“V” de Vidilla

1
257

Me considero muchas cosas. Una de ellas, un amante de la televisión.

En estos últimos tiempos, a falta de una buena tele, empecé a ver series. Americanas. “Gran error”, pensarán algunos; pues sí, porque son adictivas.

Y puedo decir bien alto también que una de las que cayó en mis manos fue V. Y que no me gustó en absoluto.

Vi el primer capítulo, se trataba de un remake de aquella querida, adorada e idolatrada serie de los años 80 que contaba la llegada a la Tierra de unos alienígenas que en realidad eran lagartos camuflados (¿camaleones acaso?). La premisa era la misma: los humanos se habían de defender, o no, de unos seres que portaban buenas intenciones, o no, los así llamados visitantes. Jugando con esa misma ambigüedad de mostrar ante los terrícolas una cara amable y en las naves nodrizas una bien distinta, la realidad, en cambio, no admitía duda: el remake no aportaba nada nuevo. Un reparto proveniente de otras tantas series de televisión, algunos efectos especiales bien logrados, esa idea que nos mantuvo enganchados a los sofás en su momento y que, ahora, más sofisticada y sin chicha reptil ni ratones de por medio, se volvía más blanda que el rabo cortado de una lagartija, y ya. No había nada más.

Metí el capítulo en la papelera de reciclaje, negando con la cabeza, y vacié su contenido al mismo tiempo que eliminaba mis esperanzas de sentir lo mismo que de niño, cuando me sentaba por las tardes de los sábados con mi rebanada de nocilla (¿se pueden decir marcas comerciales en un artículo de televisión?) y me quedaba toda la hora con la boca abierta disfrutando de esos escalofríos que me atizaban una y otra vez mi humana espalda mientras contemplaba cómo se las gastaban esos temibles visitantes.

Y pensaréis, “¿a qué viene todo esto?”. Pues viene a que el otro día un amigo me invitó al preestreno (o postestreno, porque ya llevaban tres capítulos emitidos allá por la tierra del Lagarto Juancho) de la segunda temporada de la serie, el cual contaba con la presencia estelar de la inconmensurable Jane Badler. Sí, amigos, sé que la mayoría no sabréis de quién se trata… ¡Oh! ¿Y si os digo que de Diana, la malvada de la serie original?; mejor, ¿verdad?. La Badler (esto se dice mucho en los pueblos), una de esas villanas que quedarán en nuestra retina no sólo por su mecánica forma de devorar roedores o por ese mono rojo ceñido sino también por el frío que rezumaba su personaje y que contrastaba con su sensual feminidad, la Badler, decía, llegó tarde, como buena estrella de…, bueno, como cabía esperar.

Lo primero que inmediatamente llamó mi atención de la actriz fue su cara: había perdido tersura, pero había ganado en crudeza, lo que los años le habían robado se lo habían devuelto en forma ofidia, si antes daba miedo, ahora daba miedito del bueno. En la versión original, su encanto residía en ser despiadada a la vez que arrebatadoramente atrayente, en esta ocasión esa máscara no servía, humana o lagarta, le gustara o no, ahora era una verdadera visitante, ¡con dos uves!; y eso me encantó, me enamoró, lo reconozco.

Jane se paseó entre el público reunido como pocas actrices hacen. Estuvo atenta, cercana a los fans, rió, dio entrevistas, besos incluso, y hasta se reunió con su alter ego, Azucena Díaz, la voz que la dobló en su momento y que volverá a hacerlo gracias a una presión popular sin precedentes. Con el modo irónico ya apagado, he de decir que detalles así se agradecen, tanto por parte del público, que parece que sigue defendiendo a capa y espada sus gustos, como por parte de las productoras, que con gestos como éste cuidan el material y, lo más importante, a su audiencia.

Una vez dentro, la lagarta de Jane expresó su gran ilusión por formar parte de este nuevo proyecto, una especie de resurrección para ella, así como su felicidad por estar en el “país” de Madrid (sí, queridos amigos, también ella se lía con el estado de las autonomías…), y sin más tregua se dio paso a la proyección del primer episodio de la segunda temporada.

A pesar de un guión que seguía gris, un enigmático cielo rojo, una energía azul de propiedades milagrosas y una clara apuesta por enfocar la serie hacia un derrotero muy concreto llamaron gustosamente mi atención y despertaron mi curiosidad. No desvelaré detalles sobre la trama, tranquilidad, sólo diré que conocía de antemano que la presencia de Jane Badler en la serie pretendía ser un revulsivo para la misma que la hiciera mejorar tanto en calidad como en audiencias. Lo que ignoraba yo, ¡inocente de mí!, es que su aparición hilaría la versión original y la 2.0 de una manera casi sutil. Sólo entonces fue cuando pensé en la vidilla, en que esta serie, por fin, había logrado algo de vidilla.

¿Si me considero uno de ellos, de los que le gusta V? Sí, doctor.

¿Y tú?, ¿estás con ellos o con nosotros?

Fotografías:
Gemi Navas

[smooth=id:15;]

1 Comentario

  1. Buen artículo. V fue una de las mejores series 80teras. Los personajes tenian todos gancho, no como ahora. La vi hace unos meses otra vez entera y salvando los efectos especiales (evidentemente) seguia fresca.

    Un saludo.

Dejar respuesta