Venezuela: un país a la deriva

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El pueblo venezolano esta narrando los acontecimientos acaecidos en su país; esta contando públicamente su testimonio desde una Caracas dividida en dos bandos geográficos, desde la batalla campal que se ha convertido la ciudad de San Cristóbal o desde el exterior. Twitter, Facebook, Whatsapp son las armas con las que luchan por sus libertades y dignidad. Pero sus voces no están siendo oídas.

Manifestaciones por la Paz en Caracas. Foto: Diego Urdaneta
Manifestaciones por la Paz en Caracas. Foto: Diego Urdaneta

Venezuela esta atravesando un capítulo difícil en su historia. La mitad del país, organizado en colectivos siguiendo el modelo social comunista dictado por Cuba[1], hacen caso omiso a los alarmantes niveles de criminalidad y se aferran a los logros en servicios sociales conseguidos durante esos mismos años de la revolución.  La otra mitad, cargada de rabia y harta de padecer impotencia ante una realidad que cada vez se parece mas a un régimen militar que a una democracia, decide ejercer su derecho a protestar. La estructura financiera se tambalea y el brazo militar oprime violentamente a los manifestantes, llegando incluso a disparar a bocajarro. El pueblo venezolano -ambos bandos- ha sido deliberadamente privado de su derecho a la información y el mundo entero ha sido testigo de ello.

Las verdaderas razones de que se haya encendido la llama son mucho mas simples y diáfanas que los enredos políticos con los que algunos sectores intentan maquillar esta crisis social. La carne se pudre en los supermercados, muchos han incluido el toque de queda en su rutina y las armas proliferan silenciosamente a lo largo y ancho de un país empobrecido. El gobierno venezolano, que ni oír quiere hablar de una intervención extranjera, debe escuchar a un pueblo que esta gritando.

Desde que Chávez subió al poder, Venezuela ha sido como una china en el zapato de la Comunidad Internacional. Sus malas relaciones con el país americano, que aun mantiene el titulo de primera potencial mundial, son del dominio público y el ‘compadreo’ avenido con Cuba también. La presidenta argentina, Cristina de Kirchner, ha mostrado su apoyo incondicional a Nicolás Maduro; Brasil, por su parte, votó en contra de enviar una misión de observadores pertenecientes a la Organización de Estados Americanos (OEA), así como negó reunirse con el resto de mandatarios americanos para tratar la situación en Venezuela[2].

Sin embargo, el pasado 6 de marzo, el comité de la OEA se reunió finalmente tras algunas desavenencias entre sus integrantes. Esta reunión fue promovida, para sorpresa de muchos, por EE.UU. quien hizo un llamamiento a la Comunidad Internacional para analizar la situación de Venezuela a través de este organismo. Como reflejo de la crisis que atraviesa el país venezolano, las posiciones al respecto fueron también divisorias: Ecuador, Bolivia y Nicaragua –países miembros del ALBA[3]– consideraron las protestas como “intento de golpe de Estado”[4]; Colombia hacía un llamamiento a la paz y como resultado Argentina y Costa Rica requirieron una investigación de las muertes en las protestas. No obstante, el derecho de no intervención se hará respetar, como sella la declaración firmada por la OEA el pasado 7 de marzo, en la cual se llama al diálogo y a la resolución pacífica de la crisis[5].

“El futuro de Venezuela le corresponde decidirlo a los venezolanos”, subrayó el portavoz de la Casa Blanca Jay Carney[6].

El destino hacia donde se dirige el país es sin duda incierto, pero no cabe duda de que la solución tiene que tomarse a través de acciones políticas venezolanas. Algunos critican a Henrique Capriles, como principal líder de la oposición, de no ejercer su papel. Del mismo modo, se anima a todas las fuerzas políticas venezolanas y por supuesto al gobierno vigente, a representar y responder a lo que su pueblo esta gritando en las calles, validando así las reglas del juego democrático.

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