aplicable al pensamiento social. No obstante, no creo que exista sorpresa alguna en la sociedad. Los contenidos que están saliendo a la luz no son nuevos, no nos resultan extraños. ¿Por qué? Porque la sociedad es consciente de que el mito democrático que nos han inculcado tiene tremendas lagunas oscuras. En el ideario social, la imagen de honrados gobernantes va decayendo cada vez más gracias al descubrimiento de los intereses que mueven a dichos poderosos. Se podría decir entonces que Wikileaks es una de estas puertas de conocimiento que se nos han abierto. Y lo mejor es que va a ser imposible cerrarla, por mucho que lo intenten. De todas partes del mundo saldrán colaboradores que quieran continuar con este proyecto. La red, con sus múltiples facilidades -instantaneidad, difusión masiva, etc.-, hará el resto.

Estamos por tanto ante un instrumento contrapoder totalmente revolucionario para los tiempos que corren. La nueva lucha contra el oscurantismo de los Estados se lleva a cabo desde la red y, lo que es más importante, desde los entresijos mismos de esos Estados. Con Wikileaks por un lado, y con las acciones que están llevando a cabo sus miles de colaboradores (en referencia a las acciones de los hackers en las webs de Visa y Mastercad) por otro, se está demostrando la vulnerabilidad que tienen los sistemas políticos. Esto explica el éxito global de Wikileaks: hay mucha gente decepcionada con el sistema actual y esta es una herramienta que sirve para corroborar los errores y desconfianzas del mismo.

La población reclama información, exige saber qué está pasando en los pasillos del Poder. Más que nada porque es una población que ha colocado ahí a ese Poder, del que demanda ciertas responsabilidades. Por ello, los sistemas políticos, incluidos aquellos que se consideran democráticos, tienen que enfrentarse a un examen de transparencia hasta entonces desconocido. El miedo de los gobernantes ante esta herramienta nace básicamente del suspenso generalizado que supondría para todos aquellos que ostentan la dirección y gestión de los Estados. De ahí que desde Europa se condene de manera constante a Wikileaks. Saben del peligro que supondría la aparición de cables secretos en sus propias tierras. ¿Quién no criticaría la información que está siendo publicada en la que se desvelan secretos de EE.UU? Alguien que teme la futura publicación de sus propios secretos. Lo cual confirma la suciedad y el olor a podrido que se esconde en nuestro personaje político por excelencia: el Estado. Al mismo tiempo, daría miedo desvelar una filtración de cables interempresariales donde se viesen los verdaderos propósitos de esos especuladores que mueven los mercados a su antojo. Tiempo al tiempo…

Ahora bien, ¿la publicación de esos secretos podría considerarse periodismo de investigación? El que esto escribe lo duda. Si bien es cierto que se están desvelando aspectos secretos de una organización que se querían mantener ocultos, creo que en todo el proceso de Wikileaks falta una pieza clave en el periodismo de investigación: la figura del profesional que trabaja e investiga para desvelar todos esos secretos. El proceso de Wikileaks es el siguiente: una fuente del Departamento de Estado de EE.UU. filtra información que llega a manos de Wikileaks. Asimismo, desde esta organización mediática se contacta con cinco medios de comunicación (The Guardian, Die Spiegel, El País, The New York Times y Le Monde), a los cuales se les concede la exclusiva de las publicaciones, con el objetivo de difundir masivamente la información a los ciudadanos. Los diferentes diarios reciben esos miles de informes, los analizan, se aseguran de la fiabilidad de su contenido y de las fuentes y finalmente “los traducen” para que los ciudadanos, de manera más legible, puedan entender el contenido de las filtraciones. Pero, ¿dónde está el profesional que busca la información oculta? ¿Quién es esa persona que encuentra un filón del que obtener información secreta y comienza una investigación exhaustiva?

Desde luego los cinco medios de comunicación no son esa persona porque a ellos les ha llegado la información empaquetada, sólo tenían que leerla y publicarla. No han investigado, no han perseguido una información para luego mostrarla. Wikileaks tres cuartos de lo mismo, es un mero transmisor. Ha recibido una información de una fuente y la publica. Diríamos entonces que estamos viviendo una especie de periodismo de fuentes en el que la información va pasando de mano en mano hasta que llega a los ojos del lector. Con esto uno no quiere desprestigiar el trabajo que están haciendo los medios de comunicación elegidos por Wikileaks. Es obvio que en sus redacciones están realizando una labor importante de contraste de datos, análisis profundo de lo que reciben, lectura sistemática para no caer en errores, y demás funciones con el fin de mostrar una información relevante sin fisuras informativas.

De hecho, el tremendo error que vivimos en este país en torno al tema Wikileaks es la terrible competencia intermediatica que sufrimos. Javier Moreno (director de El País) y Borja Bergareche (subdirector de ABC) criticaban contundentemente el martes pasado en el Caixa Forum la negativa del diario El Mundo a publicar nada relacionado con Wikileaks (excepto aquello que tenga que ver con el juicio de Julian Assange). Fruto de la competencia entre medios, el diario de Pedro J. Ramírez se niega a publicar información que ha obtenido otro periódico, sólo por el hecho que supondría empezar su noticia escribiendo “Como publica El País hoy”. Tal como afirmaba Alicia G. Montero (directora de ‘Informe Semanal’ de TVE), El Mundo está obligando a sus lectores a comprarse El País si quieren informarse del tema Wikileaks, lo cual es un error social en la era de la información. Realmente, mencionamos a El Mundo, pero es un error de todos los medios no difundir una información tan relevante para la sociedad, sólo por no mencionar la gloria de un competidor. Es deprimente. Al menos Bergareche hizo autocrítica en este sentido.

De esta situación, los medios de comunicación deberían plantearse una serie de cuestiones. Son filtraciones repentinas y el nacimiento de Wikileaks lo que ha despertado todo este envoltorio de secretos e informes ocultos. No ha sido un medio de comunicación quien lo ha hecho, cuando así debería haber sido. Sí, han publicado la información, pero su constante visión en los negocios y los beneficios les ha separado de la investigación y de lo que hubiera supuesto la realización de un verdadero periodismo puro en el que los periodistas son los que buscan, encuentran, cotejan, publican, desvelan y denuncian públicamente los secretos que tan ocultos se quieren mantener. Lo que está claro es que hoy en día no sólo los medios son la voz y el megáfono de la sociedad. Hay muchas más voces dispuestas a denunciar los secretos del Sistema, lo cual se agradece. EE.UU. es sólo el principio, quien no lo quiera ver es que no sabe de qué va esto.


Fuentes de las imágenes:
http://www.chrisjhill.co.uk/public/uploads/2009/10/v-for-vendetta.jpg
http://alt1040.com/2010/07/el-caso-wikileaks-dont-feed-the-troll
http://ipad-wallpaper.org/wp-content/uploads/2010/05/V-for-Vendetta-iPad-Wallpaper.jpg

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