Vicente Garrido disecciona la mente de los asesinos más despiadados en “Perfiles criminales”

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Portada del libro "Perfiles Criminales"

El ser humano se viste con cualidades que lo ennoblecen y lo elevan frente a otras especies. La dignidad, la racionalidad y el libre albedrío se encuentran entre sus prendas más vistosas. Pero a veces estas ropas ocultan otra cara, una máscara también humana, pero más oscura e inescrupulosa. Esos rostros, maquillados con el encanto superficial y la maestría para la mendacidad de los psicópatas o con la frialdad y la crueldad de los violadores en serie y los asesinos múltiples son los que el especialista en psicología y criminología Vicente Garrido disecciona en Perfiles criminales, un libro en el que analiza los arquetipos criminales más significativos y en el que recorre el temible y “fascinante” valle de sombras que compone el lado más lóbrego del ser humano. 

Con una prosa amena y documentada, el libro, que consta de dos grandes secciones, detalla en su primer apartado los tipos criminales más genéricos, entre otros, el de los incendiarios, los violadores o los asesinos en serie. En esta sección de carácter técnico, pero trufada con casos reales, Garrido hace hincapié en la metodología del perfil criminológico, un sistema del que se vale el criminólogo forense –el perfilador- para orientar a la policía en aquellos casos donde los delitos se repiten. 

En la segunda parte el foco se ajusta “hacia una selección de casos que tienen mucho interés desde el punto de vista de la criminología porque se habla de asesinos que fueron particularmente especiales a la hora de cometer los crímenes. Algunos porque fueron muy longevos y tardaron mucho en capturarles, otros porque fueron pioneros a la hora de cometer determinados crímenes y otros porque supusieron el debut de metodologías de las ciencia forense en su captura”, señala Garrido a La Huella Digital. 

De hecho, Perfiles Criminales. Un recorrido por el lado oscuro del ser humano (Ariel) estudia con precisión la biografía delictiva de personajes tan “significativos” como el asesino confeso de la matanza de Utoya, Anders Breivik, y el “histórico” Unabomber;  o casos que marcaron la opinión publica española como el asesinato de Nagore Laffage en Navarra, las fechorías del Solitario y los crímenes del celador de Olot, el primer “Ángel de la muerte” español. 

“Se trata en general de gente que tiene una personalidad innata que los orienta, no que los determina -porque el ser humano está indeterminado-, hacia esos comportamientos. Podemos poner una parte del énfasis en la sociedad pero también tenemos que ver que hay personalidades predispuestas”, apunta el criminógo. “Por ejemplo, si hablamos de un asesino en serie, lo que hay es una profunda insatisfacción con su realidad. Este asesino es alguien que tiene grandes dificultades para vincularse con los demás, es decir, para alcanzar una meta que lo integre en la comunidad. Y debido a que generalmente es un psicópata, tiene esa incapacidad profunda para los vínculos afectivos, entonces su vida es muchas veces gris, desprovista de alicientes emocionales y por ello busca una alternativa, y la consigue a través de los crímenes que le dan una sensación de poder que llena esa afacia emocional que tiene. En definitiva, el poder y el control como sustituto de las vínculos afectivos y de las emociones”, subraya el especialista. 

El criminólogo Vicente Garrido

Precisamente, uno de los aspectos más interesantes de la labor del perfilador consiste en adentrarse en el cerebro del asesino, en analizar cada huella que deja, cada palabra que plasma el criminal para ir más allá, hasta esbozar sus rasgos físicos y psicológicos. “Un buen perfilador debe reunir tres cualidades. Primero, mucho trabajo. Debe ser conocedor de todos los detalles, debe averiguar todo lo que no sepa (…) En segundo lugar, debe ser muy observador. Y tercero, intuición, pero en el sentido de un pensamiento amplio, es decir, capacidad para ver opciones, posibilidades, caminos y no centrarse en una única vía. Intuición como sinónimo de mentalidad flexible y abierta”, desgrana el especialista. 

Una labor, la del perfilador, que ha adquirido enorme popularidad de la mano del cine y la televisión, sobre todo a partir del éxito que catapultó hasta el Oscar al filme El silencio de los corderos (1991), una película dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Jodie Foster y  Anthony Hopkins. “El cine y la televisión han sido beneficiosos en la medida en que han popularizado la profesión y han visibilizado en los medios la actividad. Pero también ha habido una parte más bien negativa porque en ocasiones se ha trasmitido una imagen distorsionada. Se les plantea a veces (a los perfiladores) como personas fuera de lo común, con poderes casi mágicos”, critica Garrido. 

En cuanto al endurecimiento de las penas de aquellos delitos que suscitan mayor alarma social, el experto en criminología subraya que ningún criminal “con vocación” ha dejado de matar o violar porque una ley haya incrementado su condena. “Las leyes en España son duras. No digo que no deban serlo, pero no se trata de eso, digo que el peso de la prevención no debe caer en la legislación. Fíjate si son duras en Estados Unidos y el crimen allí es más superior que en España; es decir, la dureza de la pena está bien porque indica retribución, es la sanción de la sociedad civil e indica que se trata de algo intolerable, pero si hablamos de evitar y prevenir, tenemos que hacer mucho más”, advierte Garrido.

 

Imágenes cedidas por Editorial Ariel.

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