Una nueva visión del mundo: una biografía de Humboldt

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La editorial Taurus ha publicado una obra que causará las delicias de muchos: La invención de la naturaleza: el Nuevo Mundo de Alexander von Humboldt. Y no lo decimos solo nosotros, a quienes nos ha gustado mucho, sino también el gran número de instituciones y periódicos que lo han destacado, como la Royal Society, el New York Times o Los Angeles Times. El libro, de hecho, se ha publicado en 23 países y ha ganado varios premios (el Royal Society Science Book Prize 2016, Bayerischer Buchpreis 2016, etc.).

La autora, Andrea Wulf, ha escrito con este cinco libros, todos relativos a las grandes expediciones científicas de finales del siglo XVIII. A través de la vida de los exploradores, nos  adentra en una época histórica de grandes adelantos científicos.

Si en sus  anteriores libros nos contó el intercambio de plantas entre botánicos de Inglaterra y Estados Unidos o las mediciones del ecuador realizadas en la expedición de James Cook, en esta obra profundiza en la vida de Alexander von Humboldt (1769-1859), el científico más destacado de su época y el autor de una obra monumental que, a pesar de su reconocimiento en vida, hoy necesita ser rescatada.

El libro de Wulf es una biografía al uso, en la que se comienza tratando su infancia y estudios, pero, con una vida tan intensa como la de Humboldt, narrarla es, en sí, toda una aventura. Humboldt viajó por media Europa gracias a su rica herencia y a su puesto de consejero-diplomático bajo Federico el Grande, el monarca de Prusia, pero no se restringió a esta parte del mundo: quiso ir a Oriente, pero no lo consiguió, y, gracias a ello y a las autorizaciones de los españoles —que estaban realizando expediciones importantes, como la de Malaspina, y tuvieron mejor vista que sus queridos enemigos franceses y británicos—, viajó durante cinco años por los virreinatos hispanos de América, donde escaló volcanes, recorrió el Orinoco, pateó llanos y recopiló todas sus mediciones y observaciones —que fueron muchas— sobre clima, flora, fauna y todo tipo de bicho viviente o roca petrificada que encontrara.

Por si fuera poco, aún tuvo tiempo para, en un pequeño rodeo, pasarse a conocer a Celestino Mutis en Bogotá y a Thomas Jefferson en Washington. Pero, como Humboldt era una figura de la élite, supo codearse también con otras muchas personas interesantes, como Goethe o Schiller, y conoció asimismo a Simón Bolívar, el criollo rico que hacía el grand tour por Europa, al químico Gay-Lussac y al científico Alessandro Volta en una —suponemos— idílica estancia en el lago di Como. Su último viaje, ya al final de su vida, le permitió ver Siberia y completar sus estudios (pero, con tanto frío y siendo ya anciano, no pudo disfrutarlo igual).

Cuando consiguió asentarse un poco tras tanto viajecito, Humboldt se puso a poner en orden sus muchos baúles y cajas llenas de papeles con anotaciones y, afortunadamente, gracias a su hiperactividad, tenemos varios volúmenes de obras suyas que cambiado la humanidad y la forma de entender la naturaleza.

De hecho, sin sus obras y las de Darwin, todavía seguiríamos describiendo las montañas y paisajes de forma aislada y creyendo que lo que ocurre en Asia no tiene relación con lo que pasa en Europa; sin embargo, él fue capaz de poner en relación climas y corrientes marinas (“corriente de Humboldt”) de distintos lugares y ver la naturaleza como un organismo interconectado: con su visión cósmica y con la difusión de sus ideas entre seguidores posteriores, nace la forma actual de entender la naturaleza como un medio (ambiente) que debemos preservar.

Parece que Humboldt tenía un carácter altivo y podía ser grosero en ocasiones, por lo que no siempre sería agradable charlar con él, pero no hay que culparle, porque la época que le tocó vivir también fue convulsa, con las invasiones napoleónicas y la independencia de los Estados Unidos y, luego, de las colonias hispanoamericanas.

El libro de Andrea Wulf nos habla de todo ello, de ese contexto histórico también, porque no solo resume las investigaciones que realizó Humboldt, sino también su vida personal y sus penalidades: hace un retrato completo sumergiéndose en libros publicados, archivos y epistolarios conservados en Alemania, Inglaterra o Estados Unidos. Las cien páginas de anotaciones finales y las treinta de bibliografía demuestran ese gran esfuerzo de la autora, pero su mayor mérito es, sin duda, la capacidad de contarnos la historia como una novela, en un entretenido y apasionante viaje por medio mundo.

¡Ojalá tuviéramos la iniciativa de hacer lo mismo con nuestros científicos y héroes, desde Legazpi a Malaspina y Cajal, y paliar así la perspectiva anglosajona que nos hace olvidar nuestros muchos méritos…! Pero esto no significa minusvalorar los ajenos: lean, pues, este libro y disfrutarán.

 

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