Uno, dos, tres

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Premonitorios, aunque los motivos tirasen por derroteros opuestos, fueron los tres dedos de Leo frente a la cámara, mostrando algo de hartazgo y cierta chulería, como un sonoro basta ya. Aunque el debate no existe, más allá de una prensa tendenciosa, afín siempre al otro lado de la orilla, Leo quería desquitarse, más por orgullo propio que por exigencias del guión. La gente lo tiene claro: Lionel, haga lo que haga, diga lo que diga, es intocable. Sin embargo, ni siquiera la pasividad de Messi escapa a las portadas.

Los encuentros ante Sevilla y Granada, con más críticas de las merecidas, encendían la mecha del desconocimiento, sin más prueba que dos marcadores erróneos que ya conllevaban un castigo acorde con los traspiés sufridos. La pérdida de ese punto sobre los blancos, con el que ahora ellos cuentan, fue el peor de las consecuencias, pues el juego nunca se resintió tanto como para dudar del equipo y menos aún de Messi, quién acostumbra a justificar con creces el desembolso hecho por una entrada. Hay que vender periódicos, captar oyentes, reclutar videntes, aunque para ello se caiga en el análisis supérfluo y la continua majadería. En ocasiones, y viendo el panorama, uno piensa que es mejor relegar al periodismo deportivo al ostracismo, ya se le han dado muchas oportunidades para cambiar ese amarillismo desquiciado al que, tristemente, una legión no pequeña de público acude días tras día.

Frente al Mallorca, Guardiola optó por las bandas, apostando por Adriano y Cuenca, quién ya se ha ganado la vitola de promesa real. El canterano cuenta con descaro e insiste una y otra vez en el desborde, encarnando una alternativa de la que adolece la plantilla, más impregnada del toque y la asociación que del atrevimiento del fútbol directo. Su gol confirma que en poco tiempo puede conformar un recurso más para Pep. Ayer el Barça demostró tener más alternativas de las que hablan por ahí, pues dejar a seis campeones del mundo fuera del once sólo está al alcance de este equipo.

Al grupo no le ha abandonado la aureola de tiempos pasados. Pero hay que ser consecuente: la pretemporada ha sido mala, las lesiones no han dejado de asolar al vestuario y las convocatorias de selecciones son contratiempos ante los que sólo queda lamentarse. Taras que no pasan desapercibidas para nadie, incluso para el mejor equipo de nuestra historia. Ante ello, bueno es contar con la imperturbable voracidad de Messi. Uno, dos, tres.

Foto: AS

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