Vamos a la cama que hay que descansar

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Las cinco y media de la madrugada, dos chicas salen de un conocido local de Madrid. En la puerta hay un taxi, han tenido buena suerte, se montan y emprenden camino de regreso a casa. El taxista lleva sintonizada una emisora de radio donde solo ponen baladas clásicas de grupos de rock. En ese momento resuena I don´t wanna miss a thing de Aerosmith (banda sonora de Armagedon) y a una de las chicas le trae recuerdos. Esa chica quería haber salido dos horas antes del sitio, le duelen los pies, está cansada, apesta a tabaco aunque ella no fuma, le han tirado una copa encima y las lentillas la están machacando. Pero no estaba bien irse antes, sus amigas se habían volcado en ella. No estaba siendo el mejor mes de su vida y la última semana se llevaba la guinda. No quieren que se quede en casa pensando, opinan que salir de fiesta la ayudará a mitigarlo.

Las dos hablan sobre cómo ha ido la noche, de si se han divertido, una dice un sí sincero, a nuestra protagonista le cuesta decir un sí rotundo. Le han venido bien las risas, pero hace tres horas que hubiera dado lo que fuera por estar en su cama dormida. La amiga se baja antes, hacen cuentas y se despiden. Queda solo una chica en el taxi. El conductor le pregunta si para llegar a su destino cogen la M30. A la chica no le parece mala opción. Va pensando en sus cosas, son las seis menos veinte y Madrid está desierto. Circulan pocos coches y no hay gente en la calle. La mayoría estarán durmiendo, otros tantos aun de fiesta y algunos pobres estarán trabajando. Es una noche bastante fría pero bonita.

El taxista se pone el cinturón (en carretera le multarían), la chica no lo lleva puesto. Suele ponérselo, pero hoy se le ha pasado por alto. Grave error. Suena otra canción, la chica la oye pero no escucha, mira los edificios altos y la carretera vacía. El taxista llega a un cruce, semáforo en rojo y se para. La chica mira el contador por saber cuánto le costará la broma. Unos minutos y pasamos al verde. La chica ha visto como otro coche venia al cruce y al acelerar el taxi pensó que el otro frenaría. Pero no es así, el coche viene bastante rápido y descontrolado. La chica no sabe quién conduce, pero sí que no va en buenas condiciones. Todo parece que va muy lento pero son milésimas de segundo. El taxista advierte el peligro y como parece hábil conductor pega un acelerón de los que queman rueda. El otro vehículo pasa a escasos centímetros del culo del taxi. El hombre asustado frena de golpe. La chica se estampa contra el asiento del conductor, un golpetazo por tonta. El taxista, con razón, abre la ventanilla y grita de todo menos bonito. El otro coche está demasiado lejos como para oírlo.

La chica llora sin emitir sonido, no suele hacerlo delante de la gente, menos delante de desconocidos. Pero sin poder evitarlo caen lágrimas por sus mejillas. El taxista le pregunta si está bien, ella dice un sí tembloroso. El hombre reanuda el camino hablando de que van como locos, de que ese no sale vivo, y muchas cosas más pero la chica no puede oírle. Solo escucha trozos de la canción que suena en la radio: “sometimes everything goes wrong….everybody hurts sometimes” y piensa que ella no ha visto pasar su vida por delante, ni la imagen de nadie en especial, ni una luz, nada de lo que dicen que se ve cuando corres peligro. Solo ha sentido frío y …miedo. Sigue llorando, pero no gime ni solloza. Las lágrimas brotan y no intenta pararlas. Llegan al destino, el taxista se disculpa y la chica le dice que no pasa nada. Le paga y le dice que se quede las vueltas y le da las gracias. Buenas noches y nada más.

Va sola caminando hacia casa, son las seis menos cinco de la mañana. Al llegar al portal siente pena de sí misma, ¡llorar porque no has visto nada!. Se acaba de acordar de que ha tenido mucha suerte, de que mucha gente muere en cosas de estas, que no tuvieron un taxista hábil o un conductor en condiciones. Se da cuenta de que acaba de sobrevivir. Sube a su casa, se desviste y se prepara para dormir. Le da un toque a su amiga (significa que está bien). Coge el ordenador y escribe lo que le acaba de pasar. Le duele un hombro por el golpetazo, pero necesita desahogarse. Se da cuenta de lo egoísta de su pensamiento, de lo triste que podría haber sido la noche, de que ella y el taxista acaban de revivir. Se da cuenta de que son las seis y media y que ahora sí, es hora de irse a dormir.

Fuente de la imagen
www.educima.com

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