Una conversación más de filosofía de saldo

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  • ¿Y qué fue de él?
  • ¿De quién?
  • Ya sabes, del “hombre de tu vida”?
  • Eso ya se pasó de moda. Como quien dice: “agua pasada”.
  • ¿En serio? ¿No habláis, no os escribís?
  • ¿Por qué deberíamos hacerlo?
  • No sé, pasaste muy buenos momentos con él. Recuerda, casi te mudas de país.
  • Y la verdad es que me alegro de no haberlo hecho. No es por nada, pero estoy cansada, siempre la misma pregunta.
  • Ya te decía yo que no era el hombre de tu vida. Menos mal que me hiciste caso y no cometiste aquella locura.
  • Me hice caso a mí misma en todo momento. Por eso me alegro tanto. Y sí, si es por algo me agota tener que estar dando explicaciones en todo momento. ¿Por qué tenemos que aferrarnos a algo tan fuertemente? ¿Por qué no dejamos fluir las cosas? ¿Por qué no vivimos como queremos y ya está?
  • Por qué vivimos en un mundo real.
  • ¿Y qué es la realidad?
  • Esto, lo que veo, lo que toco, ir a clase, salir de fiesta…
  • ¿Y ya está?
  • Pues sí, luego conoces a alguien “especial”, formas una familia, adoptas a una niña china, trabajo, estabilidad, felicidad… ya sabes
  • Me aburres.
  • ¿Y entonces tú qué quieres? ¿Cuál es tu realidad?
  • Mi realidad es mi vida. Y es como yo quiero que sea. Quiero ser escritora, periodista, actriz, música, cantante, chef, curtidora de cuero… ¿ qué más da? Seré lo que quiero y estoy en ello.
  • Si, si… eso suena muy bien. Todos tenemos nuestros sueños pero no podemos dejar que éstos dominen nuestra realidad.
  • ¿Cómo que no? ¿Entonces qué sentido tienen los sueños si no los hacemos realidad.?
  • En el cine vivirías muy bien tu “realidad”
  • ¡Y directora de cine, también!
  • Venga … no me hagas reír. Entonces, no me líes, ¿qué pasó con él?
  • Pues que ya nos veremos por la vida… o no. ¿Pero por qué tanto interés?
  • Porque para el primer novio que parecía que te ibas a echar…
  • Ahora no me hagas reír tú a mí. Así estoy bien.
  • Bien sola. ¿No te asusta quedarte sola? No me refiero a ahora, ni dentro de unos años, si no, de mayor.
  • Pues no, no me asusta. El miedo no domina mi realidad.

(…)

Sabía que estaba mintiendo, la conocía muy bien.

Lo peor es que ella también sabía que se estaba mintiendo a sí misma. Le asustaba la soledad, tanto que hacía tiempo que no sabía que hacer si pasaba más de una hora sin ninguna ocupación. Siempre fue ser exageradamente social, le gustaba la gente y le gustaba compartir. ¿Por qué querría quedarse sola?

1 Comentario

  1. Bonito Rebe, y muchas cosas más que me hacen pensar.
    Me encanta cómo reflejas algo que me parece muy curioso. Muchas veces uno intenta ocultar lo que ocurre, sin engañar pero creyendo una verdad que no es tal, cuando el otro sabe más de ti, que una misma.
    Es maravilloso cuando pasa y eso asusta.
    Brindo por esas personas-sombras de nuestras vidas. Y porque sea posible vivir sin etiquetar absurdamente todo.

    Sigue escribiendo así 🙂

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