Un reportaje en primera persona tras 15 años por el Sudeste Asiático

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El corresponsal de El Mundo en Asia desde 1998, David Jiménez, también autor de Los hijos del monzón, confecciona El lugar más feliz del mundo (Kailas), un libro que recopila algunos de los relatos que el periodista ha presenciado durante los 15 años que lleva recorriendo el continente asiático.

El_lugar_mas_feliz_del_mundo-697x1024David Jiménez siempre quiso conocer Asia de cabo a rabo para contarla desde dentro. Vio la oportunidad de abandonar España y aventurarse en el continente asiático cuando, ni corto ni perezoso, entró al despacho de la dirección de El Mundo y propuso irse a Hong Kong para trabajar desde allí. La idea no gustó mucho en el periódico, pero ya era tarde: Jiménez tenía su pasaje, su bolsa de viaje, y medio millón de pesetas con el que ir tirando. Con el tiempo, y con cada reportaje que enviaba a Madrid, el hoy conocido como el Kapuscinski español se fue consolidando como el corresponsal de El Mundo que sigue siendo actualmente.

Se lo ha ganado a pulso: ha sido testigo de los horrores de la guerra que enfrenta a la India y Pakistán por la disputa de Cachemira desde 1947; sus ojos han presenciado cómo se apelotonan los esclavos en busca de la lujosa y brillante jadeíta de Hapakant, que entregan a sus explotadores a cambio de algo de heroína que garantice que al día siguiente esos mismos esclavos acudirán a la mina buscando más trabajo, para conseguir más droga; la catástrofe nuclear en Fukushima; la devastación de la isla de Papúa por la avaricia de los occidentales colonizadores de los escasos paraísos que quedan en el mundo para implantar allí sus estilos de vida industrializados e irrespetuosos con la naturaleza, el medio ambiente y la pacífica vida de una de las pocas tribus vírgenes que perviven en el planeta; las excentricidades de la dictadura de Corea del Norte, donde el reportero ha conseguido colarse en varias ocasiones, una haciéndose pasar por vendedor de lencería femenina, otra por comerciante de papel.

David Jiménez observa horrorizado cómo en la Camboya azotada por el sangriento régimen de Pol Pot entre 1975 y 1979, lo que ha quedado destruido no es solamente la vida de 1,7 millones de personas (aproximadamente un tercio de la población camboyana), sino también cualquier atisbo de estructura familiar o de orden moral capaz de habilitar a una sociedad para discernir entre lo correcto y lo incorrecto. Las terribles consecuencias del régimen totalitario de los Jemeres Rojos impiden, entre otras cosas, que a los camboyanos les parezca una auténtica aberración que miles de burdeles pueblen las calles de Phnom Penh con Habitaciones Rosas en sus interiores reservadas para desvirgar a niñas de entre 7 y 12 años.

Tailandia, Birmania, Japón, Vietnam, India, Pakistán, Laos, Sri Lanka, Afganistán… son algunos de los territorios que Jiménez ha guardado entre sus páginas y que juntos han formado una especie de “diario personal” que no sólo contiene las crónicas y reportajes de los grandes acontecimientos sucedidos en Asia durante estos años, sino también las reflexiones sobre la naturaleza humana, las incógnitas que dividen su mente tras presenciar tantos años de incongruencias y horrores y las difíciles lecciones que ha ido aprendiendo el viajero intrépido que es este profesional. Una lección de periodismo capaz de acercarnos a ese vasto y diverso trozo del mundo llamado Asia.

La portada es de Altaf Qadri: niños en una escuela improvisada bajo un puente en Nueva Delhi, India. (World Press Photo 2013)

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