Una vida en el teatro, es una vida de entrega…

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“…Es una vida móvil, inestable, sin seguridad laboral, de aceptación”; dice David Mamet. “La condición de incertidumbre en el futuro del actor no es casual, sino necesaria e intencional. Nuestros problemas, como los problemas propios de otras profesiones, son únicos. Nuestras excentricidades y peculiaridades pueden divertir a los demás, pero resultan fascinantes para nosotros”.

Una vida en el teatro no sólo es una comedia sobre esa vida, es la vida misma que nos regala parte de sus anécdotas más grandes, gratas y tristes. La obra del dramaturgo David Mamet mantiene calidad, vigencia y una gran dosis de misterio que proyecta el estudio del comportamiento humano y el conocimiento de su alma.

Mamet, en una sociedad cuyos habitantes tienen un estilo de vida agitado, sigue hablándonos de la complicada y profunda psiquis humana, con un lenguaje directo, complejo y agudo. El norteamericano ha plasmado en el texto, todo el amor hacia el Teatro, las anécdotas más hilarantes y su visión acerca del surgimiento de nuevas promesas actorales y la caída de otras.

De esta manera, el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), trajo a escena la obra Una vida en el teatro; con las actuaciones del reconocido director actor peruano Alberto Ísola (Robert) y Óscar Beltrán (John). Cabe resaltar que el papel de John había recaído, en primera instancia, en manos del actor Renzo Schuller, quien por motivos de salud tuvo que retirarse a las pocas semanas de iniciada la temporada.

Víctor Prada, también formó parte del reparto, otorgándole una variante importante a la puesta, en el papel de Jefe de escena. La Huella Digital tuvo la oportunidad de entrevistar al actor Alberto Ísola, quien nos contó acerca de su personaje, las formas en que logró construirlo y lo que, pese a la experiencia, ha aprendido de la obra dirigida por Edgar Saba.

Robert, el actor de experiencia que ama el teatro y tiene miedo a dejarlo. ¿Qué me puede contar de él?
A Robert, lo hemos acercado, creo yo, al mundo sudamericano; pues el personaje original no es tan barroco como el que hemos trabajado. Es un hombre que tiene una sensación muy clara de fracaso y que se ha construido un personaje afuera y adentro de sí mismo; no puede diferenciar entre los personajes que hace. Para él es lo mismo. Robert trabaja en un teatro de repertorio. Fue un actor que tuvo un momento de éxito en su vida y que ahora siente miedo a envejecer, a la muerte; y además es alcohólico. Conoce a John, un joven que lo que hace es detonar su crisis física, espiritual, ideológica, moral e incluso deontológica.

¿Qué fue lo que más le costó trabajar del personaje a la hora de interpretar el texto?
Burlarme de Robert. La tentación es grande, provoca un poco reírte de él. Sabes, eso ha sido lo más difícil, inclusive cuando roba escena, cosa que el actor no debe hacer… yo pienso que lo hace porque cree que la gente no se va a dar cuenta o que no es tan terrible en el fondo. Sin embargo, soy muy diferente a él en distintos aspectos, pero sí entiendo el cansancio, la soledad que el teatro te plantea. El título de la obra, incluso, es sarcástico (Una vida en el teatro), por ese lado sí lo he entendido bien.

¿En qué siente que trabajar esta obra ha contribuido en su aprendizaje como actor?
Bueno, tenemos la misma edad el personaje y yo; también hago mucho teatro, pero felizmente me di cuenta que no tengo amargura, que es algo que tengo que agradecer. No siento miedo a envejecer, no siento miedo a los jóvenes. Esto último viene de ser profesor y me gusta, porque compartes lo aprendido y te mantiene vivo. Te hace tomar consciencia, en el mejor sentido de la palabra, que el tiempo pasa. Y eso es difícil de aceptar para una persona, e incluso para algunos actores. He aprendido a valorar lo que tengo, creo que la enseñanza que he conseguido en toda esta vida es la capacidad de sorprenderme, de reinventarme y de cuestionarme. Sin embargo, Robert está en un momento que inventa tanto, que le es difícil encarar lo que le pasa.

Digamos que ya cruzó la línea de inventarse caras y no reinventarse como persona.
Yo creo que sí. Me da mucha pena, hay momentos en que le tengo cariño. Cuando hago un personaje, por más distinto que sea a mí, por más injustificable que sea, tengo que encontrar el nexo conmigo y es difícil, pues te lleva a hurgar cosas tuyas, que quizás no quieres reconocer. He basado el personaje de Robert en un profesor que tuve en el Piccolo Teatro Di Milano quien ya murió. Era profesor de actuación, también alcohólico, y ha sido como un homenaje por todo lo que me enseñó. Me he basado mucho en él.

Siento que, de alguna manera, Robert no sabe cómo retomar su camino, a pesar que aún podría tener tiempo.
Eso estuve conversando con el director de la obra, Edgar Saba. Es más, la obra originar tiene una visión más pesimista acerca de Robert y yo estoy un poco más con esa versión: creo que le va a ser muy difícil retomar el rumbo. Sería pedirle que deje todo: actuar de esa manera, su comportamiento, que deje de robar escena o aplausos… lo mejor que le va a poder pasar es que muera tranquilo. Lo peor es que siga hundiéndose. Todo está en nuestra capacidad de asombrarnos, sorprendernos de la vida; pues cuando uno piensa que ya lo descubrió todo, puede perderse.

Gracias por la entrevista Alberto, felicitaciones por la puesta en escena.

Fuente de la imagen
Centro Cultural PUCP

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