Vocaloid: la consolidación de la música como producto comercial

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Concepto de Vocaloid | vocaloid.com
Concepto de Vocaloid | vocaloid.com

Tiene más de siete álbumes de estudio en el mercado, más de un millón de canciones -publicando entre cuatro y cinco nuevas cada día-, 225.000 vídeos musicales en la plataforma Youtube, más de cinco juegos para las consolas de sobremesa más conocidas, sus ventas totales ascienden a unos 7.280.000.000 de euros y su popularidad la ha llevado a participar tanto en anuncios de coches como en un especial de la revista Playboy Japón. Por si fuera poco, nunca se ha puesto enferma y nunca ha tenido que cancelar uno de sus conciertos. Millones de fans en todo el mundo cantan, bailan y se visten como ella. Con todo esto podríamos estar enfrentándonos a la diva del pop más poderosa del mundo, ¿el único problema? Que no es humana.

En 1997 Xavier Serra, director del grupo de Tecnología Musical en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, empieza a trabajar con su equipo de ingenieros en el desarrollo de sistemas para sintetizar la voz en los karaokes, unos años después, la empresa japonesa Yamaha se pone en contacto con Serra para financiar su proyecto de investigación. Así surge la idea de Vocaloid, un software de síntesis de voz capaz, no solo de recrear música instrumental, sino de cantar gracias a una grabación real de sonidos -o fonemas- que el consumidor modifica para crear música vocal a su antojo.

El éxito del programa

En poco tiempo, el programa se convierte en un éxito entre productores y aficionados de la música, por ello Yamaha decide hacerse con los derechos del software y lanzar unos meses más tarde Vocaloid 02. Sin embargo, y para esta nueva edición, la empresa japonesa decide diseñar una imagen que abandere su producto: una niña de dieciséis años, vestida de colegiala, con coletas y pelo color azul verdoso, de nombre Miku Hatsune o El primer sonido del futuro. La reacción entre los jóvenes no se hizo esperar: millones de adolescentes enloquecieron automáticamente por la imagen de Miku y la coronaron como la primera diva virtual. Por ello Yamaha añadió un nuevo eslogan a su producto: ‘Vocaloid, un cantante en cada caja’.

Con el paso de los meses, el fenómeno se convierte en una realidad para todo el continente asiático y Yamaha, en colaboración con Crypton Future Media, comienza a desarrollar los primeros conciertos en directo de Hatsune. Todos acuden para ver a la joven diva, que es proyectada en una superficie semitransparente que logra un efecto en tres dimensiones. Si bien los espectadores son conscientes de no encontrarse ante una persona de carne y hueso, su ilusión es la misma que la de cualquier otro fan en presencia de su ídolo. Y tiene sentido, ya que el ‘falso holograma’ está pensado para asemejarse a un humano, no solo en su físico o su personalidad, sino en detalles que podrían pasar desapercibidos en un primer momento. Por ejemplo, Crypton ha diseñado coreografías para la cantante, que si bien podrían sincronizarse perfectamente con la música, no lo hacen; o, por otra parte, han añadido inspiraciones de aire en sus canciones e incluso ecos para su sonido en directo. Estos detalles -o pequeños fallos humanos- son los que dotan a Miku de una visión como ente real entre sus fans.

El fenómeno fan y la participación sobre el concepto

Al preguntarle a la empresa por su rotundo éxito Yamaha declara lo siguiente: “El mismo día del lanzamiento millones de personas estaban compartiendo sus propias creaciones -el famoso fan art– en tiempo real a través de las redes sociales”. Y es que el fenómeno Hatsune solo se entiende dentro de una estrategia comercial propia del siglo XXI que aprovecha Internet para conectar y hacer participes del concepto a todos los consumidores en tiempo real, logrando que el producto sea construido por y para los propios usuarios.

Si bien Yamaha ha seguido diseñando nuevos sintetizadores de voz y por tanto, nuevas ‘estrellas virtuales‘, la libertad y los derechos del consumidor han quedado intactas, ya desde un inicio la empresa ha dado completa libertad a los usuarios para reutilizar la imagen de sus cantantes o reinventar su concepto para orientarlo a nuevos objetivos y llegar incluso a comercializarlo. Cualquier persona interesada en la creación musical puede recurrir al software para producir y vender sus propias composiciones, una ingeniosa táctica que devuelve el poder a las manos del compositor exento ahora de la dependencia de una discográfica y un cantante.

Vocaloid y el modelo de venta del siglo XXI

La industria musical de nuestros días, indiscutiblemente capitaneada por el estilo pop, pone de manifiesto un sistema de producción basado en el lanzamiento de artistas o personajes-marca sobre los cuales se estructura un modelo de venta basado en la comercialización de una imagen y su respectiva voz asociada. Sin embargo, tanto imagen como voz caen más del lado de la fantasía que del de la realidad. Ya sea por el maquillaje, el vestuario, los arreglos vocales, o las entrevistas a golpe de guion, lo cierto es que nuestra generación conoce más productos musicales que cantantes per se.

En este tipo de modelo de producción, el producto base -el cantante-, es elevado a la categoría de deidad, ya sea por su propio equipo de trabajo o por sus fans, de forma que la relación entre ambos se convierte en un movimiento casi religioso. Sin embargo, esto demuestra ser ineficaz a largo plazo, ya sea porque los jóvenes se vuelven adultos o porque las estrellas se acaban apagando a base de escándalos, pero ¿qué ocurriría si pudiésemos quedarnos solo con el lado bueno de la fama, si pudiésemos otorgar ese estatus de semidioses a entes que no son humanos? ¿No sería entonces una diva virtual un mejor recipiente para la fama que un adolescente real?

Lejos queda la naturalidad en la música comercial del siglo XXI, hoy en día la importancia reside en el peso final del producto, cualquier nimiedad, cualquier detalle -saber o no cantar-, es algo que se puede solucionar con facilidad. Vocaloid no es sino la realización total de ese concepto al que se dirige -o en el que se encuentra estancada para los más pesimistas- la música popular de nuestros tiempos.

Si bien el software está orientado para el público asiático, tanto la personalidad de los Vocaloids como sus canciones están creadas en su mayoría por fans, de forma que, si el producto logra introducirse en occidente -cosa que ya está ocurriendo- nosotros mismos reconstruiríamos su concepto para adaptarlo a las preferencias musicales y artísticas de nuestra propia cultura. Recordemos que Japón nos lleva algunos años de ventaja en tecnología, y los productos que allí triunfan más tarde o más temprano lo harán en Europa.

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