Una mirada vale más que mil palabras

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Conocemos sus fotos, pero desconocemos quién está detrás de esas miradas fotografiadas que se han hecho tan famosas con el paso del tiempo y que enternecen a quien las contempla.

Steve McCurry ha sido uno de los representantes más simbólicos de la fotografía contemporánea durante más de treinta años, y cuenta en su haber con participaciones en decenas de revistas o cubiertas para libros, más de una docena de libros y un sinnúmero de exposiciones en todo el planeta. Tras estudiar cine en la Universidad Estatal de Pensilvania, decidió trabajar de forma independiente viajando por el mundo acompañado únicamente de una bolsa de ropa y un rollo de película. Atravesando la frontera hacia Pakistán conoció a un grupo de refugiados de Afganistán y, en ese momento, generó las primeras imágenes del conflicto en este país poniendo rostro humano al problema en todas las cabeceras. Desde entonces McCurry ha pasado a crear imágenes impresionantes de un gran número de países pertenecientes a los seis continentes. Su trabajo trata de reflejar los conflictos humanos, la desaparición de culturas, las tradiciones antiguas y la cultura contemporánea.

Es a mediados de los años ochenta cuando realiza una inocente fotografía que dará la vuelta al mundo convirtiéndose en símbolo de la crítica situación de los refugiados y víctimas de los conflictos armados y que llega a ser, incluso, portada del National Geographic en junio de 1985. Se trata de la fotografía de la famosa Niña afgana. La imagen fue captada cuando su protagonista apenas tenía doce años, en el campo de refugiados de Nasir Bagh (Pakistán) durante la guerra de Afganistán (1978-1992).

Ni+¦a afgana

Tras la publicación de la instantánea el autor comenzó la búsqueda de la niña, sin demasiado éxito. Dieciocho años después, National Grographic financió una expedición con el objetivo de un reencuentro entre ambos. McCurry la localizó de manera poco común -puesto que no se volvía a ver con casi ninguna persona fotografiada-: tras numerosos viajes a la zona dio con ella en enero de 2002 y pudo saber su nombre: Sharbat Gula. La protagonista del inolvidable retrato vive en una aldea remota de Afganistán y es una mujer tradicional pashtun. Casada a los 16 años con Rahmat Gul y madre de tres hijas (Robina, Zahida y Alia), accedió a ser inmortalizada de nuevo para la revista casi veinte años después, cuando no se había dejado fotografiar por nadie más hasta el momento y desconociendo que su cara se había hecho famosa. Se le ha llegado a dar el sobrenombre de “La Gioconda del siglo XX”, ya que sus ojos reflejan emociones y sentimientos como el miedo, la fuerza, la incertidumbre, el desafío y, sobre todo, las ganas de luchar por la vida.

Su historia fue contada en la edición de abril de 2002 de la revista y en un documental para televisión titulado Niña desaparecida: misterio resuelto. La sociedad que publica la revista creó en su honor una organización caritativa llamada Afghan Girls Fund, que ayudaba al desarrollo y creación de oportunidades educativas para las niñas y mujeres afganas. En 2008, este proyecto creció para ayudar también a niños y pasó a llamarse Afghan Children’s Fund.

 

Fuente de las imágenes: National Geographic

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