Vacíos

Una red social. Una posible burla a la sociedad. Una cansina muestra de afecto artificial, falso o, sinceramente, simple.

Es un tema actual, a la orden del día y por eso mi cerebro se aturulla y me obliga a no escribir. Pero tengo que hacerlo, es mi deber cuando abro el tuenti y siempre veo lo mismo. Me siento en una granja, en un concurso de ganado en el que el más patético gana comentarios y visitas.

El día de mi cumpleaños deseo que nadie sepa leer. Espero con impaciencia siempre vana y absurda que algún sujeto haya aprendido a ser un cisne entre tanto patito horrendo. Cada día es el cumpleaños de algún contacto, cada minuto de ese día su saco de comentarios aumenta para desgracia de los que atisban esa novedad en su tablón. Evidentemente puedo ignorar esa actualización, pero a veces la curiosidad por las relaciones humanas me invita a tal despropósito. “Que pases un buen día y te regalen muchas cositas”. Qué gano yo pasando un buen día si tú, esclavo de tu escasa capacidad creativa, me dedicas una muestra de tu decadencia. “A ver si nos vemos pronto” es el broche final de un sinsentido de frases que provocan el vómito.

Este año, el verano acusó más la cuesta a la que me lancé sin frenos al traerme mi 21 estío. Con la llegada de ese día, mi tuenti explotó otra vez, pero con petardos de los chinos. Una de las mejores muestras de amistad me la contó perfectamente un amigo que de una forma poética me describió las diferentes formas de usar un wáter. Era mi cumpleaños y él se refirió a un inodoro, pero yo sonreí.

Uno quiere sacarse los ojos. Hay imágenes que reflejan de forma fehaciente la cantidad de posibilidades fotográficas que ofrece una noche de fiesta. Son abundantes los espacios vacíos borrosos llenos de humo o los suelos de discotecas con pies o medias caras. A ello le sigue la innumerable ristra de escenas de fondo oscuro en las que dos caras sacan lengua y ponen morros pronunciados. Con una foto es suficiente.

Últimamente, la red social tuenti ha ido más allá en su robo a facebook. Si ya de por sí el plagio era escandaloso, ahora la primera se ha beneficiado de las páginas de interés de la segunda. A pesar de ello, he pasado buenos ratos buscando páginas que coincidieran con mis gustos o mis experiencias e ideales. Otras veces lloro. Una vez, atareado en buscar páginas afines a mi personalidad, sentí especial curiosidad en una en concreto, a la cual te podías afiliar si habías ido con tu novio o novia a un parque. Poco a poco he sabido que ese entusiasmo es real, que hay personas que han rozado el éxtasis por subir tal página a una red social que todo el mundo puede ver. Por eso, la mayor parte del tráfico virtual no ha pasado la itv. Por eso, Internet ha meteorizado la capacidad de morir de vergüenza ajena.

Es cierto que hay personas que tienen redes sociales y aún saben que es la peor forma de comunicación personal. La utilidad de ese invento ha empezado a convivir con mi pereza, y cada día le cuesta más dar el paso, percibir el reclamo de mis amigos por miedo a intoxicarme.

A veces las noticias son excelentes, el tuenti te da la bienvenida con algo que no esperabas, y es cuando realmente sabes por qué caíste en tal decadencia de la raza. Ellos, los buenos, también han compartido tu descenso y probablemente por tus motivos, pues nadie quiere estar solo o no enterarse de nada. Esos, que son mejores que los otros, están camuflados, y por suerte, gracias a esa infiltración, saben diferenciar aquello que es vergonzoso y aquello que no lo es.

Estoy en una red social, y cada día la visito en busca de novedades. Soy una habitual en ese sistema completamente cambiante, en el que todos son muy amigos, muy novios o muy felices, y que, poco después, se convierte en un campo de desengaños y traiciones. Eso pasa por las personas de hoy en día, por su forma de pensar, su vacío existencial, su capricho permanente hacia una alegría material que se esfuma por cansancio. No quiero abrir mi ordenador y ver esa repetición, no quiero respirar si alguien muestra su patetismo. ¿Y qué si yo deseo eso? Estoy en ese mundo, soy alguien más, muevo con mis compañeros patizambos el engranaje que da vida a esa máquina. A veces uno piensa si las personas son de verdad diferentes. Quizá vengamos todos en el mismo paquete de pinturas y sólo cambiamos de apariencia o pintamos rojo o verde. Pero somos un mismo formato, un campo de tréboles buscando el de la suerte, aquel que es imposible de encontrar. Sales a la calle y sólo ves espejos, mismas siluetas, figuras, gestos, formas de pensar, de sentir…Ahí estás tú, absurdo, paseando con un cerebro alquilado, con tu manera de relacionarte falsa, tu manera de no ser especial. Ponte la misma ropa, ve a los mismos lugares, come la misma comida típica, y luego, cuando hayas redondeado el día, vuelve a la jaula. A todos nos moja la lluvia, pero no todos tendríamos que huir de ella. Desgraciadamente hay capuchas, paraguas y soportales. Pienso muchas veces si las personas son reales, y yo, que me miro al espejo a diario, empiezo a dudar si lo soy.

2 respuestas a Vacíos

  1. Ellie 6 noviembre 2010 a 19:32

    lo mejor que he leído en años :P

    tienes tanta razón…

  2. Alba 24 enero 2011 a 16:18

    Me ha encantado, aunque lo haya leído con retraso. ¡ Qué acierto Borja!

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