Una banda sonora del erotismo

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El otro día fuiste a ver 50 Sombras de Grey con tus amigas. Todas salisteis en shock y, casi, babeando por el gran atractivo de Christian Grey. Empezasteis a fantasear sobre cómo sería una historia así en la vida real, pero a ti te fue imposible no imaginar esa historia de la mano del hombre que se cuela en tu cabeza, y lo que no es tu cabeza, cada vez que quiere, desde hace meses. Desde esa tarde, en el cine no paras de canturrear la banda sonora de la película que ahora mismo está calentando butacas, y lo que no son butacas, por todo el mundo.

Ahora estás tirada en la cama, haciendo tiempo para empezar a prepararte. Tienes una cita. Vas a volver a ver a ese hombre que te tiene loca y te lleva por la cama de la locura. Por fin decides meterte a la ducha y, para qué mentir, te sientes un poco juguetona, así que coges y abres la carpeta de “Míticas” y le das al play a la famosísima “You can leave your hat on” de Joe Cocker. Vas quitándote la ropa poco a poco al ritmo de la música. Te miras al espejo mientras lo haces. Te bailas a ti misma. Y te preguntas si esta noche acabarás bailando entre sus sábanas. Y, casi por casualidad, la reproducción aleatoria decide que es el momento de que suene otro clásico, “Let’s get it on” de Marvin Gaye.

Después de un par de bailecillos pícaros bajo la ducha, siendo aún una toalla, y las gotas que se escurrían de tu pelo las que peleaban por llegar antes que él hasta abajo, lo único que llevabas puesto, abres el armario y así comienza lo que va a convertirse en tu principal dilema, por lo menos, durante la próxima hora: “¿Qué me pongo?”. Está sonando “Arabella” de Arctic Monkeys y la cosa parece que se está poniendo más seria. Habéis quedado para cenar y no sabes cómo va a acabar la noche porque a pesar de estar en pleno invierno, cada vez que os veis el ambiente sube de temperatura. La reproducción aleatoria te la juega otra vez. Ahora suena “Skin” de Rihanna, y te da por recordar cómo era la coreografía que montasteis meses atrás en tu escuela de baile. Te dejas llevar. Empiezas a bailar de nuevo, y te da por pensar que igual podrías enseñársela a él en algún momento. Quizás le gustaría.

Quedan aproximadamente treinta minutos para que él llegue. Está sonando “Blue Jeans” de Lana del Rey y tú ya estás imaginando mil posibles opciones de cómo va a transcurrir la noche. Probablemente, el tema más acertado que podría seguirle sería “Videogames”, piensas. Y de repente, empieza a sonar. Qué está pasando hoy, te preguntas. Madre mía. Ya está aquí. Coges tu bolso, te miras por última vez en el espejo y sales por la puerta con tu propia banda sonora aún en reproducción.

Una hora después ya estás en el mejor restaurante de la ciudad, disfrutando de una buena cena y de él. Aún te sorprende la comodidad y lo a gusto que puedes llegar a sentirte cuando estáis juntos. La química es obvia, y la atracción que sentís el uno por el otro, irremediable. A medida que la noche avanza, y con ella, las tentaciones, en tu cabeza empieza a sonar John Mayer y su “Slow dancing in a burning room”.

A pesar de que dudabas de si ocurriría, acabáis en su casa con unas cuantas copas de vino encima. Pero te ofrece otra, y tú no respondes con una negativa. Se acerca al mueble de la esquina del salón y empieza a toquetear botones. Tú solo estás pensando lo guapo que es, y cuánto te gusta. Ahora lo que había sido tu banda sonora del día os envuelve a los dos. Y en cualquier escena peliculera romanticona habría empezado a sonar la típica “Unchained melody” de Righteous Brothers. 

Pero no es el caso. Aquí no hay amor como tal. Sólo sexo y un par de caricias sin ningún compromiso. Así que, para dar rienda suelta a lo que, a estas alturas, ya te imaginabas que acabaría pasando, el susodicho le da a play al tema de Alt-J, “Every other freckle”, una carta abierta en la que te explica ingeniosa e indirectamente qué es lo que espera hacer contigo esa noche. Y en efecto, sin recordar muy bien en qué momento, las cremalleras empiezan a bajar a ritmo de ese devour me que suena en boca de Alt-J porque, básicamente, vuestras bocas ya están entonando otro tema.

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