Unos Juegos para exhibir progreso

0
76

La ciudad de Sochi, en la ribera del mar Negro, se transformará a partir del próximo viernes en el escaparate refulgente de un país complejo que quiere venderse al resto del mundo como un ejemplo de modernización y cambio. El régimen que dirige el país desde el colapso soviético y tras el posterior mandato de Boris Yeltsin trata de pulir su imagen exterior aferrado al dinero de las materias primas y el crecimiento económico.

Vladímir Putin (61), presidente de Rusia. Foto: Russian Presidential Press and Information Office
Vladímir Putin (61), presidente de Rusia. Foto: Russian Presidential Press and Information Office

Los Juegos Olímpicos de Invierno, que se extenderán hasta el 23 de febrero, representan una nueva oportunidad para Vladímir Putin, la figura clave de la Rusia del nuevo siglo. Su gobierno ha gastado una ingente cantidad de recursos para la adecuación de la ciudad y la construcción del equipamiento y las infraestructuras necesarias. Frente a la amenaza terrorista, constante en las grandes ciudades, se ha reforzado la seguridad para evitar atentados sangrientos como los que sacudieron diferentes puntos de la geografía rusa en los últimos días del pasado año. Sochi puede servir para mejorar la imagen exterior de un régimen controvertido.

Las dos semanas de competición situarán a Rusia como epicentro del mundo: todos los focos alumbrarán a la ciudad meridional de los balnearios. La urbe caucásica albergará la reunión más importante de los deportes de invierno. El evento llega envuelto entre amenazas de boicot que asustan a la Administración rusa. Rusia será sede preferente del deporte internacional en los años venideros. Los Mundiales de atletismo del pasado verano abrieron un catálogo de grandes eventos globales que la Copa del Mundo de fútbol de 2018 coronará. La elevada inversión estatal se compensa con el retorno intangible que genera la organización de tan fastuosos acontecimientos.

Rusia consolida una política más allá de sus fronteras que retoma la influencia de tiempos pasados. El papel de Moscú en el conflicto de Siria, en la cuestión nuclear de Irán y en el ascendente demostrado sobre Ucrania consolida a su cancillería como una referencia internacional de regreso. A Putin, el autoritario líder que encabeza un poder ejecutivo modelado a su medida, se le presenta un nuevo evento de gran concurrencia mediática, un privilegiado amplificador con el que poder exhibir las bondades de una gestión muchas veces discutida fuera y dentro de los límites de su extensión territorial.

El presidente ruso encara el extendido mantra de la poca legitimidad democrática en el interior con una oposición dividida y menguante. En el plano social también afronta severas críticas ante la falta de derechos de los colectivos homosexuales. En las semanas precedentes a la cita olímpica, el Gobierno ruso ha concedido indultos y amnistías a significativos opositores con proyección internacional. Los beneficiarios más populares de las medidas de gracia han sido el exmagnate del petróleo Mijaíl Jodorkovski y las componentes del grupo punk Pussy Riot.

Asuntos menores alejados de la preocupación de casi todos son la desigualdad social y el atraso del entorno rural. Rusia, un gigante que vuelve, apura los preparativos de una competición olímpica en suelo propio 34 años después. La cita de Moscú en el verano de 1980 quedó marcada por el boicot que sufrió, suscrito por varios países occidentales y encabezado por Estados Unidos. Advertencias sobre una situación similar han llegado desde varios rincones del planeta, pronunciadas por diferentes líderes políticos: reclaman una apertura democrática y más derechos civiles.

Putin no ha flexibilizado la rígida estructura que soporta el peso de su poder y sólo ha maquillado las formas caudillistas que acompañan su acción gubernamental. El omnipotente presidente guía, junto al apocado primer ministro Dmitri Medvédev, los destinos del inmenso país que se extiende entre Europa y Asia. Los Juegos de Invierno, menos influyentes que los disputados en época estival, evaluarán tanto a la personalidad del líder como a su labor. El eco deportivo de la cita (importante en Europa, Norteamérica y Asia; muy escaso América Latina, Oriente Medio y África) ayudará a consolidar un liderazgo con vocación de posteridad.

Dejar respuesta