Visitando una ciudad que embelesa

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Hay experiencias en la vida que te dejan huella para siempre… y una de ellas es sumergirse en las profundidades de una cultura tan bella como el de los cariocas visitando Río de Janeiro. Playas rodeadas de magníficos peñascos, vegetación salvaje, espectaculares islotes y cayos que parecen tocar el cielo…. todo esto y mucho más es parte de esta gran ciudad brasileña. Río sorprende mucho.
Cuando llegué a Brasil por primera vez ni se me pasaba por la cabeza que una ciudad de 7 millones de habitantes fuera tan hermosa. De hecho, al aterrizar en Río, lo primero que me llamaron la atención fueron las favelas; barrios humildes llenos de gente trabajadora pero sin medios para adquirir una casa en buenas condiciones. Sí, a pesar de que nosotros asociamos las favelas con violencia, drogas y robos, (y en parte es normal porque esa cruda realidad existe), la mayoría de los brasileños que viven en ellas son gente sin recursos que trabajan con la esperanza de alcanzar una vida mejor. Y puedo asegurar que las favelas, a pesar de ser barrios muy pobres, están llenas de alegres niños jugando al futbol. Aún y todo, es verdad que la triste realidad que los medios de comunicación nos muestran existe, pero a pesar de todo, por mucho que parezca increíble, en estos barrios también radica parte del “encanto” de esta impresionante ciudad.

Mi alojamiento estaba situado enfrente de la playa de Copacabana (junto a la playa de Ipanema es uno de lugares más concurridos por los turistas), y un día que madrugué a las 5.30 de la mañana me quedé sorprendida al ver cuánta gente estaba haciendo deporte en la playa. He comprobado que este es uno de los rasgos que caracteriza a los cariocas, el culto al cuerpo, aunque desde mi punto de vista se preocupan en exceso por mantenerse jóvenes y esbeltos.

Si viajas a Río es imprescindible visitar el Corcovado y el Pan de Azúcar, dos de las elevaciones más notables de la ciudad. La montaña del Corcovado (710m), con la estatua de Cristo Redentor en su cima, es uno de los grandes símbolos de los brasileños desde donde se aprecia una preciosa vista del mar y de la foresta. En cambio, el Pan de Azúcar es un peñón de 395 metros de altura sobre la Bahía de Guanabara, y desde su colina se goza de un deslumbrante paisaje compuesto por la frondosa vegetación que anida en su seno la ciudad. Así mismo, existe la posibilidad de realizar esta visita en helicóptero, y sinceramente, es una experiencia única. No tengo palabras para explicar la emoción tan intensa que se siente al volar desde el Corcovado al Pan de Azúcar recorriendo las paradisíacas playas de Río de Janeiro… es indescriptible. Esta ciudad merece la pena ser visitada… la alegría, ritmo y energía de los brasileños te cautivará. Brasil tiene magia.

Fuentes del texto e imágenes:
Maialen Fernández de Arroiabe

1 Comentario

  1. Pocas ciudades hay con tal grado de contradicciones y que te llamen a su encuentro como una amante furtiva como es el caso de Río.

    Dicho esto… habrá que ir a complacerla.

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