Triste panorama para la cultura española

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Cercada por la crisis y la sucesión de recortes, la industria cultural española languidece. Bibliotecas cerradas, museos vacíos, rodajes parados y teatros endeudados son el resultado de una política de austeridad que no perdona los “excesos” del pasado.

“Nuestra prioridad es no cerrar ni museos ni bibliotecas”, afirmó José María Lassalle, actual secretario de Cultura, en una reciente entrevista concedida al diario El País. Palabras inquietantes para el mundo cultural, que ve cómo cada día sus presupuestos menguan y el horizonte se oscurece.

La degradación de la cultura parece inevitable ante un panorama económico lastrado por los recortes. En un país donde no se ha logrado inculcar la pasión y el amor por la pintura, la música, la literatura, el cine o el teatro, la cultura languidece ante la mirada de sus maravillosos profesionales. La industria cultural genera en España cerca de 600.000 empleos directos o indirectos, con una incidencia del cuatro por ciento en el PIB. Serán éstas las primeras víctimas de los recortes, seguidas del lector, del visitante de un museo, del espectador de teatro o del amante del séptimo arte.

El próximo 30 de marzo, el Partido Popular hará públicos los Presupuestos Generales del Estado, en los que se vaticina un batacazo para la cultura. El Gobierno tiene que decidir dónde meter la tijera y, según apuntan todos los pronósticos, la cultura no se salvará de la debacle. Los recortes se vienen sucediendo desde 2009 y los resultados son visibles: rodajes de películas parados; bibliotecas cerradas u obligadas a recortar en personal y horarios; compañías teatrales endeudadas por el impago de las administraciones que las contrataron; museos cada vez más pobres; ciclos y festivales de música clásica y popular en peligro de extinción… Una larga lista que corrobora la triste realidad que vive la cultura.

José María Lasalle mostraba también su convicción sobre la necesidad de imponer un nuevo modelo de gestión, en el que la empresa privada ganaría protagonismo frente a las subvenciones. Una nueva forma de mecenazgo privado que se presupone capaz de mantener a flote la industria cultural. Sin embargo, aún está por descubrir si este sistema es el más idóneo para defender una cultura seria y de calidad, más allá de los intereses económicos.

Acusada de malgastar y derrochar el dinero de las subvenciones sin ninguna preocupación por constituir sistemas duraderos de generación de recursos, la industria de la cultura paga las consecuencias. Si el pasado se caracterizó por los excesos, ahora la cultura española se ve abocada a un futuro incierto. El cine parece abatido: de los 58 rodajes que comenzaron en el primer trimestre de 2011, se ha pasado a los 21 en el mismo período de 2012. El panorama musical no es mucho más alentador: los festivales celebrados en pequeños municipios, cuyos ingresos dependen de patrocinios y aportaciones de administraciones públicas, pasan por sus peores momentos. Caja Madrid ha suprimido dos ciclos en la capital y ha paralizado la reforma del Palacio de la Música. Se acabaron las ayudas y las subvenciones para la cultura.

Fotografía: Thorsten Henn

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