Una imagen vale más que mil palabras

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La imagen habla por sí sola. Un campeón que consuela a otro que se siente vencido. Una felicidad contenida y unas lágrimas de dolor, sin ocultar a la vez una sonrisa que acepta, que agradece ese abrazo de consuelo, sin duda, sincero.
A estas alturas el que no sabe que Nadal ha ganado su primer Grand Slam en Australia, convirtiéndose así en el primer español de la historia en conseguirlo, es porque no es de este planeta , -o porque no le gusta el tenis, que también puede ser-. No es nada nuevo decir que el partido duró más de 4 horas y que el español se impuso al suizo en cinco sets (7-5; 3-6; 7-6; 3-6; 6-2). Fue un partido reñido en el que los dos mostraron su mejor tenis, con ciertos altibajos que hicieron que los sets se fueran decantando del lado de uno u otro. Era la primera vez que se enfrentaban desde que Nadal se colocó en el número 1 y Federer bajó al puesto número 2. Nadal ya le había ganado en los anteriores Gran Slam de la pasada temporada, del 2008, que fue su año y parece que éste puede serlo también. El partido fue emocionante, un placer para los amantes del buen tenis.

Pero lo más emocionante llegaría después, en la entrega de trofeos. El primero entener el turno de palabra era Federer, pero éste no pudo hablar. Rompió a llorar, como un niño desconsolado. “Esto me está matando” fueron algunas de sus palabras, las de un campeón que veía cómo se escapaba la posibilidad de igualar a Sampras en número de Grand Slam conseguidos (14), pero que no dudó en elogiar al número 1, a nuestro Rafa Nadal.Y fueron esas lágrimas las que quedaron en la memoria de muchos, unas lágrimas que no esperábamos ver en un tenista tan espectacular, que se muestra siempre tan sereno, tan comedido, tan elegante. Unas lágrimas mostradas ante todos los allí presentes, y retransmitidas por televisión a todo el mundo, unas lágrimas que impactaron al propio Nadal. Aquellas lágrimas hicieron a Federer más grande, porque aunque no consiguiese su 14 Grand Slam, nadie duda que lo hará, porque es uno de los mejores jugadores de la historia del tenis. Y ahora si cabe es más grande, porque ha demostrado su lado más humano.

¿Y qué decir de Rafa que no se haya dicho ya? Que cada día se supera más, ha conseguido 4 Roland Garros, el año pasado por fin pudo hacerse con el trofeo de Wimbledon, y ahora ha logrado su primer Grand Slam sobre pista dura. Y siempre con esa lucha, ese esfuerzo, su gran fuerza mental y física, y sin dejar de pisar nunca la tierra. Celebró su victoria en Australia con cierto pudor, sin querer demostrar demasiada euforia por el respeto que tiene a Federer. Y eso es lo más bonito que se puede sacar, el poder disfrutar de dos de los mejores tenistas de la historia y el respeto y aprecio que sienten el uno por el otro. Rivales en la pista pero siempre con admiración y respeto recíproco.

Ojalá este año haya más finales como ésta, que sigan creciendo los dos como deportistas y sigan dando lecciones de humanidad más grandes, si cabe, que las deportivas a las que nos tienen acostumbrados.

Fuentes de la imagen:
www.elpais.com

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