Vive Nueva York

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Unas siete horas y media de vuelo y más de cinco mil kilómetros separan el aeropuerto de Barajas del JFK de Nueva York. Para llegar a esta maravillosa ciudad es necesario, como se dice coloquialmente, cruzar el charco y echarle paciencia, puesto que las medidas de seguridad son muy rigurosas a la hora de viajar a Estados Unidos.

Si ya de por sí estar dos horas antes en el aeropuerto para facturar y pasar los controles rutinarios es un engorro, todo esto se multiplica si nuestro destino es USA. Una vez pasado el detector de metales convencional te diriges a la puerta de embarque con la emoción típica de un viaje de tal envergadura, pero la sonrisa desaparece de golpe cuando te percatas de lo que se avecina: el personal de seguridad te espera para cachearte y, después, hurgar en tu equipaje de mano. Cuando esta fase concluye, eres libre para embarcar en el avión que, en este caso, se dirige a la Gran Manzana.

Al aterrizar lo primero que ves son banderas de Estados Unidos por todas partes, pero realmente no sientes que has llegado hasta haber pasado el control de inmigración y aduanas y haber recogido tu equipaje. En ese momento es cuando, a ciencia cierta, sabes que Nueva York te espera.

Alojamiento

Una ciudad como Nueva York dispone de una gran oferta hotelera que se adapta a todos los gustos y a todos los bolsillos. Si necesitamos un hotel exclusivamente para dormir, el Hotel Pennsylvania es nuestra mejor opción. Es un hotel económico, sin ningún tipo de lujos pero con una situación inmejorable: se encuentra en la Séptima Avenida, frente al Madison Square Garden y a tan sólo 15 minutos andando de Times Square; puede decirse que está prácticamente en el corazón de Manhattan y muy surtido de medios de transporte, ya que por allí pasan varias líneas de autobús y dispone una de las principales estaciones de metro: Penn Station.

Qué visitar

De la Gran Manzana puede visitarse absolutamente todo porque simplemente caminar por Times Square ya es toda una experiencia, pero hay ciertos lugares que son de paso obligado.

Nueva York se compone de diferentes barrios o zonas. Algunos de ellos no son recomendables para los turistas, como por ejemplo el Bronx, debido a su alto índice de delincuencia, pero si no visitamos esas zonas, perdemos parte de la esencia de la ciudad. Una forma segura de pasar por los sitios “prohibidos” es contratar la excursión Contrastes de Nueva York, que dura aproximadamente 4 horas y recorre el Bronx, Harlem, Queens, Brooklyn y el barrio judío. La excursión finaliza en Chinatown por lo que se puede aprovechar para hacer compras y empaparse de la cultura oriental. De la misma forma, es interesante pasear por Little Italy y el SOHO, una zona peligrosa para nuestro bolsillo, ya que los escaparates de las tiendas son irresistibles.

Se dice que quien cruza el Puente de Brooklyn andando vuelve a Nueva York en menos de dos años. Ya sea por superstición o no, caminar sobre este puente tiene mucho encanto. Y si lo que quieres es ver la bahía, puedes tomar un ferry gratuito que sale de Staten Island.

Nadie puede irse de Manhattan sin subir al Empire State Building y ver la panorámica que se ofrece desde el piso 86. Dicen que es preferible hacerlo al atardecer, pero por experiencia propia puedo afirmar que al anochecer la vista de la ciudad es excelente.

Si llegas a una plaza repleta de luces de neón, no lo dudes, estás en Times Square. Cualquier momento es bueno para darse un paseo el lugar pero por la noche tiene un encanto especial porque, además de todos los letreros luminosos, la plaza está llena de vida. Puede decirse que Nueva York nunca dueme, y encontramos un ejemplo claro en los múltiples restaurantes 24 horas que hay por la ciudad.

La Estatua de la Libertad es el símbolo norteamericano por excelencia y merece la pena ir hasta Liberty Island para estar frente a ella y hacerse la típica foto que todos pondríamos en el perfil de alguna red social. El billete incluye, además del viaje de ida y vuelta en ferry y la visita a Liberty Island, una visita a Ellis Island, donde se encuentra el museo de inmigración.

Si quieres ver un partido de baloncesto, lo que tienes que hacer es ir al Madison Square Garden. Pero cuidado, porque las entradas se agotan rápidamente, aunque para los despistados siempre hay personas dispuestas a revender. Si esperas hasta última hora, puede que quizá incluso obtengas entradas de reventa a mejor precio que en taquilla. Este recinto, además de eventos deportivos alberga grandes conciertos.

Si te apasionan los dinosaurios no puedes dejar de visitar el American Museum of Natural History, ya que cuenta con una amplia colección de fósiles y esqueletos. Además, está cerca del Edificio Dakota, conocido por ser la casa de John Lennon, y del monumento conmemorativo al cantante sito en una de las entradas a Central Park: la estrella Imagine.

La Gran Manzana es inmensa y las posibilidades que ofrece, infinitas. Hay mucho por ver y a veces hay que elegir por falta de tiempo. El itinerario anteriormente propuesto hace un recorrido por las zonas más emblemáticas de la ciudad pero si tienes la suerte de disfrutar de una larga estancia te invito a visitar Grand Central Terminal, escenario de múltiples películas; el Hard Rock Café sito en Times Square, el Flatiron Building y Wall Street y su famoso Charging Bull.

Fuentes del Texto:
Propias
Fuentes de las Imágenes:
Propias

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