Una escuela para toda la vida

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Nunca antes el Teatro para niños había resultado tan divertido. Tan dinámico. Tan vinculado con el público asistente. Literalmente me sentí niño. Cuando el teatro te hace sentir y vivir un irrepetible momento, lleno de ilusión y magia, estamos hablando de un buen trabajo.

Escuela de payasos, escrita por Friedrich K. Waechter y dirigida en Lima por Marlene Banich, va alrededor de cinco años ininterrumpidos, llenos de juegos y sonrisas. Cuatro payasos: Benito, Filippo, Pompeyo y Pimpola desean ser los mejores payasos, por lo que asumen este reto y participan de las estrictas clases del profesor Razoneta. Para él, la disciplina, el rigor y los gritos, son necesarios para despertar la libertad creadora en sus alumnos. Camino errado del que irá tomando consciencia a lo largo de la obra.

César Ritter (Benito), Raúl Zuazo (Filippo), Joaquín de Orbegoso (Pompeyo), Gisela Ponce de León (Pimpola) y Christian Ysla (profesor Razoneta) fueron los actores encargados de llevar a escena, una obra en donde todos aprenden conceptos profundos como la amistad, el amor y el compromiso hacia el arte.

La caracterización de Ritter y Zuazo, estuvieron correctas; poco faltó para envolver completamente a los niños en su propia historia. Gisela Ponce de León, una vez más, demostró tener un buen presente en la actuación y un futuro brillante, si sigue trabajando con humildad.

La Huella Digital conversó con Christian Ysla y Joaquín de Orbegoso, quienes nos contaron su experiencia al trabajar en esta obra que se presentó en el Teatro Luigi Pirandello.

Christian Ysla – Profesor Razoneta

Razoneta, supuestamente, le está enseñando a los chicos a ser payasos. Es una persona muy metódica, cuadriculada, que no es tan libre y trata de hacer lo que él cree que es un payaso. Al final te das cuenta los alumnos terminan siendo los profesores. El texto cuando llegó a mis manos me encantó pues nos proponía jugar mucho. Hasta ahora, que la obra la vamos haciendo alrededor de cinco años, seguimos jugando e inventando. La actuación no es repetir, por eso siempre tenemos que estar en actividad, explorando y redescubriendo nuestros personajes. La obra nos da la posibilidad de seguir construyendo, es por eso que para mí no tiene fin. Razoneta me permite jugar mucho pese a su estilo, pero físicamente es muy loco, es muy expresivo, muy expansivo. Con el pasar del tiempo, me divierto más, no me llega a cansar el personaje. Por otro lado, la experiencia me ha ayudado a trabajar con el público. Los niños pueden ser difíciles, tienes que conducirlos bien, sino se te pueden escapar de las manos. Uno tiene que saber cómo manejar eso.

Joaquín de Orbegoso – Pompeyo

De alguna manera, Pompeyo,  tiene la característica que tiene todos los clowns: el espíritu efervescente. En él está doblemente resaltado. Es el que menos puede controlar su impulso, de guardar el orden. Siempre lo llama el poder hacer la travesura, lo que le prohíben hacer, y no es cuestión de maldad, sino que él necesita sentirse libre cuando lo tienen limitado. Termina siendo el travieso del grupo. Es divertido poder entregarte como actor a esta obra. Siempre venir a hacer teatro el fin de semana en la tarde, cuando estás descansando, podría resultar incómoda pero cuando subes a escenario a prepararte, por ese instante, se te olvida todo. Nunca se me ha hecho larga la obra, por el contrario, muy divertida. Creo que ese ha sido el éxito de esta obra.

Fuente de la imagen:
LaPlazaIsil

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