Un triunfo para quitar miedos

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El partido inaugural del Mundial de Balonmano, que se celebra en España hasta el próximo 27 de enero, concluyó con victoria de la selección anfitriona, que se impuso a Argelia (27-14) en un partido que dominó con claridad. El equipo español fue muy superior a un combinado norteafricano que se marchó al descanso con solo cinco goles anotados. El triunfo abre un esperanzador camino para un conjunto llamado a las cotas más altas en este campeonato.

Víctor Tomàs, destacado protagonista del ataque de España. Fotografía: RFEBM
Víctor Tomàs, destacado protagonista del ataque de España. Fotografía: RFEBM

Tarde de puesta en escena ante el mundo en la Caja Mágica. Hubo una breve ceremonia inaugural y la presencia de algunas de las más altas autoridades políticas del país. En la víspera de la elección de la ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2020, Madrid quiere agradar a los mandatarios internacionales que vengan a los campeonatos que aquí se organicen. También dar buena imagen mediática y vender respaldo institucional. El Príncipe Felipe de Borbón; la alcaldesa de la capital, Ana Botella; el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco; y el presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, arroparon el evento con su presencia. La entrada que se registró en el inesperado pabellón, por debajo de los tres cuartos del aforo, no fue la mejor que cabría esperar.

Sorprendió Valero Rivera en el debut mundialista. Ocupó la portería José Manuel Sierra, que terminaría siendo elegido mejor jugador del choque, y dispuso sobre el parqué una inusual defensa 5:1 con Viran Morros jugando en el avanzado (Dani Sarmiento también ocupó el lugar adelantado). En la rueda de prensa posterior al partido, el seleccionador explicó la novedosa zaga por la carencia de zurdos en el ataque argelino. Rivera regresó al mismo esquema que utilizó en un partido que disputaron ambas selecciones en la ciudad de Alicante, en el torneo preolímpico disputado la pasada primavera. El equipo español es un libro abierto en defensa, capaz de alternar arquitecturas diferentes y jugadores fuera de su teórico lugar.

En el inicio del partido, Argelia solo mostraba debilidad en la retaguardia, lo que se traducía en faltas sancionadas con penalti. Los defensores llegaban sistemáticamente tarde a la pelota, la velocidad en la transición rival los llevaba una marcha por debajo. Los primeros ocho minutos se cerraron con cuatro lanzamientos de siete metros para España. El protagonista exclusivo en el ataque español era entonces Víctor Tomàs, quien había anotado los seis primeros goles de su equipo, cinco de ellos desde el punto de castigo.

Cualquier miedo que pudiera existir sobre la posibilidad de un debut fallido se disipó pronto. España no dejó margen a la sorpresa. En el minuto 15 el resultado parcial (8-2) explicaba perfectamente qué estaba sucediendo sobre la pista. Fue entonces, mediado el primer período, cuando subió la agresividad de los magrebíes. Una poco frecuente defensa 3-3 planteó dificultades al ataque de La Roja, que no supo en algunas jugadas cómo atacarla.

La única parcela donde el equipo de Rivera halló alguna duda fue en el juego exterior, en los lanzamientos lejanos. Frente a rivales que repliegan rápido, que alargan el ataque del contrario y que impiden correr España sufre. Descifrar ciertas defensas y no caer en la ansiedad que genera una mala selección de soluciones siguen adivinándose como puntos de mejora. Son dos de los pocos lastres que puede tener un conjunto largo y poseedor de múltiples registros.

En la segunda mitad, España empezó a romper la extraña defensa de Argelia por el centro. Mejoró la producción ofensiva de Alberto Entrerríos, que desatascó a su equipo. Al buen arranque anotador en la segunda parte también se sumaron Joan Cañellas y Jorge Maqueda. En el ecuador de la segunda parte, el conjunto local bajó su intensidad, tanto en su área como en la rival. Lo aprovechó Argelia, que maquilló su escuálida cifra de goles anotados. Para la selección anfitriona, el último tramo sirvió para la participación de jugadores que se intuyen como menos habituales en próximos compromisos.

Quizás el Mundial de verdad no empiece hasta el sábado próximo con el enfrentamiento contra Croacia y en la antesala de los cruces decisivos que comienzan con los octavos de final. Pero la primera victoria es siempre meritoria porque quita tensión, libera al equipo local de los nervios propios de jugar en casa y ser uno de los favoritos. La selección española descorchó una botella que habrá de ir bebiendo, sorbo a sorbo, hasta llegar a Barcelona.

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