Una operación militar con muchas incógnitas

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Como todos sabemos, una de las noticias del año ha tenido lugar esta semana en tierras de Pakistán. El hallazgo y muerte de Osama Bin Laden o, como dirían los medios de comunicación italianos, de Barack Obama, ha recorrido las portadas, informativos y emisiones de todo el mundo. En La Huella Digital hemos podido ver la publicación de la noticia, ampliamente desarrollada con un background histórico. Llega el momento, pues, de hacerse una serie de cuestiones sobre los hechos ocurridos.

La operación llevada a cabo por el ejército estadounidense es, posiblemente, una de las estrategias militares más opacas de los últimos años. Los datos que ofrece la Casa Blanca son muy confusos, cuando no contradictorios. Se niegan a publicar las imágenes. Pakistán dice no saber nada, cosa bastante poco probable puesto que, de ser cierto, se habría violado su espacio aéreo. Un Estado sabe a la perfección cuando otro incurre en este delito si no hay permiso de por medio. Y eso que en este caso son aliados. Por su parte, la narración de los hechos no tiene una secuencia lógica. Primero explicaron que habían actuando de una forma, luego de otra. Primero estaba armado, luego desarmado. Primero se opuso, luego se lo liquidaron sin problemas. Primero hubo un par de muertos, los guardaespaldas, luego resultó ser una pequeña matanza. ¿No se supone que el Alto Mando del Ejército, junto al Presidente y la Secretaria de Estado estaban visionando la operación en directo? No les tuvo que quedar muy claro porque, desde entonces, ningún órgano de la Administración acierta a confirmar lo mismo que han afirmado sus colegas en otros comunicados. Lo del cuerpo en el mar ya es de comer aparte.

La comunidad internacional ha aplaudido los hechos. “Se ha hecho Justicia”. El mensaje ha calado. Por fin se encuentra al terrorista más peligroso del mundo. Al unísono, los Estados occidentales, incluso aquellos que en su día criticaron las últimas guerras de Oriente Medio (es decir, nosotros mismos), han agradecido al líder hawaiano haber dado carpetazo al asunto. Craso error, en varios sentidos. En primer lugar, Bin Laden ha pasado de ser el líder de una organización terrorista a ser un mártir, por lo que la rabia que pueden contener aquellos que seguían sus pasos puede ser cuanto menos llamativa. Además, si algo caracteriza a Al-Qaeda es su organización descentralizada. Son unos 800 combatientes distribuidos en unas 80 células por todo el mundo. Un racimo de uvas es el mejor ejemplo visual para definir su estructura. Si cae una uva, el resto se mantienen intactas en el racimo. No tienen ni siquiera que conocerse entre sí las células, lo cual hace que establecer conexiones entre ellas de cara a eliminarlas se vuelve un proceso complicado. Cuenta también con 30-40 grupos afiliados, más difíciles de encontrar y de relacionar con el núcleo. Queda claro, pues, que la organización va a seguir en perfecto estado. Bin Laden ha caído pero, en líneas generales, todo sigue igual. Es decir, aquellos que piensan que el terrorismo internacional (islámico, se entiende) es el peligro mundial harían mal creyendo que en esta guerra ya ha habido un ganador. Queda mucho por jugar todavía. Alá no tiene prisa, como sí la tiene EE.UU.

Pocos han sido los periodistas que han denunciado el caso en nuestro país, aunque algunas voces se han oído. En el plano político, siempre tan políticamente sumiso a lo que venga de fuera (sea lo que sea), se ha celebrado por completo la victoria frente al terror musulmán. Sólo Gaspar Llamazares ha alzado la voz cuestionando la turbulenta operación militar. La explicación de Zapatero poco menos que venía a decir “es que lo han hecho todos”.

Por otra parte, el segundo error lo han cometido los ciudadanos. En lugar de ser inmediata una respuesta crítica que cuestionase, por lo menos, la legalidad internacional de la operación, la división de opiniones es el centro de las conversaciones. Términos como Justicia cobran hoy un sabor un tanto oscuro en boca de gente que dice buscar la paz. ¡Venganza, vendetta! Apelan a las víctimas. ¿Qué victimas? ¿Las más de 5.000 de Bin Laden o los centenares de miles de civiles que lleva EE.UU. entre Irak y Afganistán? ¿O es que nuestras víctimas valen por dos al ser blancas, judeocristianas y demócratas?

El caso es que con el consenso general en torno a los métodos utilizados por EE.UU, ha quedado patente la doble moral de todas las personas. A Occidente se le llena la boca con su idea de democratizar el mundo; todos los países deben seguir los principios de libertad y democracia que tan bien consolidados están en nuestras fronteras. La justicia, su bandera. Y ahora…se aplaude al amo aun cuando éste actúa contrariamente a los principios que dice defender. Si tanto se proclama la justicia, que sea ella quien juzgue y quien haga pagar a los culpables. El problema está en el rédito político que se obtiene con el asesinato. Una figura tan relevante es mucho más beneficiosa muerta que detenida. Es más vistoso, algo que para una cultura como la estadounidense era lo que se necesitaba. Ya lo dijo Bush, “vivo o muerto”. Obama ha cumplido. Y eso que la gente todavía no ha visto la cara desfigurada del personaje.

Y lo cierto es que se llega a sentir pena por los pobres ciudadanos norteamericanos que tan alegres se les ve. Calles cortadas, vítores, banderas, cánticos. El patriotismo más puro afloró en todos los Estados de EE.UU. estos días. Incluso se interrumpieron partidos de baseball para que todo el público gritase con júbilo las siglas de su amada nación (USA). Obama, cuyos índices de popularidad habían descendido notablemente, vuelve a ver como éstos suben 11 puntos con su acto heroico. Perfecto para encaminar un final de legislatura en el que pocas promesas se han cumplido. Lo cierto es que noticias como la que nos inunda esta semana hace a uno preguntarse si sirve de algo todo el prestigio que se supone que tiene el hecho de recibir el Premio Nobel de la Paz. Después de otorgárselo, Obama ha hecho méritos para merecer un segundo galardón: no ha cerrado Guantánamo, ha capitaneado junto a Sarkozy y Cameron la intervención en Libia y, por supuesto, sigue encharcado en Irak y Afganistán. De ser Obama, vergüenza propia me daría compartir este premio con personalidades como Desmond Tutu, Rigoberta Menchú o Nelson Mandela.

Ahora bien, esta operación militar le servirá para mostrar a la opinión pública estadounidense que, efectivamente, EE.UU. ha ganado la Guerra de Afganistán. Ha terminado con victoria. No ha sido como en Vietnam, ni como en Irak. Esta vez han ganado. En el fondo, ese es el discurso político trasero que pretende mostrar esta operación. La pregunta es: ¿conseguirá esta nueva narrativa política cambiar la percepción de lo que ha sido y es en realidad la Guerra de Afganistán cuando ésta sea estudiada dentro de muchos años? El tiempo dirá…

“Uno sin otro no son nada, no hay partida no hay cruzada. Osama Bin o Tío Sam, como tú le quieras llamar…” Javier Chispes

Fuente del texto
http://www.lahuelladigital.com/?p=12940
Fuente de las imágenes
http://elecodelbierzo.es/wp-content/uploads/2011/01/osama-bin-laden.jpg

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