Una velada con Maria Rodés

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Ya hace casi un año que lanzó Sueño triangular, su segundo trabajo. Ahora está inmersa en un nuevo proyecto titulado Convergència i Unió junto a Ramón Rodriguez y Martí Sales, pero aún saca tiempo para seguir moviendo su sonido onírico.

María Rodés presentó disco en la sala El SolTan sólo hizo un mes que María vino a la capital para dar un concierto, esa vez fue junto a Joan Colomo en la Sala Costello; esta vez, concierto en solitario, eso sí, acompañada de su banda, impecable. Eran las 10:30 de la noche, la sala El Sol vestía de hogar. Lejos del agobio y de los empujones clásicos de un lleno absoluto o de un concierto revoltoso, esa noche era una cálida velada. Los asistentes, acomodados con mesitas y sillas, esperaban a que llegase la catalana María Rodés.

María salió al escenario acompañada de su guitarra acústica y con todo su equipo onírico: batería y bajo, perfectamente sincronizados y muy delicadamente revueltos en muchos temas, guitarra eléctrica para arreglos y mil adornos preciosos, teclas fusionadas con sintetizadores y, por último, casi la segunda protagonista de la noche, Maru Di Pace (coproductora de Sueño Triangular) con el arpa, el ukelele y la guitarra. Una banda bien completa para generar ese ambiente del mundo de los sueños.

Haz lo que te dé la gana”, así empezó todo. Abrieron el concierto ilustrando así este último trabajo, pero continuaron intercalándolo con temas de Una forma de hablar (primer trabajo, producido por Ricky Falkner). Así pues, fue seguida “A lo mejor”, especialmente delicado con una réplica instrumental sobre la voz ante ese “a lo mejor será mejor…” o “Invisible”, en el que los instrumentos fueron entrando poco a poco muy despacio como marca al inicio la letra de la canción “ya vienen despacio…” y cerró el tema con ese precioso “porque soy previsible”. Este tema es bastante definitivo dentro del trabajo de María Rodés; un claro ejemplo de que aunque el sonido es completamente delicado, tiene un peso y una bronca enorme.

También tocaron “Te ví” con unas entradas de la batería brutales, muy potentes. Otro tema en el que la batería explotó y el pedal de la misma llenó la sala fue “Cae lo que fuego fue”, una pesadilla de un hombre gris que tiraba ceniza en sus sueños justo en el lugar en el que ella comenzó a componer. Y sin abandonar pesadillas y sueños tocaron un fantasmagórico “Hum!”, en el cual la atmósfera generada fue tal que todos pudimos sentirnos algo acongojados en el más puro delirio.

No se olvidaron del clásico “Desorden” o de temas muy originales y algo más saltarines como “Lejos de Pekin” -para su hermana-, o “Mirate” -para su madre-, en el que todos terminamos cantando “yo soy un koala de Australia”. Para cerrar la noche alguno de los asistentes le retó a tocar su famosa versión del “Que será será”. Y sí, se acordaba; reto superado. El concierto en general superaba y mucho las expectativas. A pesar de que el disco tenga un gran trabajo de producción, siendo complicado trasladarlo al directo, lograron, y con creces, esa “atmósfera” de los sueños.

Fotografía: Nacho Peláez

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