Una ciudad distinta

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Dicen los visitantes habituales de la ciudad de Bilbao y aun más sus propios vecinos, que el cambio urbanístico, el lavado de cara y la modernización de la capital vizcaína en los últimos diez años, es algo impresionante y digno de reseñar.
Según una encuesta realizada en 17 ciudades españolas,
es la ciudad bilbaína, la que más ha mejorado en los últimos cinco años, exactamente el 76% de los bilbaínos creen que la calidad de vida es superior actualmente a la de hace un lustro, y es que en 1995, Bilbao era la ciudad con menos parques públicos y zonas verdes del País Vasco.
En mi caso debo decir que por diversos
motivos he visitado esta ciudad al menos una vez al año de manera consecutiva durante los últimos seis, y este cambio y mejora ostensible es gratamente apreciable desde el primer momento.

La ciudad no es excesivamente apreciable desde la perspectiva monumental, de ahí, que el atractivo para los turistas e incluso en mayor medida para sus habitantes, recaiga en: museos, salas de exposiciones, zonas verdes y una muy interesante oferta tanto musical como teatral; aspectos todos ellos exquisitamente cuidados en los últimos años y que son claros abanderados de esta transformación sufrida.

Uno de estos atractivos, el museístico, está encabezado sin ningún género de dudas por el Museo Guggenheim, abierto al público en 1997, rápidamente se convirtió en uno de los museos más importantes y con mayor atractivo de la geografía española; su espectacular y modernista estructura exterior ya es digna de visita por si sola, si a ello unimos las exposiciones e iniciativas de todo tipo, programadas para su interior, nos damos cuenta de que estamos ante el auténtico epicentro de la oferta turística bilbaína.

Al igual que el Museo Guggenheim encabeza la oferta museística bilbaína, nada desdeñable, en lo referente al espectáculo teatral y musical, es el Teatro Arriaga; situado en la plaza homónima, el teatro fue inaugurado en 1890, para posteriormente ser reabierto en 1919 tras ser destruido por un incendio en 1914. Muy pronto el teatro se convirtió en una “plaza de primera” por la que han pasado y pasarán, las compañías más importantes y los actores con más caché del celuloide español.

Dejando a un lado estos lugares puntuales que han colaborado sobremanera en la metamorfosis de la ciudad, lo qué más sorprenderá (al menos en mi opinión) a aquel que después de unos cuantos años sin pisar la capital vizcaína, se decida a ir de nuevo, son las pequeñas cosas, aspectos en muchos casos inapreciables, que nada tienen que ver con museos, teatros o grandes construcciones.

Bilbao es ahora una ciudad con más luz. Comenta Yolanda Aberasturi, nombrada Bilbaína Ilustre 2008: “Bilbao ha mejorado tanto…hasta llueve menos”; y realmente eso es lo que uno percibe al andar por sus calles; el aspecto oscuro, pálido, lúgubre, incluso sucio que antaño ofrecía, ha quedado definitivamente olvidado; La villa bibaína se presenta ahora ante el mundo como una ciudad nueva, renacida, con una luz especial, hasta la gente parece más alegre y optimista al pasear por sus calles, por sus exquisitas zonas verdes o por sus numerosos parques de nueva creación; y por supuesto, todo ello aderezado por el espectacular enclave en el que la urbe se sitúa; rodeada de un sinfín de montañas teñidas de un radiante color verde, donde los amantes del senderismo y montañismo podrán disfrutar al máximo y cuya visión nos activará todos los sentidos. A raiz de esta privilegiada morfología de la periferia bilbaína, la ciudad recibe el apelativo de “El Botxo”

Sin embargo, no todo es de color de rosa, al igual que en multitud de ciudades españolas, hay que ponerle un “pero” y es la lamentable situación en la que se encuentra la ría que atravesando el centro de la ciudad, divide en dos a la capital bilbaína. Desgraciadamente, esto no sucede sólo en esta provincia, son muchas las ciudades de la península, en las que sus aguas, ya sea en forma de ríos, rías, mares etc, se encuentran en un vergonzoso e inadmisible estado

No quiero terminar sin destacar otro atractivo turístico, que no por antiguo, debe dejarse al margen; el de la hostelería; a aquel que (dicho coloquialmente), le guste “tapear” y “tomar unas cañas”, en pocas ciudades disfrutará tanto como en Bilbao ( lo dice un salmantino, ciudad en la que el pincho forma una parte muy importante de nuestra idiosincrasia). Carnes, pescados, frutos de la huerta, todo ello de una excelente calidad, guisado de mil maneras, por excelentes cocineros, y consumido, si así se desea, con un buen vino, hacen de la hostelería bilbaína y vasca en general una de las más importantes de toda España.

Y si al final alguno se decide a visitar de nuevo, o por primera vez esta ciudad, aprovechad y hacedlo un fin de semana que el Athletic de Bilbao juegue en casa. El hervidero de aficionados en que se convierten las calles bilbaínas, desde las primeras horas de la mañana, es un auténtico espectáculo; .miles de aficionados con la camiseta del Athletic, llenan bares, parques, restaurantes, museos etc., y dan un colorido muy especial a la ciudad los días que el Athletic juega en San Mamés. El impresionante aspecto que presenta la calle Licenciado Pozas horas antes del partido, con miles de aficionados en obligada peregrinación hacia el estadio situado al final de la avenida, es una imagen que merece la pena disfrutar, sean cual sean tus colores, tus sentimientos, e incluso aunque no sientas ningún interés por el fútbol.

Fuente del Texto:
http://www.guggenheimbilbao.es
http://www.teatroarriaga.com
El Correo (
http://www.elcorreodigital.com)
Fuentes de las imágenes:
Óscar Fernández Civieta

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