Una eliminatoria de nivel NBA

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La NBA no se cansa de repetir que es la mejor liga del mundo y que posee a los mejores baloncestistas del planeta. En gran parte, esta afirmación es verdad. Sin embargo, aquellos a los que les gusta el baloncesto, que aman este deporte, que disfrutan con la rivalidad y con los grandes duelos, habrán disfrutado más viendo la eliminatoria de la Euroliga entre el Real Madrid y el Barça, que los insufribles encuentros de la fase regular americana.
Los cuartos de final de la Euroliga depararon el enfrentamiento directo entre los dos grandes rivales españoles, los cuales han demostrado el gran potencial con el que cuentan ambas plantillas, muy a la altura de los equipos NBA, y es por ello que los agentes de las franquicias estadounidenses ya han tomado buena nota de jugadores que muy probablemente cruzarán el charco en breve (Sergi Llull, Ricky Rubio, Ante Tomic, Pete Mickael…).

A priori, la clasificación para la Final Four parecía muy favorable para el Barça, ya que posee una plantilla más amplia y equilibrada, además de contar con victoria todos los enfrentamientos anteriores contra los madrileños y de tener el factor cancha a su favor. Evidentemente, el Real Madrid no podía dejarse humillar por su principal enemigo, como ya había ocurrido en la final de la Copa del Rey y en la jornada de liga, y por ello realizaron dos grandes fichajes en el mercado de invierno- Jaric y Ante Tomic- para poder competir y luchar por alguno de los títulos que aún estaban en juego.

El Real Madrid tuvo que modificar la forma de encarar los partidos y, para ello, el maestro Ettore Messina cambió su sistema de juego centrándolo en el gigantesco Ante Tomic. La gran envergadura del pívot croata y sus buenos movimientos de pies, puso en serios problemas a los jugadores interiores blaugranas, lo que provocó que la defensa catalana se tuviese que cerrar, y a partir de esta situación el Real Madrid generaba claras opciones de tiro, tanto para los exteriores como los interiores.

Esta modificación táctica permitió al Real Madrid jugar los dos mejores encuentros del año justamente en el Palau, lo que le permitió conseguir su objetivo principal: obtener la ventaja de campo -ya que ganó el segundo encuentro- y a su vez demostrar que eran capaces de ganar a cualquier equipo. Para desgracia del Madrid, el Barça despertó a tiempo en el primer asalto, y pudo ganar gracias a un inmensurable Pete Mickael, que encestaba tanto en el poste bajo como en penetraciones y en los tiros exteriores, cuando su jugador le dejaba espacio para que no se acercase al aro.

Cuando mejor se presentaba la eliminatoria para el Real Madrid (1-1), ya que le tocaba disputar los dos siguientes encuentros como local, apareció el mejor jugador del Barça, su jugador franquicia como dirían los yanquis, Juan Carlos Navarro. El escolta catalán, que había estado desaparecido en los dos primeros partidos, demostró a toda Europa su calidad para generarse tiros y echarse el equipo a la espalda, metiendo triples desde 8 metros, forzando faltas a los exteriores y atrayendo a toda la defensa lo que le permitía generar más espacios a sus compañeros, especialmente a los interiores.

Pese al gran esfuerzo realizado por los blancos y la buena lectura de su entrenador, nada en este continente puede parar la calidad de los jugadores blaugranas como Juan Carlos Navarro, Ricky Rubio, Pete Mickael o Erazem Lorbek. Este póquer de jugadores hace imposible la táctica defensiva, porque cuando los interiores están con problemas en la zona, aparece la línea exterior, y cuando los tiradores no ven aro, aparecen las torres para rebotear y machacar los aros rivales. Sin duda ganó la eliminatoria el mejor equipo, y no hay por ello que criticar a los blancos, sino todo lo contrario, aplaudirles por los partidos tan magníficos que han ofrecido y la emoción que han despertado al igualar tanto la eliminatoria. Esto sí es baloncesto. ¡Y la temporada no ha acabado todavía!

Fuente del texto:
Elaboración propia
Fuente de la imagen:

www.corazonblanco.com

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