Una banca para la memoria

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Homenaje a Mark Rothko por Olga Zapata. Fuente: Décimas Cosas
Homenaje a Mark Rothko por Olga Zapata. Fuente: Décimas Cosas

Como si fuese un temblor
entre la tierra y el cielo,
la memoria, sin consuelo,
nos libera su fulgor.
Llena de textura, olor
y aprehensión a este mundo,
se sienta, más de un segundo,
a pensar, en una banca,
luego de darse una «tranca»
versando a lo Segismundo.

Nuestro más sensible insumo
para escribir: la palabra.
La memoria piensa y labra
ideas que se hacen humo.
Pero ama la trama, insumo
vital de sus reflexiones.
Quiere vivir sin razones,
sin que la evoquen, tranquila,
pues el hombre siempre estila,
llamarla con pretensiones.

Siente un eco, de repente,
como un suspiro, un disparo,
Siente ya su desamparo
la memoria, tan silente.
Piensa que toda la gente
la usa como un viejo armario
para enaltecer, a diario,
su vida (¡cuánta tragedia!).
Pobre memoria: comedia
de nuestro ser solitario.

Como si fuese un temblor
entre la tierra y el cielo,
la memoria, sin consuelo
se transforma en un fulgor.
Sin paz en el interior,
(con la aurora en la cabeza),
unas palabras bosteza
como símbolo de adiós.
En una banca o en dos
para calmar su tristeza.

Fuente de la imagen: Décimas Cosas

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