Una ilustre y necesaria ‘tanatografía’

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‘Escrito en negro’, que llega de la mano de Pepitas de Calabaza, repasa en clave jocosa los crímenes más atroces en forma de paseo por una galería de retratos de homicidios contemporáneos y perturbadores.

escrito-en-negroEl hombre lleva asesinando a sus semejantes desde que descubrió que una piedra es más dura que una cabeza (…) Se mata por amor y por desamor, por celos o por un calentón de pitarra (…), y por un millón lo mismo que por una perra gorda, por la linde de la huerta, por el honor, por presumir de macho delante de la novia y por hambre. Pero no se mata por nada como no se sale a la calle una noche de diluvio si no se tiene que ir a por pitillos.” Como una perla cervantina, este alegato se fija en la memoria del lector desde los primeros momentos. Y es que hay tantas vidas novelescas y destacables como biógrafos excelsos; pero de documentar las muertes más increíbles, sórdidas y fabulosas pocos se han encargado. De aquí nace Escrito en negro (Una tarde con la canalla), el primer libro del periodista y escritor Martín Olmos: una recopilación de las mejores tanatografías que empezaron a publicarse en El Correo, y que ahora disfrutamos reunidos en un más que remarcable volumen.

De deportistas a delincuentes, pasando por políticos, escritores, prostitutas, músicos o puros y duros tarados mentales, en esta colección de casos ningún protagonista se salva de vidas singulares ni de cicatrices, heridas de guerra o muertes estrambóticas. Así, desfilarán a lo largo de estas páginas personas y personajes tan particulares como Mussolini, Millán Astray, Al Capone o Billy el Niño; armas blancas y de fuego, golpizas, instrumentos de tortura… pero sin centrarnos únicamente en lo humano, porque aquí lo divino también tiene cabida: Olmos además se encarga de repasar en un inquietante pasaje a algunos mártires que sufrieron los tormentos que supondrían una pequeña plaza celestial asegurada. La muerte no entiende de colores, edades ni asuntos inter vivos pendientes, y puede llegar del modo más absurdo, brutal e inesperado, lo cual no es óbice para dar paso libre a una creatividad descarnada, casi tan gore como la pulsión del asesino, a modo de aguja para bordar prosa.

Con un inigualable estilo rebosante de recursos literarios, una pluma incisiva y una ironía tan burlesca y afinada como la guadaña de la respetable muerte, el autor no deja en ningún momento apartado el sentido del humor en esta obra indispensable, a medio camino entre la sátira y el serial radiofónico. Escrito en negro está también escrito en tintes sanguinolentos y es probablemente el mejor título para una joya de la editorial logroñesa, que presume de tener menos proyección que un Cinexin, pero que jamás defrauda. Nos mantiene pegados a la narración una vez despiertos el morbo y la sed de tremendismo, tal como hicieran nuestros antepasados en los mentideros o en las plazas, atentos a los sucesos voceados por los invidentes. Altamente recomendable.

 

La imagen que acompaña a este artículo es la reproducción de El Liberal del crimen de la calle Fuencarral, en Madrid (1888), un caso de gran repercusión mediática.

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